Posteado por: fernando2008 | 16 septiembre 2016

Matilde Asensi. El regreso del Catón.

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Nunca segundas partes fueron buenas. Me gustó El último Catón, magnífica novela de aventuras con La divina comedia como mapa para la búsqueda del tesoro, pero el tema está ya muy explotado. Arqueólogos casados con ex-monjas, ayudados por unos misteriosos millonarios, se lanzan a la aventura de encontrar los osarios de Cristo y de toda su familia. Los “Illuminati” al uso, bajo el mando de una alta jerarquía del Vaticano, por supuesto a espaldas del papa Francisco, intentan, por todos los medios criminales y rastreros, evitarlo pero son vencidos. Al final, el bien triunfa, pero los osarios vuelven a ser escondidos en otro sitio, supongo más seguro.

Esta vez el mapa del tesoro son las “Bienaventuranzas”. Bueno, tras la utilización de Leonardo, Bernini, Dante, Miguel Ángel e incluso Vivaldi, supongo que se hacía necesario buscar nuevos acertijos y soluciones a esos acertijos.

Hay además, como aderezo para esta salsa, unas cartas del famoso Marco Polo. Después de ver una serie en la que el mismísimo Marco Polo está admirando la basílica de San Giorgio Maggiore, me lo espero todo. ¡Curioso viajero que después de estar veinte años en China y viajar por todo el imperio no menciona jamás el té ni de la Gran Muralla!. Hay muchas lagunas en la historia del veneciano. Tantas como en esta novela.

En primer lugar, no he visto en ninguna de las civilizaciones que he estudiado, que un osario se señale con el nombre del hermano del muerto. Que en un osario se lea: “Santiago, hermano de Jesús el Mesías” me da muy mala espina. Pudiera ser, por la relevancia de Jesús, pero no lo creo. Si hay alguna constante en la historia del siglo I en Judea, es que los grandes hechos del cristianismo son ignorados completamente por los historiadores de la época. Jesús no fue muy conocido en su tiempo. Fue, uno de los veinte mesías que crucificaron los romanos. Y, normalmente, los osarios sirven para contener los huesos de toda la familia. No se usaban osarios individuales. Y Nazaret, pese a quien pese, no existía en tiempos de Jesús.

Pero la pega más grande no la encontraremos ni en la arqueología ni en la historia. La encontramos en el propio Pablo de Tarso cuando dice: “Si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe”. (1 Corintios 15:14).

Un Resucitado puede tener un sepulcro, del cual salió al tercer día. Pero nunca tendrá un osario.

 

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Responses

  1. Yo, por el contrario, ¡oh vir clarissimvs!, he apreciado tu comentario más de lo que aprecié en su día la primera novela de esta serie, que me pareció falta de originalidad y, sobre todo, de desarrollo excesivamente previsible…, como si la hubiese escrito yo mismo.
    Y ello es buen indicio de la calidad de la obra: Malo es que el comentario del texto nos satisfaga más que el propio texto.

    Te agradezco que me hayas ahorrado el gasto, pues a menudo pasaba por delante de ella y me sentía tentado a dar otra oportunidad a su autora.

    si vales bene est, ego valeo

  2. Me alegro divvs Antonivs. Veo que un comentario negativo también sirve. Al menos para no perder el tiempo en ese libro. Ahora estoy inmerso en Augusto. ya te contaré. Valeo ut valeas

  3. Gracias por la información.

  4. Es un placer Jomer. Abrazos.


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