Posteado por: fernando2008 | 16 agosto 2016

 Benjamin Black. La rubia de los ojos negros. 

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Estoy de acuerdo con Pilar Galán en que no hay lecturas de verano y de invierno. Hay lecturas. Yo tengo un plan muy rígido de lecturas que sigo diariamente, pero en el que hay dos horas sin regular. Esas lecturas, que rige el azar, son las que comento casi siempre en esa bitácora.

Hoy, el azar me ha vuelto a reunir con un querido amigo: Philip Marlowe. Lo sé. No es el Marlove de Raymond Chandle, desgraciadamente. Pero es un Marlove que se le parece mucho. Benjamín Black, alias de  John Banville, ha recibido el encargo de los herederos de Chandle de resucitar al detective. Y esa resurrección, por lo que podéis leer al comienzo de esta entrada, ha funcionado perfectamente.

La trama es la misma de siempre. Marlowe se aburre en su oficina, cuando entra una rubia de ojos negros y le pide que encuentre a una persona. A medida que la trama va desarrollándose nos vamos dando cuenta que las cosas no son lo que parecen. Son siempre peor. Y el viejo y cansado detective va luchando contra los matones, contra los caballeros ingleses, contra la alta sociedad de Los Ángeles hasta llegar al final en que se aclara todo. Y no es como él pensaba. Es mucho peor. E inevitable. Como dijo el propio Chandle “la solución, una vez revelada, debe parecer que fue inevitable”.

Y, como siempre, Marlowe saldrá de la aventura con algunas cicatrices en el cuerpo y otras, más dolorosas, en el alma.

Puse los pies sobre la mesa y dejé vagar la vista por la ventana. ¿Por qué las luces de la ciudad parecen parpadear en la distancia? Cuando las miras de cerca, su brillo es constante. Quizá tenga que ver con el aire, con los millones de diminutas motas de polvo que flotan en él. Todo parece detenido, pero no es así, sino que está moviéndose. La mesa sobre la que apoyaba mis pies, por ejemplo, lejos de ser sólida, era un enjambre de partículas tan pequeñas que ningún ojo humano podría llegar a ver alguna.

Todo parece detenido, pero no es así, sino que está moviéndose. Cuando te detienes a pensar, el mundo es un lugar aterrador. Y eso sin tener en cuenta a la gente”.

Sí, el mundo es un lugar aterrador por sí mismo. Sin tener en cuenta a la gente. Cuando se tiene en cuenta a la gente, sobre todo a la gente con la que se relaciona Marlowe, el mundo es mucho más aterrador.

Es agradable volver a encontrar a un viejo amigo. Y, más agradable todavía, volver a encontrarlo con los pies encima de la desvencijada mesa de su despacho, filosofando sobre la materia, con su sombrero caído hacia la nuca y pensando en la botella que tiene en un cajón, o en una rubia de ojos negros.

Hay personajes de ficción que tienen una existencia más real que muchas personas con las que nos encontramos todos los días.

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Responses

  1. Gracias por la información. 😃

  2. ¡A por él, Jomer!


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