Posteado por: fernando2008 | 27 julio 2016

Lorenzo Silva. Donde los escorpiones.

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Hay un diálogo de la película “Notting Hill” que me impactó. En él, William (Hugh Grant) que simula ser un periodista de la revista “Caballos y sabuesos”, hace a Anna Scott (Julia Roberts) la siguiente pregunta:

“William: ¿Por qué no salen caballos en su película?

Anna: Porque es una película que se desarrolla en el espacio”.

La acción de “Donde los escorpiones” también se desarrolla en el espacio. En el espacio cerrado, caliente y claustrofóbico de la base de Herat, de las tropas de la OTAN en Afganistán. Un espacio cerrado, del que solo se puede salir formando parte de un convoy de blindados con ametralladoras. Y, cuando se sale, solo se puede ir a otra base similar, un poco más grande, para hacer prácticas de tiro.

Esta vez, Lorenzo Silva se lo ha puesto muy difícil a Rubén Bevilacqua. Un sargento español ha sido asesinado con un cuchillo de recolectar opio. La esposa del sargento, de la que está divorciándose, está en España a miles de kilómetros. Los dos soldados españoles, con los que la víctima había discutido, tienen una coartada indestructible, porque en la base todo está controlado, medido y cronometrado. Hay sospechosos de cuatro nacionalidades diferentes: españoles, italianos, americanos y afganos. Cinco, si se incluye a la interprete iraní. Problemas con el idioma, con las costumbres, conflictos de jurisdicciones, egos más o menos exaltados…

¿Caso imposible de resolver? En absoluto. Nuestro picoleto favorito sabe ver por debajo de todas estas apariencias que el alma humana es igual en España, en Afganistán o en los Estados Unidos. Los motivos para matar son iguales en todos sitios y, comprendiendo esos motivos se puede resolver el caso y volver a Madrid victorioso, con la seguridad de más “chatarra” para adornar la guerrera de Arnau.

¿Por qué Lorenzo Silva ha mandado a Rubén y a su equipo a Afganistán? Porque “En la última década había un capítulo que la literatura española había olvidado, y era una negligencia, que era la realidad de España en los conflictos internacionales como Irak o Afganistán”(…) “A medida que ha ido avanzando la serie, he asumido que Bevilacqua es mi manera de contar la realidad española contemporánea. Es mi intermediario principal para contarla”. Las negritas son de Silva. Si el autor quiere contar la realidad española, quiere “pasear un espejo por un camino” que es la manera como Stendhal define la novela, tenía que mandar a Bevilacqua a Afganistán. No quedaba otra.

Pero Silva no se limita a pasear el espejo. Toma partido. Opina sobre la intervención española en Afganistán. Cuando Chamorro y él salen de hablar con la viuda del militar asesinado, se produce este diálogo.

—Lo sé. A veces pienso que esa chica tiene razón.

—¿En qué?.

—No arreglamos nada. Creamos una apariencia. Aramos el mar.

—No lo digas como si fuera un desdoro.

—¿Qué es, entonces?

No puedo negarlo, sentí por ella una irresistible ternura.

—Alguien tiene que salir a embestir los molinos, mi buen Sancho. Si toda la gente se quedara en casa poniendo pegas y haciéndose el listo, este mundo sería un lugar demasiado sórdido para vivir.

—Vale, mi buen señor don Quijote. Pero mira al frente, no vayas a empotrar nuestro Rocinante.

En la novela no lo dice, pero en unas declaraciones que hizo con respecto a este libro, Silva será mucho más contundente.

“Si el objetivo es establecer una democracia occidental en Afganistán, es un disparate. Es como poner una granja de pollos en Marte. No tiene sentido y no lo vas a conseguir”.

Como podéis comprobar, estoy intentando escaparme por los cerros de Úbeda para no hablar de la trama y, sobre todo, del desenlace de la novela. En realidad, la novela policíaca actual tiene sus raíces (o eso pienso yo) en la literatura griega. Una persona, el asesino, comete el pecado de hybris, pecado de soberbia contra los dioses y el cosmos, que es el mundo ordenado y bello. Ese pecado será purgado cuando la frónesis, la sabiduría práctica del investigador restablece el equilibrio deteniendo al culpable.

Aunque, en este caso, la frónesis de Bevilacqua no consigue totalmente este objetivo. ¿Por qué? Por lo que dice el sofista Trasímaco al comienzo de esta entrada.

 

 

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Responses

  1. Como siempre, leeré este libro que recomiendas. Gracias y un abrazo.

  2. Gracias a ti, Jomer, el más entregado de mis admiradores.


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