Posteado por: fernando2008 | 1 junio 2016

Santiago Posterguillo. Circo Máximo. La ira de Trajano.

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Aunque ha sido una semana muy agitada, he sacado tiempo para leer la segunda novela de la trilogía de Trajano.

De entrada os diré que me encantó. Tiene todo lo que un lector de novelas pueda desear: hazañas heroicas, acciones innobles, grandes personajes, escoria de la Suburra, épicas batallas y crímenes obscuros. Hay varias tramas que se van entremezclando en la novela: la historia de Trajano, el misterioso origen de una vestal a la que unas fuerzas muy poderosas persiguen sin saber muy bien por qué, los esfuerzos de un viejo gladiador, al que llama “Senex”, por librarse por segunda vez de morir en la arena del anfiteatro Flavio y volver con su familia sármata, los últimos días de Juan Evangelista, la derrota de Decébalo (el que tiene la fuerza de diez hombres) y la caída de la Dacia o la muerte del mejor amigo de Trajano en manos de los enemigos, el cual estaba unido al emperador por un antiguo secreto.

Decébalo

Decébalo

Como veis, no quiero desvelar el argumento más de lo necesario. Leed la novela, que no os decepcionará. Solo voy a desarrollar dos puntos que me han interesado particularmente.

En primer lugar, la historia. Posterguillo ha realizado una magnífica labor de documentación. Ha estudiado las campañas, los personajes, los caminos, las armas, los campamentos y los barrios de Roma. Incluso ha llegado hasta el pórtico de Octavia, la construcción más ignorada de todas las construcciones ignoradas de Roma. Allí pone Posterguillo a Suetonio trabajando y encontrando unos documentos del mismísimo Julio César.

Pórtico de Octavia

Pórtico de Octavia

Un pasaje muy interesante de la novela es la victoria sobre el Danubio. Trajano encarga al arquitecto Apolodoro de Damasco que construya un puente sobre el Danubio, río que jamás había sido vencido por una construcción sobre su cauce. Apolodoro obedece y construye el puente más largo del mundo en su época. Esa hazaña está conmemorada en la columna Trajana de una manera genial: el Danubio se levanta de su lecho y mira con asombro a los legionarios romanos que lo están cruzando. He tenido que cortar la foto para que se aprecie esta escena, aunque me hubiese gustado poner la foto completa. ¡Me pasé una tarde muy feliz dando vueltas a dicha columna! Y esa es la escena que mejor se ve, mejor, lo confieso que horrible foto del pórtico de Octavia. Pero volviendo al puente, fue una de las maravillas del mundo. ¡Lástima que Adriano mandase destruirlo!

Columna

Columna Trajana

Y llegamos al quid de la cuestión. Adriano. ¿Cuál es el Adriano real, el de Marguerite Yourcenar o el de Santiago Posterguillo? No lo sé. A lo mejor, ninguno de los dos. Alguien dijo que Adriano fue un Calígula con un sucesor bueno. Sinceramente, una persona que escribe unos versos como los que abren esta entrada, no puede ser un Calígula. Una persona que amó como amó Adriano a Antínoo, no puede ser un monstruo. Y, por favor, no me vengáis con los tópicos de la homosexualidad. No creo que existan homosexuales y heterosexuales: solo personas que se enamoran de otras personas. Y, en el caso de Adriano, ese amor fue más allá de la muerte.

Pues bien, todas las historias deben tener un malo, y Posterguillo le ha dado ese papel a Adriano. Argumentos no le faltan. Destruyó el puente de Apolodoro, (quizás también mandó ejecutar al propio Apolodoro), conspiró con la emperatriz para suceder a Trajano y muy posiblemente falsificó los documentos de su adopción. Eliminó también a los más leales jefes militares de Trajano y arrasó Jerusalén.

Pero también estuvo en Grecia, estudió la filosofía estoica, impidió que los esclavos fuesen torturados, levantó la Villa Adriana, fue arconte de Atenas. En fin, que me inclino por Yourcenar. De todas maneras, un hombre que dice: “Equidad y moderación”, no puede ser un tirano. O no puede ser más tirano que Marco Aurelio.

Y al final de la novela, encontramos una cara y un mundo nuevo. La cara de Li Kan, el guerrero que mira con curiosidad el mundo que se extiende más allá de la Gran Muralla.

Adriano y Antínoo

Adriano y Antínoo.

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Responses

  1. Me has recordado que la primera vez que oí hablar de la Suburra, fue leyendo Montanelli.
    Por cierto que está ya muy superado lo de homosexual y heterosexual.

  2. Montanelli es magnífico. Y sí, lo de la homosexualidad está ya muy superado, pero todavía colea para los australophitecus.

  3. Ya leí la trilogía y es magnífico.

  4. Es magnífica, casi tanto como un reloj de Apple.


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