Posteado por: fernando2008 | 31 marzo 2016

Arturo Pérez-Reverte. El tango de la guardia vieja.

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Decía Platón que lo maravilloso del amor está en quien ama, no en la persona amada. Lo maravilloso de mi relación con Pérez-Reverte, desde “El húsar” está en mí, más que en él.

Ese amor me hace leer todos y cada uno de los libros de Don Arturo. Algunos me han decepcionado, otros me han gustado un poco, y otros, como éste, me han gustado bastante.

La trama de la novela, aspecto en el que el autor muchas veces flojea, aquí está bien conseguida y es muy simple: un hombre y una mujer se encuentran tres veces a lo largo de su vida. Una, durante los años veinte, en un trasatlántico camino de Argentina, encuentro que se prolongará algunos días en Buenos Aires con bajada a los suburbios de esta ciudad y la visita a los lugares donde aún se baila el viejo tango. Otra en la Riviera francesa, en los años de la II Guerra Mundial, con un sangriento episodio de espionaje incluido. Y la tercera y última, en los años sesenta en la costa de Amalfi, con competición de ajedrez dentro de la trama. Y en estos tres encuentros, todos con un intervalo de veinte años, asistimos a una de las características más sorprendentes del amor: la continuidad de la comunicación. Puedes estar veinte años sin ver a la persona amada, puedes haberte separado de ella en no muy buenos términos, puedes incluso haber cometido la grosería de robarle un collar. Sin embargo, cuando vuelves a verla, la conexión se reanuda inmediatamente, como si apenas hubiesen pasado unos pocos minutos.

Pero lo importante de las novelas de Pérez-Reverte no es la trama. Lo importante son los sentimientos que suscita. El sentimiento de un anochecer lluvioso, la fría luz de unas farolas al amanecer, el miedo, la certeza de tu decrepitud física que te impide hacer unos esfuerzos que hace veinte años harías sin pestañear. Y el amor, no como un sentimiento que te arrebata, sino como algo que debes controlar, e incluso disimular bajo una pose de cinismo.

Desde “El húsar”, su primera novela, he seguido, desde Estrasburgo a Bailén, a Pérez-Reverte por los sentimientos que sus libros provocaban en mí. A veces, “La tabla de Flandes” “El asedio”, estos sentimientos no encontraban correlación con la trama. Era como pasear por mi querido Cádiz sin ir a ningún sitio en especial, lo cual es ya en sí una maravilla. Con “La carta esférica” navegué por el meridiano que une la Clerecía con la torre de la catedral nueva de Salamanca. Y en “La piel del tambor” me perdí, durante las tardes de verano de Sevilla, en la frescura de sus iglesias barrocas. Solo con “Hombres buenos” supe cual era el camino de ida, y de vuelta, a la aventura.

En esta última novela, el espacio y el tiempo están conseguido, y los sentimientos, esos sentimientos que tanto me gustan, están, como siempre garantizados. 

Os la recomiendo. Es una buena novela. Además ¡el padre de Alatriste lo merece todo!

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Responses

  1. Gracias, maestro sacare tiempo, aunque por ahora estoy absorbido en la lectura del mastodóntico pero no por ello menos atrayente libro “Por el bien del Imperio”. No sabia que nuestra historia tan cercana estuviera tan llena de intrigas.

  2. Buena lectura, voto a bríos.

  3. Saludos… Lo leí y me gustó y, como dices, está bien construida y saca a flote muchos sentimientos.

  4. Gracias Jomer.


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