Posteado por: fernando2008 | 5 marzo 2016

Cleopatra o el horror al vacío.

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El Centro de Exposiciones Arte Canal es un amplio lugar para exposiciones. A veces demasiado amplio. Parece que las personas encargadas de gestionarlo tiene horror al vacío y, cuando organizan una exposición, desean llenarlo por completo.

Tal es el caso de la exposición” Cleopatra y la fascinación de Egipto”. Parece como si los organizadores hubieran decidido llenar todo el espacio disponible, costase lo que costase. Y efectivamente lo han conseguido. El problema es que han llenado espacio con piezas de dudosa congruencia con el título. El traje que Monserrat Caballé usó para cantar Aida, es un ejemplo. ¡Con lo fácil que sería poner unas mamparas y acotar solo el espacio que fuese necesario!

El antiguo Egipto sigue produciendo una gran fascinación entre nosotros, Y dentro de todos los personajes de este período histórico, efectivamente Cleopatra VII fue la más destacada. Aunque, como siempre, no debemos hacer caso a todo lo que la leyenda dice de ella.

En primer lugar a su aspecto. La Cleopatra de pelo negro y ojos oscuros en realidad nunca existió. Esa no era Cleopatra; era Liz Taylor. Cleopatra, griega, hija de griegos, era rubia y con los ojos claros, como nos la muestra la cabeza del museo de Berlín.  Las morenas eran las auténticas egipcias, cosa que Cleopatra jamás fue, por mucho que intenta aprender el egipcio y adoptase las costumbres de su pueblo de adopción.

Liz Taylor como Cleopatra.

Liz Taylor como Cleopatra.

En segundo lugar, su arrebatadora belleza que hacía caer ah todos los hombres a sus pies. En realidad sabemos que Cleopatra conquistó solamente a dos. A julio César, poco exigente en cuanto a belleza femenina (e incluso a la masculina) cuando tenía la reina 21 años. Y a Marco Antonio, menos exigente aún si cabe, cuando tenía 28. Cuando Cleopatra se enfrenta con Octavio, no es vencida porque Augusto fuese un dechado de virtudes, ni siquiera porque fuese más exquisito que los otros dos. Fue vencida por sus 40 años de edad.

La verdadera Cleopatra.

La verdadera Cleopatra.

Podíamos hablar también de Cesarión, pretendido hijo de Cleopatra y Julio César. Si tenemos en cuenta que el primero que le da este título es Marco Antonio, en lucha abierta con el hijo adoptivo de César, y al que le venía muy bien un hijo natural de Julio para contraponerlo con un adoptado, Octavio, podemos sospechar de la realidad de esa paternidad.

Pero esta entrada no trata de la historia de Cleopatra, historia que debemos mirar desde lejos ya que, como decía Ortega y Gasset “Quien quiera ver correctamente la época en que vive debe contemplarla desde lejos. ¿A qué distancia? Es muy sencillo: a la distancia que no permita ya distinguir la nariz de Cleopatra”. Miremos la exposición hasta ver la nariz de la reina.

Pues resulta que la nariz de Cleopatra no aparece en una exposición enorme dedicada a ella. Esta exposición tiene unos magníficos vídeos, una reconstrucción de una puerta egipcia espectacular, muchísimas piezas del Egipto de los Láguidas. Incluye también a Augusto con la corona “antef” y la invocación de  “Hijo de Ra, señor de las diademas, viviendo eternamente amado de Ptah y de Isis. El dios bueno, hijo de Maat, semen divino de Osiris. Él da un campo a su padre y ensancha las fronteras para su madre. El señor de las dos tierras, Autocrátor, protección, vida y fuerza detrás suyo como Ra eternamente. Dicho por Osiris, justo de palabra, dios grande, señor de Abaton, dios venerable, el primero de Filé, rey de las dos tierras, jefe de los campos, aquel a cuyo ka han sido asignados los distritos”. Desde luego, Augusto no se creía ninguno de esos títulos. Cuando fue invitado a ver el templo de Apis, contestó fríamente: “Tengo por costumbre adorar a los dioses, no a las vacas”. Pero no está Cleopatra.

¿Por qué? Quizás por culpa del propio Augusto, que hizo borrar el recuerdo de Cleopatra, para borrar también el de Marco Antonio. Lo más cercano a Cleopatra que se expone son “Cabeza de una princesa ptolemaica, posiblemente Cleopatra”. La exposición podía haberse llamado tranquilamente “El Egipto de los Láguidas” sin tener que cambiar una sola pieza.

Pero, entonces, la fascinación de Cleopatra no habría funcionado.

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Responses

  1. Gracias por tu magnífica exposición.

  2. Gracias a ti Jomer, por tus rápidas y amables palabras.

  3. Fernando, sabes que suelo visitar las exposiciones del Canal, y en este caso concreto me la recordaste tu.
    Decirte que comparto tus apreciaciones al respecto.

  4. Me alegro Nino. Ya somos dos.


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