Posteado por: fernando2008 | 11 diciembre 2015

La lista más votada.

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Imagínate, paciente lector, que estamos tú yo sentados ante el tapete verde. Reparto las cartas y, maravilla de las maravillas, te tocan cuatro ases. Te apresuras a apostar el resto a tu imbatible póker cuando, para tu desesperación, yo anuncio que estamos jugando a las siete y media. Acabas de ser desplumado.

Imagino tu indignación. Imagino también que, acto seguido, echarías mano si pudieses a tu Colt 45. Imagino tus gritos tachándome de tramposo. Imagino todo lo que, en una buena película del oeste suele pasar en esos casos.

Bueno, pues ahora imagina el caso contrario. Imagina que entregas dócilmente todo tu dinero sin protestar ante esta acción tramposa. Imagina que lo aceptas sin rechistar. Te estás achicando, estás aceptando la trampa. Esa trampa que es tan indignante como la trampa que nos quieren tender algunos políticos con la ocurrencia de la lista más votada.

Todos tenemos opiniones. Normalmente nuestras opiniones, no te voy a descubrir con este argumento nada nuevo, son aquellas que más nos favorecen. Pero para evitar lo subjetivo de las opiniones está la ley, que prevalece sobre lo opinable. Y la ley dice que nuestro sistema electoral es de representación proporcional. Elegimos representantes y éstos a su vez votan los gobiernos.  Los cargos o escaños en juego se reparten más o menos proporcionalmente entre las diversas listas en proporción a los votos obtenidos. Y además, las reglas de formación de gobiernos nacional, autonómicos y locales responde a la lógica de un régimen parlamentario. No gobierna quien ha obtenido directamente más votos de los ciudadanos sino quien tiene más apoyo en el parlamento o en el pleno. Se trata de que gobierne aquella lista que sea capaz de congregar una mayoría suficiente para hacerlo.

Si a un sistema proporcional se le aplica la lógica de un sistema mayoritario es como hacer la trampa que te acabo de describir. Si se vota siguiendo un sistema proporcional, los resultados deben adecuarse a ese sistema proporcional. No a un sistema mayoritario.

¿Es mejor un sistema mayoritario que el sistema parlamentario actual? Lo ignoro. ¿Refleja mejor la lista más votada el deseo del pueblo? Es discutible. Lo que no es discutible es que la ley actual está vigente, y si el partido en el gobierno hubiese querido cambiarla lo hubiese podido hacer gracias a la holgada mayoría absoluta que tienen. Por lo tanto, no es de recibo que ahora, en plena campaña electoral, y solamente en función de sus intereses partidistas, se saque de la manga la necesidad de hacer que gobierne la lista más votada, panacea contra los males de la patria que solo ahora, a punto de perder su cómoda mayoría, parece haber descubierto.

Pero aceptemos por un momento que lo mejor es que gobierne la lista más votada. Aceptemos incluso que, a pesar de estimar que esto es lo mejor para la democracia, al P.P. no le ha dado la gana plantear la reforma de la ley electoral, pese a su cómoda mayoría absoluta. ¿No debían practicar ellos lo que le exigen a los demás? Es innegable que si piden una cosa, a la que nadie está obligado por ley, debían ser los primeros en practicarla. Pues no. Resulta paradójico, si no fuera indignante, que el Partido Popular solo exige que se lleve a cabo esa ocurrencia de la lista más votada únicamente en los sitios que les beneficia. En los que les perjudica no. ¿Qué clase de idea de igualdad, democracia y juego limpio tienen?. Veamos algunos ejemplos.

Madrid 1989. El Partido Popular practicó lo que ahora Esperanza Aguirre llama “alianza de perdedores”. El PP con 20 concejales hace alcalde a Rodríguez Sahagún (CDS) que tenía 8 concejales, en contra de la lista más votada, la del PSOE de Juan Barranco que había conseguido 24 concejales. No había entonces, por lo visto, la necesidad de cantar las bondades de la lista más votada. En 1989 la democracia no se resquebrajó ante el gobierno de los perdedores.

Pero contemplemos algo más actual. Cuando “Juntos por el sí” es la lista más votada en Cataluña, Mariano Rajoy en una entrevista en Onda Cero, no tiene ningún rubor en afirmar que no se puede dejar gobernar esta lista, a pesar de ser la más votada. Hay que hacer una excepción.

Excepción que, como se ve por el titular que cierra esta entrada, se va a convertir en norma. Norma que dice bien claro: “Lo ancho para mí, lo estrecho para ti”. Si sale cara, gano yo. Si sale cruz, pierdes tú.

Lo peor no es que intenten ganar por encima de toda lógica y razón. Lo peor es que crean que, como los demás no son de “buena estirpe”, deben perder siempre. Sean la lista más votada, la de el medio o la del final.

Lo peor, lo indignante, es que sigan creyendo que somos tontos, que no sabemos leer, que no nos vamos a acordar de una vez para otra. Pues no, señores míos. Sabemos leer, tenemos memoria y hemerotecas, y no somos tontos.

Como van ustedes a comprobar el próximo 20 de diciembre.

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Responses

  1. Pues eso, entre tramposos anda el juego y mientras lo consintamos, somos sus “mamporreros”, aunque suene fatal. 😦

  2. Tranquilo, viejo león. Quedan nueve días.


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