Posteado por: fernando2008 | 27 octubre 2015

Carne procesada, carne roja, carne cancerígena.

1

2

Arden las redes. Esto en sí no es noticia, porque las redes son muy inflamables y están ardiendo un día sí y otro también. La novedad es que ahora no se trata del problema catalán, que queda un poco lejos, o de los refugiados, que queda más lejos todavía. Ahora se trata de nuestra comida y de qué comprar en la tienda de nuestra calle. Se trata de nuestro cáncer y de nuestras dudas. Esta mañana una amiga me preguntó totalmente desorientada: ¿Qué vamos a comer ahora?

El hombre es un animal que tropieza dos veces con la misma piedra. O, simplificando, el hombre es un animal. Siempre pica.

¿Cuántas veces hemos oído que tal alimento era muy bueno para… y al cabo del tiempo ese alimento se ha convertido en veneno? O que el aceite de oliva ha pasado de ser poco menos que polonio a ser la pieza fundamental de la sanísima dieta mediterránea. O que el brócoli, la papaya, la raíz de ginseng eran regalos divinos para nuestra salud. Tan divinos que a los pocos meses todo el mundo los había olvidado.

Y todo esto nos pasa, faltaría más, porque no sabemos Historia. No la historia alejada en el tiempo, sino la historia que recogen nuestras hemerotecas.

Cada cierto tiempo, como si de una conjunción astral se tratase, aparece la noticia de los dientes de ratón en las hamburguesas o la de las cucarachas en las salsas. Estas noticias se han estudiado seriamente (hay obras de varios volúmenes sobre leyendas urbanas) pero, a diferencia de estas leyendas que no benefician a nadie, estas leyendas malintencionadas son el episodio más visible de una guerra comercial. La noticia del hallazgo de un diente de ratón en una hamburguesa de una conocida marca, puede hacer hacer caer las acciones de dicha marca y subir las de la marca rival. Y nadie se para a pensar como, entre todos los productos que lleva la hamburguesa ha aparecido ese minúsculo diente. Para los que sientan nauseas solo de pensarlo, recomiendo un estudio de los grandes mataderos de Chicago, donde convergían las manadas de vacas del Lejano Oeste. La res iba a la máquina de picar carne sin la cabeza y las pezuñas. Todo lo demás, entraba a formar parte de la hamburguesa o la salchicha. Como decía Otto von Bismarck “Con las leyes pasa como con las salchichas: es mejor no ver como se hacen”

El episodio más extremo de estas guerras comerciales se da cuando algunos sicarios envenenan lotes de productos de la competencia, propagando luego a los cuatro vientos la amenaza que para la salud supone consumir esos productos. Pero esta práctica tiene muchos más peligros legales que el hacer circular un simple rumor.

Recuerdo el caso de un empresario chino al que acusaban de que en su pollo con almendras habían encontrado también dientes de ratón. (Como veis, el dientes de ratón es como el perejil: sirve para todas las salsas) El pobre se defendía indignado diciendo: “Sé donde se puede comprar pollo pero ¿en qué mercado puedo yo comprar ratas? Además, la rata me saldría más cara, porque seria más difícil de conseguir que el pollo”.

A lo largo de la historia casi todos los alimentos han pasado de ser beneficiosos a perjudiciales y viceversa, no por su composición, que siempre es la misma, sino en función de intereses comerciales. Incluyendo las inocentes espinacas. Hubo un tiempo, a finales del XIX que se puso a la espinaca por las nubes. Tenía hierro y, según Popye en 1932, enormes cantidades de vitamina A. Solo cuando las autoridades médicas empezaron a detectar un inusual número de anemias entre los niños que comían espinacas se descubrió el pastel.  La explicación que dieron los que comerciaban con espinacas fue que  en 1870, el doctor alemán Von Wolff transformó por error los 3 miligramos de hierro por cada 100 gramos que en realidad contiene la hoja en 30, convirtiéndola en una extraordinaria fuente del mineral. Después se comprobó que incluso esa explicación también era falsa.

3

¿Y cómo andamos de colesterol? ¿Fatal? No te preocupes. Dentro de poco estarás peor. Ya se encargarán las grandes farmacéuticas de bajar el límite del colesterol “saludable” para que entres dentro de la categoría de enfermo, como dice el párrafo del comienzo de esta entrada. No van a dejar que la verdad les estropee un buen negocio.

Entonces ¿qué hacemos? ¿Qué comemos? Pues lo de siempre. Para eso somos españoles y tenemos al máximo experto en nutrición de la historia: Miguel de Cervantes que en el Quijote da este consejo a Sancho: “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”.

Fácil de decir, pero muy difícil de seguir.

4

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: