Posteado por: fernando2008 | 26 septiembre 2015

Ken Follet. El umbral de la eternidad.

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Esta es la cita de William Shakespeare que cierra este libro y esta trilogía. La cita está en la página 2532 (ya os he dicho que me gustan gorditas) pero, podéis creerme, no sobra ninguna de ellas. Quizás, dado mi anticuado gusto musical, yo hubiese aligerado un poco la historia de Walli, el joven músico inconformista que se escapa del Berlín oriental, matando accidentalmente a un guardia y luego triunfa en Occidente. Pero un toque de música en una novela nunca viene mal, aunque sea de la para mí incomprensible música moderna.

Como en las reseñas de las dos novelas anteriores, renuncio a hacer una narración del hijo argumental. Si, como decía Stendal, la novela es un espejo que se pasea por un ancho camino, esta trilogía es un espejo que se pasea a través del espacio y del tiempo. Conocemos gracias a ella la estúpida brutalidad de los segregacionistas blancos, a los que Dios les ha dicho al oído que ellos son la raza superior y desean mostrar esa superioridad a los negros por puro sadismo. Vemos como el reverendo Martin Luther King lucha contra esa estupidez hasta que es estúpidamente asesinado. Del presidente John Kennedy conoceremos tanto sus decisiones como sus líos de faldas. Después de su asesinato iremos viendo en rápida sucesión a los restantes inquilinos de la Casa Blanca. Digo rápida porque el autor se detiene fundamentalmente en los peores: Richard Nixon, el presidente que incitaba a sus colaboradores a cometer perjurio, pero al mismo tiempo ponía grabadoras en el despacho oval, lo que a la larga acarreó su caída, y Ronald Reagan. Follet deja muy claras sus ideas respecto a este presidente:

“El ambiente había cambiado en Washington. El presidente Reagan seguía siendo popular pese a haber cometido delitos mucho más graves que los que habían hecho caer a Nixon: financiar el terrorismo en Nicaragua, intercambiar armas por rehenes con Irán, y convertir a mujeres y a niñas en cadáveres destrozados en las calles de Beirut. El colaborador de Reagan, el vicepresidente George H. W. Bush, tenía números para sucederlo en el cargo. De algún modo —y Jasper no conseguía entender cómo había ocurrido—, la gente que desafiaba al presidente y desvelaba sus mentiras y sus estafas ya no eran héroes, como había ocurrido en los años setenta, sino que se los consideraba desleales e incluso antipatriotas.”

En el otro lado las cosas no iban mejor. “Desde Berlín hasta Vladivostok, el imperio soviético era un cenagal en el que sus habitantes luchaban y con frecuencia se hundían, pero nunca progresaban.”  El gobierno de Leonidas Brezhnev dio paso a los de Yuri Andrópov y Konstantín Chernenko. El Kremlin era un geriátrico hasta la llegada de Mikhail Gorbachev. Y entonces, todo lo que hasta ayer era pétreo comenzó a resquebrajarse:

“La Unión Soviética está en la ruina, sin blanca, en la bancarrota. El descenso del precio del crudo es la causa de la crisis inmediata, pero el problema a largo plazo son los resultados catastróficos de la planificación económica. Y la cosa es demasiado grave para solucionarse cancelando los pedidos de misiles y fabricando más pantalones vaqueros.

—Así pues, ¿cuál es la solución?

—Vamos a dejar de mantenerlos.

—¿Se refiere a Hungría?

—A todos los estados de la Europa del Este. Nunca han podido costearse su nivel de vida. Nosotros lo sufragamos vendiéndoles petróleo y otras materias primas por debajo del precio de mercado, y comprándoles esos productos deficientes que fabrican y que nadie más quiere.

—Es verdad, desde luego —reconoció Bíró—. Pero es la única forma de tener callada a la población y que el Partido Comunista siga en el poder. Si el nivel de vida de la gente cae, no tardarán mucho en empezar a preguntarse por qué deben ser comunistas.

—Ya lo sé.

—Entonces, ¿qué se supone que tenemos que hacer?

Dimka se encogió de hombros de forma intencionada.

—Ese no es problema mío sino suyo.

—¿Que es problema nuestro? —exclamó Bíró con incredulidad”

Los dirigentes de los estados satélites del Pacto de Varsovia no pueden dar crédito a sus oídos. ¡La Unión Soviética les abandona! Saben que sin el apoyo ruso no podrán sobrevivir y lo consideran una traición. No acaban de entender que Rusia no les traiciona: está exhausta. Y que acabará cayendo también. Como el muro de Berlín, que será franqueado por los alemanes de uno y otro lado, mientras los vopos, asustados, ya no se atreven a hacer uso de sus armas. Incluso el ex marido de Rebeca, Hans Hoffmann, el hombre más odiado de la novela, termina pidiendo ayuda a su ex mujer porque los berlineses orientales ya no le temen ¡y se ríen de él! Esto sumirá al gerifalte de la STASI en una profunda depresión, depresión que todos los lectores aplaudimos entusiasmados.

Es toda la historia del siglo XX. Bueno, con propina de algunos años del siglo XXI ya que Barak Obama también aparece. No sustituye, evidentemente, a los libros de Historia, pero ayuda a comprender muchas situaciones, muchos problemas y las soluciones que se han dado a esos problemas. Y como los mismos problemas aparecen una y otra vez. Los mismos problemas y en los mismos sitios. Juzgad vosotros mismos.

“Y la Alemania Oriental se llevaba la peor parte: centenares de alemanes orientales que se encontraban de vacaciones en Hungría estaban abandonando sus tiendas de campaña y adentrándose en el bosque para atravesar agujeros abiertos en la vieja valla fronteriza en dirección a Austria y a la libertad. Las carreteras que llevaban desde el lago Balatón hasta la frontera estaban plagadas de diminutos coches Trabant y Wartburg, abandonados sin ningún remordimiento. La mayoría de esas personas no tenían pasaporte, pero eso no importaba: los trasladarían a la Alemania Occidental, donde les concederían la nacionalidad de forma automática y los ayudarían a instalarse. Tenían claro que pronto reemplazarían sus viejos vehículos por fiables y cómodos Volkswagen.”

Nuevamente miles de personas se agolpan en las fronteras de Hungría. Nuevamente el deseo de libertad hace que multitudes se lancen a los caminos. Aunque ahora, la situación es peor: los que se agolpan ante las fronteras de Hungría no dejan sus viejos coches para conseguir un Volkswagen trucado o no trucado. Ahora pelean por sobrevivir.

“No está el mañana en el ayer escrito”. Efectivamente. Pero debemos reconocer que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

A refugee girl moves under barbed wire as she crosses from Serbia to Hungary, in Roszke, Thursday, Aug. 27, 2015. Over 10,000 migrants, including many women with babies and small children, have crossed into Serbia over the past few days and headed toward Hungary. (AP Photo/Darko Bandic)

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Responses

  1. Todavía me queda el tercer libro, pero los dos primeros son una pasada, no sólo por estar bien llevados y resultar entretenidos, sino porque también me parece que muestran una parte importante de la historia del mundo y despiertan la curiosidad para que nos aventuremos a conocer la historia real. Son libros que llevan a conversaciones muy interesantes, leeré el tercero sin falta.

  2. No le decepcionará.

  3. Ya lo he comprado y lo voy a leer porque seguramente será todo un acierto. Gracias. 🙂

  4. De nada Jomer. Es un placer.

  5. Maestro, he echado en falta a Adso. Pero tomo nota y haré un hueco en entre mis lecturas pendientes.
    Por cierto hablas de la Stasi, (la Policia secreta) hay una película, “la vida de los otros” que si no la has visto te la aconsejo vale la pena.

  6. Discípulo, Adso no interviene en la reseña de libros. Adso es, en mis escritos, la opinión de los demás, y aquí solo pongo la mía. Y sí, la he visto. Me pareció genial, sobre todo porque demuestra que, incluso en la Stasi, había seres humanos.


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