Posteado por: fernando2008 | 5 julio 2015

Hombres buenos. Arturo Pérez-Reverte.

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Por segunda vez voy a hacer en esta bitácora la reseña de un libro que no me ha gustado mucho. Pero ¿qué queréis? Aunque Arturo Pérez-Reverte no está en mi razón a la altura de Umberto Eco, sí lo está en mi corazón.

Un crítico, menos sentimental que yo, ha dicho que en realidad lo que Pérez-Reverte quiere escribir es “Los tres mosqueteros”. Evidentemente no lo ha hecho con esta novela. Dumas pone más aventuras en una legua de camino de los mosqueteros, que Pérez-Reverte en toda la distancia que hay desde Madrid a París.

Puede decirse que con dos tiroteos y un duelo, ésta no es una novela de acción. Tampoco, pese a la labor de documentación que el autor no se recata en mostrarnos, es una novela de viajes. Entonces ¿de qué género es esta novela?

Pues no lo sé. Yo diría que es una novela psicohistórica, en la mejor tradición del Hari Sheldon de Asimov. Me explico: Ir a buscar al pasado soluciones para el presente.

La trama es muy sencilla. La Real Academia Española de la Lengua, decide que deben tener en su biblioteca “La Enciclopedia”. Comisionan a dos académicos, el brigadier, al que todos llaman “almirante” don Pedro Zárate, inclasificable héroe, el cual, si se pudiese comparar con alguien yo lo compararía con el Phileas Fogg de Verne. Frío, flemático pero que, cuando es necesario, sabe usar la espada, la pistola o conquistar a una mujer de mundo.

El otro hombre bueno es el bibliotecario don Hermógenes Molina definido por su compañero como “un ilustrado de los que van a misa: variedad más frecuente en España de lo que se cree”. Huelga decir que don Pedro Zárate es masón. Y que, como masón tiene unas ideas muy definidas sobre Dios. Oigámosle discutir con don Hermógenes.

“La idea de Dios puede ser útil, de todas formas —insiste el bibliotecario—. Reconózcalo.

—Aunque así fuera, mi querido amigo, la utilidad de una opinión no la convierte en verdadera.

Pero el bibliotecario no se da por vencido.

—En materia de dioses —opone—, desde hace siglos, los hombres han coincidido en su existencia. Y ya sabe: puesto que estamos hechos para la verdad, no puede dejar de serlo aquello en lo que nos mostramos universalmente de acuerdo.

El almirante le dirige una sonrisa escéptica.

—Eso de que estamos hechos para la verdad me parece discutible… Por otra parte, el consentimiento general de los hombres en torno a algo que ninguno de ellos puede conocer, no prueba nada”. ¿No es mejor echarse en brazos de una naturaleza ciega, desprovista de sabiduría y objetivos, que temblar toda la vida esclavizados por una supuesta Inteligencia Todopoderosa, que ha dispuesto sus sublimes designios para que los pobres mortales tengan la libertad de desobedecerlos, y convertirse así en continuas víctimas de su cólera implacable?” ¡Carl Sagan no lo hubiese dicho mejor!

Entre los hombres “regulares” tenemos a Salas Bringas Ponzano. Abate renegado, piensa que “el único camino irreversible hacia la prosperidad pública: un baño de sangre que preceda al baño de razón.” Pese a sus ideas radicales, no desaprovecha ninguna oportunidad de comer y beber a costa de los hombres buenos.

Entre los hombres malos encontramos a Justo Sánchez Terrón “ilustrado radical” y Manuel Higueruela, “ultramontano”. Contra todo pronóstico estos dos académicos se unen para impedir que los dos hombres buenos lleven a cabo su misión. ¿El motivo? La explicación de Reverte aquí si que raya en la genialidad: “Razone un poco, ya que tanto lo predica. Como organismos parásitos, vivimos uno del otro. Justificamos nuestro papel a uno y otro lado de un pueblo torpe y brutal, de instintos bajos, cuya posibilidad de redención siempre será escasa… Incluso aunque nos matáramos a garrotazos surgiría siempre, al fin, la necesidad de resucitarnos mutuamente. Los pueblos, sobre todo el español, viven del sueño, del apetito, del odio y del miedo; y eso la gente como usted y yo, cada cual a su manera, lo administra como nadie. ¿No cree?… Y a fin de cuentas, recuerde el viejo dicho. Tarde o temprano, los extremos se tocan.” Explicación que sirve tanto para el Siglo de las Luces, como para nuestra convulsa actualidad.

El último hombre malo, Pascual Raposo, lo es sin concesiones ni medias tintas. Encallecido en el mal, apenas duda. Sólo a veces, en la soledad de la noche se siente asaltado por la estampa de un viejo oficial de caballería que carga solo, con la única compañía de un joven corneta, contra un enemigo invisible.

¿Quién es el protagonista de la novela? Pues el propio Pérez-Reverte. No es que se atribuya la personalidad del narrador omnisciente. Es que, además, se erige como autor omnipresente. Un autor que interviene en la trama, explica sus esfuerzos de documentación, y realiza, con medios modernos eso sí, el mismo camino que transitaron los hombres buenos. No había visto tan interacción autor-obra desde “Niebla” de Miguel de Unamuno.

En resumen, es una novela sobre el pasado pero mirando al presente, dando sugerencias sobre lo que se debe hacer en la España actual. Si la novela en sí no me ha gustado mucho, me han gustado algunos de sus párrafos que, a modo de memorial, proponen soluciones para nuestros problemas.

“Por eso hablo de un teatro que, como principal diversión nacional, fomente el patriotismo bien entendido, la utilidad del estudio, la honestidad del trabajo, la cultura, la virtud, con ejemplos que prestigien la libertad y protejan la inocencia… Un teatro, en fin, restituido al esplendor y el sentido común que el bien público exige.” Cambiemos “teatro” por “televisión” y nos encontraremos con una sugerencia muy acertada.

“Sólo hay algo a lo que los hombres con cargos públicos, del rey al ministro, dice, temen más que la educación de sus súbditos: la pluma de los buenos escritores. La conciencia de los poderosos se retuerce cada vez que uno de estos héroes del pueblo, como el propio Bringas sin ir más lejos, denuncia lo que esos infames no se avergüenzan de perpetrar. Por eso la censura pública, y el tachar de crimen la prosa que los ataca”. La última ley promulgada en España le da la razón al abate Bringas.

Igualmente tendrá mucha razón el autor cuando dice “que en España los libros se consideran un objeto subversivo y peligroso. Un lujo prescindible, o un privilegio reservado a unos pocos.”

En resumen, parece que para Pérez-Reverte la definición de “español” es la que nos da Platón en su diálogo referida a Eutidemo.

Y, en la mayoría de los casos, tiene razón.

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Responses

  1. Cuando lea el libro podré opinar, pero a pesar de todo lo que dices, no tiene mala pinta. 🙂

  2. No la tiene Jomer. Lo que pasa es que yo esperaba más de Pérez-Reverte.

  3. A mí sí me gustó la novela. Fíjate, después del asedio y de la del tango, yo esperaba menos.

  4. Reconozco que es mejor que esas dos. La idea es magnífica y la trama la resuelve mejor que las anteriores. Pero yo la noto un poco descafeinada. Creo que me he creado demasiadas expectativas con Arturo. Pero debe ser que cuando leí sus primeros libros, yo era más joven.


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