Posteado por: fernando2008 | 17 junio 2015

La sombra de Caín.

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Hoy no quiero dialogar con Adso. Hoy me encuentro triste porque he discutido con dos amigas durante esta semana. La una es de izquierdas, la otra de derechas, pero el motivo ha sido el mismo: no les he dado la razón; no he estado de acuerdo con su partido.

¡Triste España! “Un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín” que diría Machado. País en el que las tradiciones pesan más que las reflexiones. Y una de estas tradiciones, que se remonta a la noche de los tiempos, es la “devotio ibérica”.

Tradición profundamente española, la “devotio ibérica” consiste en jurar lealtad a un jefe hasta la muerte. El “devotus” forma parte del séquito del jefe, lo sirve, lo defiende con su vida. Y cuando el jefe muere, el “devotus” debe suicidarse sobre su pira funeraria.

¿Os parece una costumbre bárbara?. “Stricto sensu” lo es, como lo era el tiempo en el que se desarrolló. Pero esta tradición se ha ido modernizando. En el siglo XX se convirtió en la “adhesión inquebrantable”. En la actualidad, en la defensa a ultranza del partido político de cada uno.

En España, cuando uno entra o se declara simpatizante de un partido político, es como profesar en el Temple. Un acuerdo para toda la vida, en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe. La actitud crítica, la racionalidad, se queda en la puerta. En la afiliación o la simpatía a un partido, juegan muchos factores, pero el de la racionalidad no es uno de ellos. Puede ser la influencia familiar, el ambiente en el que te mueves, algún aspecto psicológico personal. El caso es que, tomada la decisión, no hay marcha atrás. No hay rectificación. No hay actitud crítica.

Por eso, a muchas personas les asombran que yo tenga una ideología de izquierdas. ¿Cómo es posible que siendo de una determinada familia, un determinado grupo social, pienses así? Mi respuesta es siempre la misma: porque tú te has resignado a vivir y a pensar en la clase en la que la vida te ha colocado. Yo he elegido mi propia clase.

Esta elección, basada en la racionalidad, no en las emociones, me ha hecho libre. Me permite ver cuales son, realmente, los aciertos o los fallos de un partido, y votar en consecuencia. No es una elección cómoda. Fuera hace mucho frío. No tengo cargos, tratos de favor, ni complicidades más o menos inocentes. No voy a mítines, ni a sedes de partidos, y no me siento arropado por el calor y la camaradería de mis correligionarios. Pero jamás he tenido que ir a votar con la nariz tapada, ni jamás nadie ha podido ponerme la cara colorada, refregándome en ella los delitos de mis compañeros de partido. Yo soy yo, y mi voto. Y mi libertad. Y mi razón. Nada más y nada menos.

Como soy honrado, puedo criticar a todos los que no lo son, sean del partido que sean. Como soy coherente, puedo criticar las incoherencias de todos los colores políticos. Como soy libre, puedo cantarle las cuarenta al lucero del alba, a Agamenón y también a su porquero.

¿Es buena o mala esta forma de pensar? Pienso que, más que buena o mala, es útil y es progresista. Veamos.

Una persona que se identifica totalmente con un partido, es profundamente inmovilista. Magnifica lo que tiene de bueno su partido y minimiza lo que tiene de malo. Su ideal será que el partido consiga el poder. Para ello, no dudará en usar todas las buenas y malas artes que existan. Considera que su partido debe gobernar como un fin en sí mismo, no para llevar a cabo un plan. Su partido es el mejor, el más sano, el más honrado, el que está pidiendo el pueblo. Por lo tanto, no le temblará el pulso para conseguir ese poder. No habrá calumnia lo suficientemente retorcida ni maniobra lo suficientemente abyecta que le haga sentir remordimientos al usarla. El poder debe ser suyo, porque Dios, la historia, el pueblo, etc. así lo quieren. Por lo tanto, todos los medios son lícitos para conseguirlos. Hoy he oído con indignación como el presidente del gobierno de España echaba en cara al dirigente de otro partido que se había aliado con “un partido de radicales y extremistas a las órdenes de Venezuela”. Digámoslo alto y claro: todos los partidos que tienen representación parlamentaria son legales y legítimos, han sido aceptados como tales por los tribunales competentes y han sido votados por el pueblo español. Nadie tiene derecho a inventar infundios sobre ellos. Y menos que nadie el presidente del Gobierno.

Cuando un partido llega al poder, el objetivo será ahora perpetuarse en él. ¡Ha llegado la Edad de Oro! Por un lado, como el poder es suyo por derecho propio, saqueará, avasallará, conculcará las leyes. ¡Es del derecho de conquista! El país entero será su presa legítima, su botín. Pero, además, deberá defender el poder contra la turba de desarrapados, demagogos, resentidos y radicales que osan cuestionar su autoridad. Sus fallos, chicos o grandes, serán minimizados, cuando no directamente negados. ¡Demagogia de enemigos resentidos! Pero los fallos del enemigo (Sí. En España son enemigos, no adversarios políticos) esos se magnificarán. No quedará ni una piedra por remover, ni un rincón por escudriñar. Y cuando no hay basura, se inventa. Hoy, sé de buena tinta que hay cientos de personas escudriñando las cuentas de las redes sociales. Y me parece bien. Uno es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. Que se busque, se publique y se saquen los colores. Pero a todos. Que no haya agravios comparativos. Si un concejal, por publicar hace cuatro años, cuando era una persona particular, un chiste, que maldita la gracia que tiene, debe dimitir, que dimita, pero ¿qué debe hacer entonces un ministro del gobierno que dice que los huérfanos de la represión franquista sólo se acuerdan de sus padres muertos cuando hay subvenciones?

Por último, cuando un partido pierde el poder ¡no hay suficiente sangre para saciar su sed de venganza! Han engañado al pueblo, han malinterpretado nuestras reformas, no hemos sabido comunicar bien. Lo que está fuera de toda duda es que nosotros hemos obrado impecablemente. Por lo tanto, los que no nos han votado, o son unos tontos o son unos criminales a sueldo de países extranjeros. Que esos países extranjeros, los cuales invierten grandes sumas en comprar voluntades en España, estén en una pésima situación económica, no parece afectar a la lógica del argumento.

Cuando un partido dedica la mitad de sus esfuerzos a conseguir el poder y la otra mitad a conservarlo, es fácil adivinar que no le quedan fuerzas para lo que debía ser su principal misión: gobernar. Y también es fácil comprender que cuando un nuevo partido consiga el poder, no sólo se deberá enfrentar a las dificultades propias de ese poder. Se tendrá que dedicar, fundamentalmente, a defenderse de los ataques del partido perdedor, que no le dará cien días de gracia. Ni siquiera cien minutos.

Y así, una y otra vez, gira la rueda de nuestra política cainita. Ni olvidamos nada, ni aprendemos nada. Condenados a repetir una y otra vez los mismos errores, los programas de los partidos políticos se reducen a dos puntos: atacar cuando no tienen el poder, y defenderse cuando lo tienen. Y la brecha de odio se va agrandando hasta que, una vez más, nos trague a todos.

Entendedme bien. No creo que la España de la Unión Europea y la OTAN, se enzarce nuevamente en una guerra civil. Pero, como decía Mao Tse tung “cuando alguien se monta en un tigre sabe cuando se monta, no cuando podrá bajarse”. Y me parece un precio muy alto que el país se sumerja en una espiral de odio, simplemente para que nuestro partido impere sobre los demás. Si no hay reglas iguales para todos, si no hay justicia “¿qué serían en realidad los reinos sino bandas de ladrones”?. Y esta frase no es de Chaves, ni de Castro. Es de san Agustín.

Os he puesto al comienzo de esa entrada un fragmento de “Julio César”. Tras el asesinato de éste, Bruto toma la palabra y convence a los ciudadanos que lo aclaman. Llega Marco Antonio y, muy humildemente, pide permiso a Bruto para hablar. Lo hace dando a conocer el testamento de César, que deja una cantidad de dinero a cada romano. Antonio, hábilmente, cambia los ánimos de los romanos con el resultado que veis.

Las elecciones municipales y autonómicas en España se han celebrado sin incidentes. El pueblo español ha votado a partidos legales y legítimos, y esos partidos han hecho pactos legales y legítimos. Pero… “Antonio: ¡Ahora, prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie! ¡Toma el curso que quieras!”

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Responses

  1. Suscribo todas tus palabras. Una por una. 👏👏👏

  2. Y yo me asombro de tu velocidad Jomer. Segundo a segundo.

  3. Jamás en mi vida he sido del PP. ¡Qué poco me conoces, Fernando! Jamás en mi vida en tenido más poder que ser jefa de estudios en un instituto rural, que no es poder, como tú sabes muy bien. Hablas de odio y de venganza y no puedo creer que estés pensando en mí. La verdad, creo que desbarras bastante. y bien que lo siento.

  4. Lo único que he dicho de ti en esta entrada ha sido que me he enfadado con dos amigas, una de derechas y otra de izquierda. Lo único. Como te conozco no te he metido, ni a ti ni a la otra amiga en la entrada. Si leyeses bien la entrada te darías cuenta que ni siquiera concreto los partidos a los que me refiero. Te invito a que la vuelvas a leer. He usado en esta entrada la palabra “partido” 25 veces. ¿A quién crees tú que me refiero? ¿A los partidos o a ti?

  5. “no les he dado la razón; no he estado de acuerdo con su partido.” Bueno, soy de lengua. Y eso que ahora la anáfora y la catáfora han sido muy denostadas. Doy por hecho que tú das por hecho que yo y tu otra amiga, de izquierdas, entiendo, pertenecemos a un partido. cada una al suyo. Ese su no puede entenderse de otro modo. De cualquier forma me da igual. Yo no voy a `perder una amistad por una opinión.

  6. Por supuesto que yo tampoco voy a perder tu amistad por una opinión. Tú amistad es muy importante para mí. Y yo acepto todas las opiniones. Yo no tengo seguridades sino dudas. Y dudo hasta de la propia duda. Pero te repito: hablo de partidos, no de personas.

  7. Hola Fernando, en primer lugar me ha gustado tú último artículo y no te he no tomado parte en los comentarios por falta de tiempo (cenas deporte etc.).
    Para mi tu articulo es una declaración de principios donde prescindes de tu alter ego Adso, para desnudar tu alma jacobina, lo cual me parece que consigues y comprendo hasta que punto la familia, el entorno etc. te condiciona y te obliga a formar parte del rebaño.
    Es un esfuerzo que al final te compensa y te hace más fuerte, pues tu llegaste por convicción intelectual y no por necesidad, yo considero que un mero recorrido por la historia de las ideas y de las religiones (principalmente catolicismo), te hace por fuerza militar en la posición en la que estas, luego todo tiene sus matices.
    Creo al contrario de lo que dices, que no existe un completo inmovilismo de ideas en el ser humano, yo por ejemplo me he movido a lo largo de mi vida por los extremos, volviendo ahora al comienzo (o más bien estoy en ello). No te discuto que me influyen aún las formas más que el fondo, considero que las derechas se saben revestir de un ornato en cuanto a sus ideas y propuestas que te lo hacen más digerible, en cuanto a las izquierdas parece que todo chirria mas, hay estridencias en sus planteamientos, ¿es un problemas de no saberse vender?. Tenemos un ejemplo en cuanto a la apropiación de los simbolos, ¿Por qué asociamos derechas con unidad de España?, se puede ser de izquierdas y ser patriota ¿o no?.
    Yo pienso que la patria del hombre en su infancia, pero aparte de aforismos, también considero necesario tener un mínimo de conciencia de unidad Nacional. Y aquí las izquierdas parece que adolecen de falta de sensiblidad, por decirlo de alguna manera.
    Aunque no lo dices en tu articulo, cuando insertas muy bien “la devotio ibérica” el clientelismo político ha existido siempre y en todos los países lo único que aquí nos llevo a extremos y ese cainismo desemboco en una guerra civil. Estoy de acuerdo en que los políticos por intereses de partido no quieren ver más allá de sus narices, y no son capaces de apearse muchas veces y reconocer que los logros o propuestas de sus adversarios son mejores que las suyas.
    Por otro lado ¿Hay dos extremos, dos formas de mercado? ¿O puede existir un término medio?. Yo lo veo así un mercado libre un economía capitalista que todo lo engulle, que se retroalimenta pero que a la fuerza debe tener contados sus días, ya vimos como la ingeniería económica de los sabios de Wall Street, ha podido hundir la economía mundial, pues esa mariposa artificialmente inflaccionada, pudo con sus aleteos dar al traste con todo.
    Pero entonces ¿optamos por una economía dirigida?, donde se coarta la libertad de mercado y ya sabemos hasta donde funciona.
    En fin un dilema todo esto pues como decía alguien podemos discutir incluso sobre el sexo de los ángeles porque tenemos nuestras necesidades primarias cubiertas. Aunque yo creo que tal y como están las cosas, ni derechas ni izquierdas las veo yo en un próximo horizonte, más bien un partido o una forma de vida que nos baje de este caballo desbocado que es el consumismo, porque el “efecto invernandero” ya no es un futurible, está ahí. Perdona por lo extenso.

  8. Se me olvido comentarte,que creo que el leitmotiv de artículo, pudo ser en un principio la dos maneras de tus amigas de ver la política, pero no creo que hieras susceptibilidades, pues cuando entras en materia sobrevuelas y te olvidas de ello.

  9. ¡Magnífico Nino!Te agradezco el comentario y, sobre todo, te agradezco lo extenso.Tienes que hacer muchos más de éstos, a ver si con las reflexiones desterramos de una vez de España, nuestra patria (yo también he jurado bandera) la sombra de Caín.

  10. Como buen Jacobino (si me permites) ya que los Jacobinos propugnaban la soberanía popular, la república y la indivisibilidad de la nación. y como Machado en su magnifico autorretrato que al menos llevaba unas gotas de esa sangre.

  11. ¡Lo has clavado!

  12. Fernando, “veo que tu verso brota de manantial sereno”. Las revoluciones o avances son necesarios, pero en mi opinion no tienen porque ser traumaticos.

  13. Esperemos que no lo sean, Nino. Estoy demasiado viejo para andar por ahí con una antorcha en la mano. Pero son necesarias.


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