Posteado por: fernando2008 | 5 junio 2015

Allegro ma non troppo.

 

 

2

1

Soy un firme partidario de hacer la enseñanza de la Historia lo más amena posible. Amena, pero manteniendo todo el rigor histórico, y sin olvidar nunca que el estudio es un trabajo y, por lo tanto cuesta esfuerzo.

Conozco varios autores que hacen la Historia divertida. El primero Isaac Asimov, que escribe una fascinante historia del mundo, aunque sus dos últimos libros se desvían más hacia la historia de los Estados Unidos de América. Aunque tenía un doctorado en Química, Asimov es un hombre universal, un espíritu del Renacimiento que escribe sobre prácticamente todos los temas. Incluso llega a unir cosas tan dispares como el humor y la Química, escribiendo el famoso cuento: “Las propiedades endocrónicas de la Tiotimolina resublimada”, que hace sonreír tanto a científicos como a profanos.

Pero confieso que mi autor preferido en este campo es Indro Montanelli. Escribió una monumental historia de Roma, con un volumen previo de “Historia de los griegos”, obra que contribuyó, y mucho, a mi vocación de historiador. Si no provocase, una vez más, las burlas de mis alumnos, diría que Montanelli es uno de mis escritores favoritos. Para quien no lo conozca, dejo al comienzo de esta entrada un párrafo que explica perfectamente la idea que tiene de la narración histórica.

Hoy vamos a hablar de Carlo María Cipolla, profesor de historia económica, de sonoro apellido. Cipolla ha unido en un pequeño libro dos de sus ensayos más famosos. Haré la reseña de cada uno de ellos por separado, pero primero comentaré el prólogo.

El autor distinguirá entre ironía, reírse de los demás, lo cual generará tensiones, y humor que él define como “reírse con los demás”, lo cual, disipa las tensiones.

“El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media”.

Cipolla, (Lo sé, lo sé. Este apellido está pidiendo a gritos una rima. Pero resistamos la tentación) sugiere que el plomo de las tuberías y vasijas que durante el imperio romano se usaban para beber, producía infertilidad, abortos y estreñimiento, lo cual a la postre terminará provocando la caída del imperio.

Llega la Edad Media, y la sociedad se divide en tres estamentos: los que rezan, los que trabajan y los que defienden. Pero estos últimos, los nobles, van a crear más problemas que los que solucionan. Y no es porque a Europa le faltasen problemas. Europa era invadida desde el sur por los musulmanes, desde el este por los húngaros, y desde el norte, por los vikingos. Los vikingos eran los peores, ya que las vikingas eran unas mujeres de armas tomar, nunca mejor dicho, y sus maridos buscaban cualquier excusa para estar lejos de sus mujeres, disfrutando de los placeres de la soltería. No eran expediciones muy planeadas, ni con objetivos muy heroicos. En el 865, los normandos “mandaron un destacamento de 200 hombres a París, para buscar vino”.

En esta época, la pimienta era un afrodisíaco muy buscado. Cuando el comercio con Oriente languidece debido a los musulmanes, y comienza a escasear, la gente comienza a poner su esperanza en el cielo para soportar la falta de pimienta en la tierra. Con los ánimos muy deprimidos, los europeos imaginan que en el año 1000 el mundo se acabaría y pasan la última noche del año rezando.

Aquí tengo que contradecir a nuestro autor. Si bien en el imperio romano el año comenzaba el día uno de enero (por culpa precisamente de los hispanos que, como siempre, estaban liándola parda y el Senado no podía esperar a marzo para aprobar los presupuesto de guerra), en la Edad Media, edad fundamentalmente cristiana, el comienzo del año se celebraba el día de Navidad. Por ejemplo, Carlomagno fue coronado emperador el día de Navidad, primer día del año 800. Fue lo que se llamó “El estilo de la Navidad”, pequeño error que Cipolla comete y yo señalo.

Corregido este error, continuemos con nuestro relato. Europa respira aliviada cuando ve que el mundo no se acaba, circunstancia que aprovechan el obispo de Bremen y Pedro el Ermitaño para dirigir la violencia europea hacia el este. Al obispo de Bremen le gustaban la miel y la caza, por lo  que promete a los cruzados que encontrarían dichos majares en abundancia en el este. A Pedro el Ermitaño, que se alimentaba casi exclusivamente de pescado y vino, lo que le gustaba eran las comidas picantes. Pedía a Dios que me mandase pimienta, pero Dios no le mandaba más que lluvia, frío o calor, por lo que decidió ir a liberar los Santos Lugares y así salvaría su alma y conseguiría pimienta. Exhorta a los nobles a que, en vez de vapulearse entre ellos, vapuleen a los musulmanes, y promete al pueblo que acabará con su miserable situación gracias al saqueo. Todos parten a las Cruzadas, y los herreros hacen su agosto con la venta masiva de cinturones de castidad.

Cuando conquistan Jerusalén, los cruzados se olvidan de Europa y de sus mujeres, cinturones de castidad incluidos. No quieren volver. Los únicos que mantendrán la cabeza fría serán los comerciantes genoveses y venecianos. Si hubiesen sido los holandeses, los libros hablarían de la “ética protestante”. Como son italianos, sólo se hablará de “avidez”. La pimienta, tras siglos de ausencia, volvía en abundancia a Occidente.

Europa se transforma como por encanto. Los apellidos que significan “herrero” aumentan, y todos se dedican a hacer llaves para los cinturones de castidad ya herrumbrosos. Los comerciantes saben que vendiendo armas a Saladino, afrodisiacos a los europeos, y practicando la usura, no tienen muy contento a Dios, por lo que hacen donaciones a la Iglesia, con las cuales se levantarán catedrales y monasterios, produciéndose un efecto multiplicador en la economía europea. El incremento de la renta, y los afrodisiacos, hará que la población se dispare. Florece la burguesía, clase distinta de la nobleza, pero con la cual coinciden en explotar al pueblo. Los campesinos de vez en cuando se sublevan, pero siempre son sometidos a palos.

Inglaterra, país entonces subdesarrollado, tiene un clima lluvioso y deprimente, pero buenos pastos, los cuales alimentaban muy bien a las ovejas. Los monjes ingleses comienzan a exportar la lana pero, como no debían consumir pimienta por razones obvias, consumen vino en su lugar. El vino inglés era malísimo, por lo que los ingleses pondrán sus ojos en el vino francés. Gracias a Leonor de Aquitania y su herencia, el rey Juan hará de Burdeos el centro del poder inglés en Francia.

La lana, el vino y, sobre todo, la pimienta (que adoptará el papel de lo que Marx llama “el motor de la Historia”) harán florecer el capitalismo medieval. Y la pimienta asiática ya no basta para todos. Enrique el Navegante, llamado así porque enviaba a los demás a navegar mientras él siempre estuvo en tierra, intenta encontrar un paso hacia Asia para conseguir la codiciada especia. Lo consigue, y al mismo tiempo se hace con la pimienta africana, la pimienta negra, de inferior calidad, pero pimienta al fin y al cabo. El capitalismo florece y la población aumenta. Desgraciadamente, lo que no aumenta es la higiene, y se produce la Peste Negra.

Mientras, el rey de Inglaterra había pedido a los comerciantes florentinos préstamos por cantidades exhorbitantes. Cuando en 1337 declaró la guerra al rey de Francia, por causa de aquellos benditos viñedos franceses, el rey Eduardo creyó (como creen todos los que declaran las guerras) que la suya sería una guerra relámpago y, tal como ocurre con todos los que proyectan una guerra relámpago, se equivocó de medio a medio. Comenzaba la Guerra de los Cien Años, que en realidad duró 116. Poco después de 1340, la corona inglesa se declaró en bancarrota e informó a los banqueros florentinos de que no pagaría sus deudas. Para los florentinos fue una pérdida desastrosa. Más aún. Desde un punto de vista psicológico fue un verdadero shock. Si en el mundo de los negocios no puede uno fiarse de un caballero inglés, ¿de quién diablos podrá fiarse? Los florentinos sacaron las consecuencias lógicas: abandonaron el comercio y la banca y se dedicaron a la pintura, la cultura y la poesía. Así se inició el Renacimiento.

3

Árbol de la pimienta.

Anuncios

Responses

  1. Como siempre me gusta lo que escribes, pero en esta ocasión has tocado dos autores que fueron de los preferidos en mi juventud. Yo era de letras y como tal era un negado para la ciencia, pero aun conservo un libro (muy deteriorado) titulado “Introducción a la ciencia” de Asimov. Esta forma tan amena de enseñar deleitando no he vuelto a verla en ningún otro autor, por cierto también leía aunque con cierto “recelo” algunas de sus historias sobre civilizaciones antiguas. En cuanto a Montanelli era fantástico como podías leer casi de un tirón su historia de Roma. Recuerdo quizás por lo escatologico, aquella descripción que hace de Augusto cuando una de sus persistentes diarreas por poco le hacer perder la batalla contra Casio y Bruto. En fin es curioso el coincidir, o no, en nuestro gusto por estos dos autores. Y ¡cuanta fuerza pude tener un simple grano de pimienta¡

  2. En muchos aspectos veo que somos almas gemelas, Nino.

  3. Magnífica exposición. Sin más comentarios por mi parte. 🙂

  4. Gracias Jomer. Sin más comentarios por mi parte.

  5. Hay algo que nunca he comprendido (quizá porque nunca lo he estudiado). ¿Cómo era exactamente el mecanismo por el cual los comerciantes o los nobles o quien fuera, prestaban dinero a los reyes? Es decir. ¿Cómo fluía el dinero o el oro? ¿Se firmaban documentos? ¿Cómo se obligaba al reino a pagar? ¿Qué protegía a los comerciantes y sus deudas? Hoy en día el país podría declararse en quiebra y darte unos vales que en realidad no tienen valor, y las “fuerzas del orden” están del lado del Estado.

    Un artículo muy ameno, gracias Fernando.

  6. Los reyes, como todos, debían entregar alguna prenda. El Cid entregó en prenda un cofre con sus “tesoros”, aunque en realidad no tenía más que arena. Isabel pone sus joyas como garantía de un préstamo, Carlos V puso la ciudad de Almagro como garantía a los Fugger y cuando no pudo pagar, estos mercaderes se quedaron con la ciudad. Pero cuando se declaraba un reino en bancarrota, sencillamente los mercaderes lo perdían todo. ¡Por eso están ahora tan preocupados con la deuda.
    Un abrazo Edgar.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: