Posteado por: fernando2008 | 22 agosto 2014

La sangre de los inocentes.

1

 

 A cada momento, la furia de la multitud hervía inconteniblemente y la voz del orador era ahogada por una salvaje y bestial gritería que brotaba incon­trolablemente de millares de gargantas. Los chillidos más salvajes eran los de los niños de las escuelas. El discurso du­raba ya unos veinte minutos cuando un mensa­jero subió apresuradamente a la plataforma y le entregó a aquel hombre un papelito. Él lo desenrolló y lo leyó sin dejar de hablar. Nada se alteró en su voz ni en su gesto, ni siquiera en el contenido de lo que decía. Pero, de pronto, los nombres eran diferentes. Sin necesidad de comunicárselo por palab­ras, una oleada de comprensión agitó a la multitud. ¡Ocea­nía estaba en guerra con Asia Oriental! Pero, inmediatamen­te, se produjo una tremenda conmoción. Las banderas, los carteles que decoraban la plaza estaban todos equivoca­dos. Aquellos no eran los rostros del enemigo. ¡Sabotaje! ¡Los agentes de Goldstein eran los culpa­bles! Hubo una fenome­nal algarabía mientras todos se dedicaban a arrancar carteles y a romper bande­ras, pisoteando luego los trozos de papel y cartón roto. Los Espías realizaron prodigios de actividad su­biéndose a los tejados para cortar las bandas de tela pintada que cruzaban la calle. Pero a los dos o tres minutos se había terminado todo. El orador, que no había soltado el micrófo­no, seguía vociferando y dando zarpazos al aire. Al minuto siguiente, la masa volvía a gritar su odio exactamente como antes. Sólo que el objetivo había cambiado.

George Orwell. 1984.

 

Me diréis que la foto que encabeza esta entrada está trucada. Efectivamente. Lo mismo que posiblemente lo esté la foto del final. Pero eso apenas importa. Las pruebas son tantas y tan claras que sólo utilizo las fotos para dar un poco de color a mi bitácora.

En una de mis clases de Historia Contemporánea usé como material de apoyo la película “Rambo III. Cita en Afganistán” Las caras que pusieron mis compañeros de departamento eran como para hacer una exposición fotográfica. Mis alumnos se lo pasaron bomba. Al fin y al cabo es la película más violenta rodada, con 221 actos violentos y 108 muertes, según el libro Ginness de los records. Rambo vencía a los soviéticos con una mano, mientras sostenía sesudas conversaciones con sus amigos talibanes. Al final, un letrero proclamaba que “Esta película está dedicada al heroico pueblo de Afganistán” Sí, ése. El de los talibanes, el del mulá Omar, el de ben Laden. A ese heroico pueblo.

Sólo algunos de los más avispados alumnos se dieron cuenta y en el coloquio me preguntaron: ¿Pero no son los talibanes malos? Y esa pregunta me dio pie para explicar que nadie es bueno ni malo “per se”. La bondad o maldad de una persona o grupo depende de lo que decida en ese momento concreto la Secretaría de Estado norteamericana.

Que Osama ben Laden era una creación norteamericana es de sobra conocido. Entrenado y financiado por la CIA, cumplió su misión y cuando la terminó fue liquidado, o al menos eso nos han dicho. Liquidado no en las cuevas de Tora Bora, al frente de los luchadores de Al Quaeda, en Afganistán. Fue liquidado en Pakistán, en una casa confortable acompañado únicamente de mujeres y niños. A pesar de esa indefensión, los Estados Unidos perdieron en esa gloriosa acción un helicóptero. Los cinematográficos pilotos de “Delta Force” no son capaces de aterrizar como Alá manda. Pero eso no sale en las películas. Y la relación comercial entre la familia Laden y la familia Bush está fuera de toda duda.

Liquidado ben Laden, liquidado Sadam Hussein, el mundo libre necesita un archienemigo. Pues bien, el puesto ya ha sido cubierto. Se llama Abú Bakr al-Baghdadí, y es el califa del estado islámico de Siria e Irak. El objetivo final de este califato, es el siguiente.

2

 

¡Pobre Abú Bark! No lo digo por su inminente final, metido en un agujero como Sadam o en una casa desprotegida como Osama. Lo digo porque por las mañanas, cuando se levante y se mire al espejo, muchas veces no sabrá exactamente quién es. Si es el califa de Bagdad o el clérigo Ibrahim bin Awad bin Ibrahim al Badri al Radawi al Husseini al Samarra’i, (por nombres que no quede) o Elliot Shimon, judío y agentes del Mossad. Si ya es difícil levantarte y elegir la corbata que te vas a poner ¡imaginaos como lo será el elegir la ideología por la que vas a luchar hoy!

 

Cuando leí por primera vez “1984” pensé que Orwell era un exagerado. Hoy pienso que fue un escritor excesivamente conservador. Un día los rebeldes sirios son lo mejor de lo mejor, caballeros de brillante armadura. Al día siguiente son la escoria de la humanidad, una facción separada de Al Quaeda y mucho más sanguinarios que esta organización. Pasado mañana serán angelitos, angelitos muertos, por supuesto, que habrán cumplido su misión. Y al otro día resucitarán como heroicos luchadores de… (póngase aquí el adjetivo más calificativo que se le ocurra a los norteamericanos) Y la vida seguirá, como siguen las cosas que no tienen sentido, que diría Sabina.

 

¿Qué sentido tiene todo esto? A mi parecer, el siguiente.

 

1º.- El pueblo norteamericano vota a sus dirigentes. Bien o mal, tiene un control sobre ellos, cosa que no podemos decir de otros muchos países, como por ejemplo el nuestro. Y el pueblo norteamericano ha dejado bien claro que no quiere volver a recibir aviones cargados de ataúdes envueltos en la bandera de las barras y las estrellas. Que se maten ellos.

 

2º.- No quieren bajas, pero quieren ganancias y poder. Quieren seguir siendo la primera y única superpotencia. Quieren seguir inmiscuyéndose en todos y cada uno de los asuntos del resto de países del mundo, asuntos de los que puedan sacar algo de poder o algo de dinero. Y para ello, lo más cómodo es fomentar las disensiones internas. Un Irak dividido en tres o cuatro grupos irreconciliables es más fácil de saquear que un Irak unido. Y, por cierto ¿dónde estaban esas diferencias irreconciliables hace diez años? La gente vivía en paz, excepto esporádicos episodios de gasear a los kurdos, en un estado más o menos laico. Y, de repente, se han convertido en acérrimos enemigos ultra religiosos.

 

3º.- Hay más papeles que actores. Según una tradición, Queipo de Llano vestía a los mismos soldados unas veces de legionarios, otras de requetés, otras de regulares y los hacía desfilar por Sevilla para que cundiese el pánico. Estados Unidos hace lo mismo con sus mercenarios. Unas veces van de yihaistas, otras de guerrilleros democráticos, otras de califas integristas, otras de agentes del Mossad. Pero son los mismos. Los pobres tendrán que repasar su papel antes de salir a la calle porque, si no, se matarían entre ellos en virtud de la ideología que hubiesen tenido el día anterior. Porque ¿qué puede ocurrir si un agente del Mossad se emborracha y no se acuerda que al día siguiente le toca ser yihadista del Estado Islámico? Tiemblo con sólo pensarlo.

 

Hace muchos años, en época de Franco, los españoles nos desahogábamos gritando ¡Gibraltar español! delante de la embajada inglesa. El ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, llamó al embajador británico y se interesó por su seguridad, ofreciendo mandar más policías para custodiar la embajada. El diplomático inglés contestó en la mejor tradición de la flema inglesa: “No hace falta que manden más policías. Simplemente, manden menos manifestantes espontáneos”.

 

“El Estado Islámico es mucho más que un grupo terrorista. Son sofisticados, tienen una sólida estrategia y están tremendamente bien financiados”, ha afirmado este jueves el secretario de Defensa de Estados Unidos, Chuck Hagel, en rueda de prensa. Hagel se pregunta de dónde han salido y cómo acabar con ellos. Yo me voy a permitir ofrecerle la solución definitiva: dejen de financiarlos, no les manden más armas y despídalos a todos. Así volverán a ser lo que siempre han sido; criaturas hambrientas y desesperadas que malviven en campos de refugiados. De este modo, el 99% de los conflictos mundiales desaparecerían. Pero entonces Estados Unidos no tendría el control, las compañías de armas no tendrían sus ganancias e Israel y Hamás no tendrían su enfrentamiento que es su razón de ser, y su razón de recibir todas las ayudas que reciben. Y entonces ¿qué quedaría?

 

Pues en el polvo de estos torturados países sólo quedaría lo que no tiene ningún valor. La sangre de los inocentes.

John Mccain junto a Abu Bakr al Baghdadi y el terrorista Muahmmad Noor.

 

 

 

 

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Responses

  1. Así es.
    La cuestión es si los que financian el terrorismo se pueden considerar también terroristas, ( para mi que sí)
    Qué asco da todo esto
    En una etapa de mi vida , viaje mucho a Iraq. Hice grandes amigos allí. Me pregunto si vivirán.
    Es muy triste lo que ” hemos” hecho allí. Yo diría que impresentable.
    Un cordial saludo y el agradecimiento por decir estas verdades
    j

  2. Los que financian el terrorismo son tan culpables como los terroristas, pero mucho más cobardes. Un cordial saludo


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