Posteado por: fernando2008 | 28 diciembre 2013

Dan Simmons. Ilión.

1

¿Don Lucas Prada y Regato?
(Se aproxima un mozalbete)
A ver, lección diez y siete.
Viriato, ¿quién fue Viriato?

-Viriato, Viriato, fue…
un monarca anglosajón.
Hijo del gran Cicerón
y de la bella Friné.

A la muerte de Tiberio,
en el sitio de Crimea,
Viriato entró en Zalamea
y se encargó del imperio.

Contrajo allí matrimonio
con la princesa lombarda
Mesalina, hija bastarda
de Indívil y de Mandonio.

y, nombrando mariscal
de su ejército a Selim,
derrotó al general Prim
en los campos del Transvaal.

Esto hizo que Carlos V,
con Palafox y Alcibíades,
penetrara en Tiberiades
persiguiendo a Chindasvinto.

Esta es la ventaja que tiene la ciencia ficción sobre la novela histórica: te permite desarrollar toda tu imaginación. No hay condicionantes apriorísticos. Como tampoco los hay en la poesía humorística que abre esta entrada.

Dan Simmons es un viejo conocido mío de la saga de Hyperión. Ahora me lo he encontrado en las ensangrentadas llanuras de Troya, llanuras por las que el Escamandro no puede correr por impedírselo los cadáveres. La guerra de Troya está en su sangriento apogeo, vigilada de cerca por los dioses, por las musas y por unos escólicos, mitad sirvientes de las musas, mitad historiadores. De entre ellos destaca uno de los protagonistas de la saga: Thomas Hockenberry. Los otros dos protagonistas son Mahnmut un robot moravec, cuyo nombre proviene de Hans Moravec, experto en robótica, y Daeman, un personaje que parece escapado de “La máquina del tiempo” de Wells.

2

La guerra de Troya discurría por sus derroteros canónicos hasta que Hockenberry es convocado por su musa a presencia de Afrodita y ésta le da una serie de objetos divinos para que el escólico lleve a cabo un plan diabólico: matar a Atenea. La cosa entonces se desmadra. Andrómaca rapta a su propio hijo Astianacte, para hacer creer a Héctor que los dioses han matado al niño. Hockenberry rapta a Patroclo para hacer creer lo mismo a Aquiles. Héctor y Aquiles se unen para asaltar el Olimpo, que no es el Olimpo terrestre, sino el marciano. Mientras Mahnmut, en una exploración que organiza a Marte, ve su nave derribada por los dioses del panteón clásico y emprende una agotadora ascensión al Olimpo marciano. Aquiles mata a Pentesilea pero, afectado por un hechizo de Afrodita, asciende con su cadáver al Olimpo para pedir a Zeus que la resucite. Zeus lo manda al infierno literalmente, pero con la ayuda de Hefestos, que aspira al puesto de Zeus, consigue convencer a Cronos y a los titanes para que se rebelen. En la batalla subsiguiente, Zeus es muerto por Aquiles y, para mayor recochineo, el de los pies ligeros da el hígado del padre de los dioses como comida a “Argos” el perro de Ulises. Ulises, mientras tanto, está en la Tierra, una tierra posthumana, con la “Judía errante” y otra serie de personajes que, como ya dije, parecen salidos de “La máquina del tiempo”. A todo este friso enloquecido de personajes hay que sumar Calibán, Próspero y Setebos, recién salidos de “La tempestad” de Shakespeare.

3

Es una buena trilogía. Trilogía que se convirtió en tetralogía, porque los editores españoles no querían hacer volúmenes demasiado gruesos. Es un alarde de imaginación y de buen hacer, buen hacer que no se ve limitado por el rigor histórico. Simmons no pone trabas a su imaginación y es por eso por lo que le sale una obra magnífica. Homero, estoy seguro, no le hubiese puesto ninguna pega.

Pero para aquellos puristas que tuerzan el gesto, les recordaré, por si acaso, la poesía de Bertolt Brecht.

 

¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas?
En los libros figuran sólo los nombres de reyes.
¿Acaso arrastraron ellos bloques de piedra?
Y Babilonia, mil veces destruida, ¿quién la volvió a levantar otras tantas?
Quienes edificaron la dorada Lima, ¿en qué casas vivían?
¿Adónde fueron la noche en que se terminó la Gran Muralla, sus albañiles?
Llena está de arcos triunfales Roma la grande. Sus césares ¿sobre quienes triunfaron?
Bizancio tantas veces cantada, para sus habitantes ¿sólo tenía palacios?
Hasta la legendaria Atlántida, la noche en que el mar se la tragó,
los que se ahogaban pedían, bramando, ayuda a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India. ¿El sólo?
César venció a los galos. ¿No llevaba siquiera a un cocinero?
Felipe II lloró al saber su flota hundida. ¿Nadie lloró más que él?
Federico de Prusia ganó la guerra de los Treinta Años. ¿Quién ganó también?
Un triunfo en cada página. ¿Quién preparaba los festines?
Un gran hombre cada diez años. ¿Quién pagaba los gastos?
A tantas historias, tantas preguntas.

 

P.D. No me pidáis que analice los variados discursos navideños de los prebostes. No he oído ninguno. Ya no tienen nada que decirme. Prefiero la ciencia-ficción a la oratoria-ficción.

4

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