Posteado por: fernando2008 | 20 noviembre 2013

Anne Perry. Luto riguroso.

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“Pese a todo, señorita Latterly, tanto la señorita Nightingale como sus colaboradoras, incluida usted, no son otra cosa que aficionadas y seguirán siéndolo siempre. En este país no hay ninguna institución médica que admita a mujeres ni es probable que las admita nunca. ¡Santo Dios! (…) Es inimaginable que las mujeres puedan ser médicos nunca. ¿Quién dejaría que lo tratase una mujer, además? Y ahora, guárdese sus opiniones para usted y ocúpese de cumplir con el trabajo para el cual le pagamos. Saque el vendaje a la señora Warburton y tírelo… —En su rostro aparecieron arrugas de indignación mientras ella seguía inmóvil en su sitio—. Y deje a ese niño en la cama. Si quiere tener niños en brazos, cásese y tenga hijos, pero aquí no necesitamos nodrizas.”

Anne Perry. Luto riguroso.

“Usted es arrogante, dominante, tiene muy mal genio y se da muchos aires. Y saca conclusiones carentes de todo fundamento. ¡Oh, Dios, cómo detesto a las mujeres inteligentes!”. A lo que Hester replica, sin amilanarse: “A mí, en cambio, me encantan los hombres inteligentes, lo cual significa que de ninguna manera podemos estar a gusto juntos”.

Anne Perry. El rostro de un extraño.

 

Os aseguro que el libro que voy a reseñar ha caído en mis manos por casualidad hace dos días. Ni lo busqué, ni sabía de qué trataría cuando lo comencé a leer. Bueno, esto último no es del todo cierto. Conozco a Anne Perry, conozco a su personaje William Monk, pero no había leído esta novela.

“Luto riguroso” es la historia de un asesinato. Una joven viuda es asesinada en su cama en casa de sus padres en plena noche. Dado que el padre de la joven es un influyente político de la Inglaterra victoriana, todo el mundo piensa en un ladrón que ha entrado y ha sido sorprendido por la víctima. Pero hay una cosa que no le encaja a William Monk: nadie ha podido entrar en la casa sin ser visto. Ante este hecho que se demuestra muy sólido, hay que cambiar la idea original: el ladrón y asesino es alguien del servicio. Ningún señor se rebajaría jamás a matar. Y ese asesino tiene que ser hombre. Ninguna mujer, ni siquiera una sirvienta, puede cometer un acto semejante; no tiene ni la fuerza ni el entendimiento suficiente para hacerlo.

Y efectivamente, la policía detiene y acusa a un lacayo de la casa, en contra de la opinión de Monk que explica a su jefe con exasperación que dicha persona no ha cometido el delito. Pero es una solución demasiado buena para dejarla escapar por unos ridículos escrúpulos morales: el lacayo es ahorcado y Monk expulsado de la policía. Todos quedan satisfechos, menos Monk. Y Hester.

Hester es un personaje magistral creado por Anne Perry. Es una joven testaruda, con un gran carácter y un fuerte sentido del deber. Su vida no ha sido fácil, de la misma manera que no sería fácil la vida de una mujer independiente en la Inglaterra victoriana. Perdió a sus padres y tuvo que ganarse la vida como enfermera en la guerra de Crimea en el cuerpo organizado por Florence Nightingale. Esta circunstancia le permitirá ver con sus propios ojos la realidad de esta guerra. “La carga de la Brigada Ligera” no fue lo que narró el poema épico de lord Tennyson. Fue el fruto de la incompetencia de los mandos ingleses enfrentados entre sí, a los que les importaba un pimiento el número de bajas. De todas las definiciones que se han dado de esta acción, me quedo con la de un oficial ruso que participó en la batalla: “Tenían que estar muy borrachos para hacer lo que hicieron”. Los jefes estaban borrachos y enfrentados entre sí. Por eso los soldados murieron. Hubo más estupidez que gloria.

Lo mismo ocurrió con la segunda gesta de dicha guerra: “La Delgada Línea Roja” en la que quinientos infantes ingleses se enfrentan a dos mil quinientos jinetes rusos en una línea de fuego de sólo dos hombres de profundidad. El único sensato aquí fue el comandante ruso, que dio la orden de retirada. Pensó, con toda lógica, que ningún oficial en su sano juicio se enfrentaría a tropas enemigas tan superiores si no tuviese un contingente mayor escondido. Y se equivocó. Efectivamente, estaban locos.

La guerra de Crimea fue muy heroica. Inglaterra creaba héroes a toda velocidad, porque si el pueblo se hubiese enterado de la carnicería que estaba produciendo la estupidez, orgullo e incompetencia de los jefes militares, se habría producido una rebelión. Es una constante en la historia militar. Cuanto peor está mandado un ejército, más héroes aparecen en él. Los ejércitos de César y de Napoleón no tuvieron héroes individuales.

Pero volvamos a Hester. Cuando regresa de Crimea encuentra trabajo como enfermera en un hospital. Todo parecido con los hospitales actuales es pura coincidencia. Allí reinan los médicos más ignorantes y cerriles de la época, que ya es decir. Son los mismos médicos que se indignaron y casi se levantan en armas cuando el ministerio inglés de Sanidad de la época les obligó a lavarse las manos antes de atender un parto. ¡Hasta ahí podíamos llegar!. ¡Qué sabrá el ministerio de cómo ejercer la medicina! ¡Ellos eran unos caballeros!

Desde luego, las enfermeras de la época no eran unos caballeros. No eran, ni siquiera unas señoras. Trabajaban por dinero ¿no? Por lo tanto, no eran de buena familia. Su obligación era barrer, fregar, obedecer y callar. El sueldo no era bueno, por supuesto, pero tenía una ventaja que levantaba mucho el ánimo de las sufridas mujeres: parte de él se pagaba en cerveza.

Tampoco es que las señoras lo pasasen mucho mejor. La madre de la viuda asesinada de la novela lo sabía todo, pero no se atrevía a enfrentarse a su marido. La hermana de la víctima era una chica alegre y feliz hasta el día que se casó. Al día siguiente había perdido totalmente su alegría y nadie pudo sonsacarle jamás el motivo de su infelicidad. Pero todos sospechaban que ese motivo era el marido.

Hoy día nos pone los pelos de punta leer como era realmente la vida en la Inglaterra de 1850. Este modo de vida nos parece atrasado, estúpido, absurdo. E injusto. Tremendamente injusto. No contaban tus méritos, tus esfuerzos, tus inmoralidades. Sólo contaba la familia en la que nacías. Y si nacías mujer, tu porvenir esta reducido a dos cosas: casarte y ser sumisa.

No. No he leído el libro de marras, ni pienso hacerlo. No voy a contribuir ni con mi tiempo ni con mi dinero a fomentar la campaña de ventas de un horror semejante. Los que se enorgullecen de su raza, de su sexo, de su apellido, es porque no tienen otra cosa de qué enorgullecerse. No han hecho absolutamente nada. No tienen narices para hacerlo. Todo lo han recibido por su nacimiento.

Y esos seres despreciables no encuentran otra razón para fundamentar su pretendida superioridad sobre las mujeres que la del mandato divino. Total ¡Dios jamás ha desmentido ninguna de las barbaridades que se han dicho en su nombre!. Podría decirse que Dios es cómplice por omisión de este libro.

Pero si lo dice un arzobispo, podemos creer que efectivamente Dios está por la labor de volver a las mujeres al siglo XIX.

El problema es que todavía hay mujeres que se creen este mandato divino.

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Responses

  1. Otro libro comprado. No me das tiempo a leer todo. 🙂

  2. ¡Estás forrado, Jommer! Iphone, viajes, compra de libros… ¡Jommer va bien!

  3. Como sé que tienes que aprobar antes la publicación…, falta una “h” en “, se abría producido “.

    Un abrazo.

  4. Querido Antonio: ¡Yo presumo de guapo, no de omnisciente! Cometo errores, y no lo oculto. Pero tengo un magnífico grupo de amigos que me ayudan a no volver a cometerlos. Mirad, lectores: gracias a ese magnífico grupo de amigos que tengo, los errores se subsanan. Nadie es perfecto, pero cuando se admiten los errores y se subsanan, se es un poco mejor. Antonio ¡qué haría yo sin ti! Muchas gracias y un abrazo.

  5. Hola Fernando:

    Esta escritora me fascinó desde el primer libro que leí. He leído toda la serie del Mrs. Monk y sinceramente me ha encantado. La conocí por un programa de radio sobre libros en la cadena ESRADIO en el programa LDLIBROS en su dia por una pentalogía ambientada en la primera guerra mundial. que con tu premiso, también aconsejo, además por cumplirse el primer centenario del comienzo de esta gran guerra que cambio tanto geográfica, política y socialmente a todo el mundo.

    Saludos Juan J. Caparros

  6. Por supuesto que sí. Tienes mi permiso para todo lo que sea fomentar la lectura. Muchas gracias y un abrazo.


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