Posteado por: fernando2008 | 12 octubre 2013

Guy Rachet. Trilogía de las pirámides.

1

Negros nubarrones se ciernen sobre España, desde de que se conociera el reciente informe de la OCDE. Y, en un gesto muy español, nadie se preocupa de analizar el motivo de esos nubarrones, sino que se dedican a soplar sobre ellos para que la tormenta descargue sobre el contrario. Lo importante no es por qué tenemos ese nivel en matemáticas o en comprensión lectora. Lo que realmente importa es echar la culpa al otro.

Perogrullo, mi asesor favorito en ésta y en otras cuestiones, podría decir que si ha evaluado a personas entre 16 y 65 años, mal puede ser la ominosa LOGSE la culpable de todo. Y yo añadiría que una Ley de Educación tarda en ponerse en marcha un mínimo de seis años. Seis años modificando curricula (sic), cambiando programaciones, libros de texto, criterios de evaluación, competencias más o menos básicas. Y cuando apenas comienza a andar, se cambia alegremente por otra. Por otra ley que no tendrá ni dos años de vigencia. Llega un momento en el que alumnos y profesores no saben exactamente lo que están haciendo ni el porqué de lo que están haciendo. Bueno, el motivo sí se sabe: se trata de echar por tierra lo que ha hecho el enemigo, sea bueno o malo.

No puedo dar una explicación sociológica exacta del motivo de nuestra incuria cultural. Pero puedo contar mi experiencia personal. Cuando le hablaba un día a mis alumnos de mi biblioteca y de mi afición a la lectura, uno de ellos, ni mejor ni peor que los demás, me soltó: “Así te va a ti. Sólo hay que ver el coche que tienes”. Para aquel adolescente, que al poco consiguió su sueño dorado de abandonar el aula y subirse al andamio, una cosa que no sirve para tener un coche mejor es una pérdida de tiempo. Y recuerdo padres, ni mejores ni peores que los demás padres, que me preguntaban con preocupación si el libro de Historia del Arte iba a ser de verdad usado por su hijo en segundo de Bachillerato. Porque si no ¿para qué iban a querer ese libro? ¿Qué iban a hacer con él si no tenía un uso inmediato? Dar al niño veinte euros para el botellón es cumplir con el deber paternal. Comprar un libro con esa misma cantidad es un derroche inútil.

No todas mis experiencias fueron malas. Llegué en octubre a un Instituto, ni mejor ni peor que otros Institutos, y me puse a enseñar Historia. Algo debí influir en las mentes de mis alumnos cuando en Carnavales me encontré a media clase vestida de egipcios. Egipto es una civilización muy cercana a mi corazón, o mejor a mi hígado, el órgano en el que los egipcios creían que se ubicaba el amor. Por eso los libros sobre Egipto son unos de mis preferidos.

Guy Rachet ha escrito la “Trilogía de las Pirámides” Creo que esta trilogía pronto será una pentalogía, pero, de momento, sólo he podido leer los tres primeros libros. Como el tercero “La pirámide inacabada de Keops” deja muchos cabos sueltos, pienso que a éste le seguirán otros volúmenes. Y dichos volúmenes serán tan interesantes como los tres primeros.

 En “Keops y la pirámide del sol” empezamos a conocer la historia de Keops, hijo inadaptado del rey Snefru. Keops no participa de la vida de la corte, anda desnudo por los campos de tierra negra y los desiertos de tierra roja. Sus amigos son los aldeanos, los boyeros y los cazadores. Y un misterioso pastor que se ha instalado con su rebaño en un lugar ignorado, lugar que poco a poco identificamos con la meseta de Guiza.

 2

En “El sueño de Keops” seguimos al príncipe en su viaje al país de Caná para comprar madera de cedro. Allí se enamora locamente de una cananea, Nubet, la cual le librará de un intento de asesinato, pero complicará la vida del príncipe y su familia. Cuando muere su padre y Keops sube al trono de Horus, los problemas con sus esposas hace que se dedique en cuerpo y alma a la construcción de su pirámide, abandonando prácticamente a su familia en Menfis, de lo cual se aprovechará la intrigante Nubet, consiguiendo que su hijo Didufri sea designado príncipe heredero contradiciendo la ley de Mat.

3

La pirámide inacabada de Keops” es realmente una novela mesopotámica de viajes y aventuras al estilo del mito de Gilgamesh. Djedefhor, hijo de Keops, es un príncipe tan atípico como su padre. Rechaza el poder y busca sobre todo la sabiduría. Enamorado de una bailarina, se matricula en la escuela de música y danza para estar cerca de su amada y que ella lo quiera por sí mismo, no por su título. Didufri sube al trono a la muerte de Keops, aleja a Kefrén, nombrándolo gobernador de Elefantina y a Djedefhor lo manda en una nueva expedición a Biblos para conseguir la tan necesaria madera de cedro. Previamente, ha dado órdenes a un hombre de su confianza de asesinarlo. Djedefhor salta por la borda de la nave y cae en manos de unos beduinos traficantes de esclavos. Su valía hará que pase de amo en amo hasta convertirse en un rico mercader de Ur. Djedefhor, el protagonista de esta segunda novela, fue un personaje real. Efectivamente alcanzó la sabiduría y sus reflexiones están recogidas en las “Instrucciones de Hordyedef” y su tumba se conserva en Guiza.

Hay que decir a favor de Rachet que es tan buen historiador como Christian Jacq, pero mejor novelista. Sus tramas son más conseguidas, sus caracteres menos esquemáticos y, desde luego, las descripciones de lo lugares de Egipto y Asia Menor en la época de la IV dinastía, magníficas. Incluso los largos párrafos que dedica a las invocaciones de los dioses egipcios no se hacen pesados.

¿Errores? Siempre los hay en una obra tan larga. Había que buscar un villano y Rachet le da este papel a Rahotep, al que describe con toda precisión, incluyendo su bigote, algo impensable en el Egipto del Imperio Antiguo. Efectivamente, existió un Rahotep bigotudo, pero no fue un príncipe de la IV dinastía sino de la XVII. Al final de esta entrada os pongo la estatua de la que se sirvió Guy Rachet para crear al malo de la novela.

De todas formas ¿qué más da? Al fin y al cabo, ese conocimiento no me permitirá cambiar de coche.

4

Anuncios

Responses

  1. Cuánta razón Fernando, y ¡qué identificada me siento con tu anécdota del coche! Los niños con los que trabajo como educadora en un centro de menores se burlan de mi Seat Ibiza del 98… La mayoría de ellos arrastran años de fracaso escolar. Una vez un inspector de educación, con el que discutía para que le diera una oportunidad a uno de mis niños, me dijo: “¿pero tú crees que el 100% de los niños de Guipúzcoa son escolarizables? No vi su coche, pero me lo imagino…
    Un abrazo y gracias por escribir, siempre te leo. Buscaré la trilogía que recomiendas, tengo serias intenciones de conservar mi cochecito por muchos años.

  2. De nada, compañera de profesión e infortunios. Un abrazo también para ti.

  3. Espléndido comentario y leeré esas obras que recomiendas. 🙂

  4. Siempre es un placer tratar contigo, Jomer.

  5. Egipto también está cercana a mi hígado por tí, influyes también en las mentes de tus hijos.

  6. Me alegro mucho, hija mía. Es el primer comentario tuyo que recibe esta bitácora. Habrá que celebrarlo


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: