Posteado por: fernando2008 | 6 julio 2013

La Causa General.

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Está de moda ahora, en los mentideros políticos y tertulias varias, hablar de una “Causa General”. Algunas personas, sedientas de conocimiento pero alérgicas al esfuerzo que adquirir dicho conocimiento conlleva, han acudido a mí, llamándome “pozo de sabiduría”. O lo que es lo mismo, pidiéndome que haga yo ese esfuerzo a cambio de un halago gratuito. Veamos.

La única “causa general” instruida en España fue la triste y criminalmente célebre “Causa General instruida por el Ministerio Fiscal sobre la dominación roja en España”. Aquella  “Causa General” estuvo basada en un completísimo proceso de investigación policial impulsado por el ministro de Justicia, Eduardo Aunó, mediante un decreto fechado el 26 de abril de 1940, o sea, un año después de la terminación de la Guerra Civil

El objetivo de aquella “Causa General” era, instruir “los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja”. La instrucción se extendió sobre cualquier hecho sucedido desde 1931 hasta más allá del final de la guerra civil e incluyó cualquier acción realizada en defensa de la legítima legalidad republicana. La recopilación de hechos duró hasta comienzos de los años 60 del pasado siglo. Solo en 1969, cuarenta años después del fin de la guerra, Franco dio por prescritos todos los delitos cometidos hasta el 1 de abril de 1939, la fecha que la dictadura fascista mantuvo siempre como “Día de la Victoria”. En estas fechas don Manuel Fraga era ministro de Información y Turismo de Franco, pero de la Causa General no se recuerda que hubiese dicho ni pío.

Aquella “Causa General” fue el pilar más importantes en el que se basó la brutal represión impuesta por el franquismo a todos sus opositores. Una represión que fue ejercida desde el poder conseguido por la fuerza de las armas y que tuvo entre sus víctimas no sólo a quienes realmente cometieron crímenes execrables durante la guerra civil, sino fundamentalmente contra todo aquél que se limitó a defender como buenamente pudo la legalidad democrática republicana. La “Causa General” juzgó a muchas de estas personas, en un cínico ejercicio de lenguaje supuestamente jurídico, “por auxilio a la rebelión”, cuando realmente habían sido quienes se habían opuesto a la auténtica rebelión militar que supuso el golpe de estado del 18 de julio de 1936.

Hasta aquí los hechos históricos. Ahora, la demagogia. El señor Floriano, al que desde aquí reconozco que merece hasta el último euro de su sobresueldo por desarrollar la titánica tarea de explicar lo inexplicable, desempolva ese concepto que incluso para la derecha ha quedado como sinónimo de arbitrariedad e injusticia, a pesar de que han existido peticiones de que se juzgue a don Manuel Fraga, Presidente Fundador del P.P., por su responsabilidad en esa misma Causa General y en la ejecución de Salvador Puig Antich. Arrepentidos los quiere Dios. Bien, pues para el señor Floriano se está sometiendo al Partido Popular a una nueva Causa General, y de esta Causa General sí que protestan. Por supuesto, protestan a base de elipsis y circunloquios para no pronunciar el nombre de Bárcenas, ser etéreo del que no se sabe qué lugar ocupa en la metafísica del P.P.

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Según el señor Floriano, el malísimo juez Rus, juez modélico para los socialistas, está demorando la instrucción del sumario “provocando indefensión”. El hecho de que gracias a esa demora sepamos hoy que ha aumentado de 1.085.417 a 3.148.807 euros el dinero que el ex tesorero del PP Luis Bárcenas defraudó a Hacienda, no deja de ser para el señor Floriano, profesor de Derecho, una pobre excusa.

Pero la cosa o la Causa, no queda ahí. Al otro lado del país y del espectro político, el P.S.O.E. se desayuna con que la malísima juez Alaya, juez modélica para los populares, está demorando la instrucción del sumario de los EREs, que sólo realiza diligencias cuando puede fastidiar al P.S.O.E., y que está realizando una Causa General contra el gobierno del señor Griñán.

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A lo largo de mi vida como profesor, he oído todo tipo de excusas de los alumnos para no hacer algo. Pero mis alumnos son mucho más inteligentes que nuestros políticos: inventaban excusas a veces inverosímiles, sí, ¡pero nunca se copiaban las excusas los unos a los otros! Tenían suficiente inteligencia para que cada excusa fuese única. Nuestros políticos no. Ni tienen inteligencia, ni tienen el más mínimo respeto a sus votantes, teóricos receptores de dichas excusas. Tienen que decir algo para llenar un determinado espacio en los titulares de los periódicos o nutrir los “argumentarios” de los tertulianos sobrecogedores, y lo hacen sin la más mínima gana, sin molestarse en pensar. Siguen pensando que están en la política por la gracia de Dios y que sólo tienen que dar explicaciones a Él. Cuando todos sabemos qué “habilidades” son necesarias para entrar en las listas de los partidos.

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Se ríen de nosotros. Se ríen y se recochinean. Nada es suficientemente bueno para ellos y para sus queridas. Nada es suficientemente malo para el pueblo soberano. Siempre se puede hacer un sacrificio más. Es imprescindible subir los impuestos del tabaco y las bebidas alcohólicas. Al fin y al cabo, en España nadie consume esas cosas. Y menos en verano. Pero ¡ojo con intentar gravar con un injusto impuesto a los yates de lujo! Ese artículo de primera necesidad debe permanecer como hasta ahora libre de impuestos. ¡Faltaría mas! Es el pueblo soberano el que lo exige.

Pero, volviendo a la Causa General ¿qué hay de realidad en todo esto? ¿Son los jueces criaturas diabólicas a sueldo de los partidos, de Saurón o de los Lánister? Yo creo que no. Los jueces se están dejando la piel, están literalmente muriendo por cumplir con su deber en sus juzgados sin los más elementales medios, porque nuestro dinero, el dinero de todos los españoles, se invierte en cocaína o en indemnizaciones simuladas en diferido.

Hay que pararlos. Pararlos ya. Pararlos a todos.

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Responses

  1. Pues, ¡oh divus Ferdinandvx!, te recomendaré el libro que acabo de terminar: “Les voy a contar”, de don José Bono.

    Más allá de cómo describa uno su percepción de los hechos (que en sí puede resultar de lo más interesante), a poco que se fije uno se descubren en los diarios del señor Bono los usos, costumbres, vicios y debilidades de nuestros políticos y del sistema que apoyamos con nuestro voto democrático y continuado. Su percepción de sí mismo y de los demás, cómo valora las consecuencias indeseadas de sus actos pero, pese a todo, los termina cometiendo.

    Y es que, más allá de la “verdad” que podamos admitir que contienen los diarios, la impresión es que lo que sale de nuestro pueblo para dirigirnos no nos mejora en absoluto.

    Vale.

  2. Me lo apunto divus Marcus Antonivs. Será el número tres, pues estoy leyendo dos ahora mismo. Gracias y un abrazo

  3. […] persecuciones. Que desde la derecha, por desconocimiento o como provocación, se aluda a la Causa General no resulta extraño; que desde el PSOE se agarren a las mismas excusas y a la misma terminología, […]


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