Posteado por: fernando2008 | 11 febrero 2013

El signo de los tiempos.

1

Cardenal Tarsicio Bertone, Petrus Romano

– Maestro ¡ha dimitido!

– ¡Por fin! Llevaba un año esperando esta magnífica noticia.

– ¿Llevabas un año? ¿Magnífica noticia? No doy crédito a lo que oigo.

– No me extraña, Adso. Hoy día, nadie da crédito. Pero con esta dimisión a lo mejor el crédito vuelve a fluir. ¿Ha cesado a Ana Mato antes de dimitir?

– Me parece que te estás equivocando de dimisión. Es una más importante.

– ¿Qué dimisión puede haber más importante que la de Mariano Rajoy?

– Pues la de Benedicto XVI.

– No compares, por favor. Eso era una noticia cantada, un acto sin importancia.

– Terminaré faltando a la caridad y al respeto que debo a tu persona y te daré dos mamporros como sigas hablando así. ¿No te da vergüenza?

– ¿Por qué? Yo no he dimitido.

– ¡Te la estás ganando, fray Guillermo! No se puede hablar tan a la ligera del Vicario de Cristo y encima, con diabólica soberbia, dar a entender que era algo que ya sabías.

– ¿Tú conoces algo eterno e inmutable?

– Dios y la roca de Pedro.

– Más inmutable.

– ¡Más inmutable no hay nada!

– Sí. Las fechas que aparecen al comienzo de cada entrada de la bitácora. Esas fechas son eternas e inmutables. Dime la fecha de la entrada anterior.

– Nueve de febrero.

– Y Benedicto XVI anuncia su abdicación el día…

– Once de febrero. Pero esto es casualidad.

– Lee, por favor el primer punto del artículo. Donde termina la entradilla.

– “No, no es casualidad”. Pero esto es…

– Ya. Otra casualidad.

– Vamos maestro. Hazme creer que conocías la dimisión del papa…

– Abdicación, Adso, abdicación. El papa, a pesar de ser Siervo de los Siervos de Dios es un soberano con tres coronas. Por lo tanto, abdica, no dimite. Como dije en ésta entrada, le habían dado un año de plazo. Para abdicar o para morir. Y los sicilianos son muy cumplidores.

– Vale, sigamos el juego. El arzobispo de Palermo dice en China que al papa le queda un año de vida, y Benedicto XVI abdica.

– Cosas más raras se han visto.

– No puedo imaginar nada más raro.

– Porque no has leído “Los cuervos del Vaticano” “Sua Santitá” o “Vaticano S.A.” Al lado de estas obras de periodismo de investigación, las novelas de Dan Brown son crónicas vulgares y aburridas. La realidad supera la ficción. Por lo menos, dentro de los muros del Vaticano.

– Vale, eximio vaticanista. Sigamos con tu delirio. Entonces ¿quién será el nuevo papa?

– Está bien claro en las profecías de San Malaquías.

– ¿Pedro Romano? No lo conozco. O al menos no conozco ese nombre entre el colegio cardenalicio.

– ¿Cómo no lo vas a conocer si es el más poderoso y el más encarnizado enemigo del pobre Ratzinger?

– De eso nada, fray Guillermo. El mayor enemigo del actual papa es su Secretario del Estado.

– ¿Lo ves? ¿Y cómo se llama ese archienemigo?

– Tarsicio Bertone. No coincide ni el nombre ni el apellido.

– Lógico. San Malaquías escribió su profecía en el siglo XI. Las personas y las cosas se llamaban entonces de otra manera.

– Pues ilústrame, eximio exégeta.

– ¿De dónde era santo Tomás de Aquino?

– Pues de Aquino, evidentemente. ¿Qué esperabas que te contestase?

– Lo que me acabas de contestar. ¿Y de dónde es Tarsicio Pietro Bertone?

– Ni idea.

– Pues Tarsicio Pietro Bertone es de la ciudad de Romano Canavese, cerca de Turín. Ahí tienes el nombre profético completo: Pietro Romano. Y te aseguro que nunca las profecías de San Malaquías habían sido tan explícitas.

– Entonces, Tarsicio Bertone, según las profecías de San Malaquías, subirá al trono papal y será el último papa. No puedo creer que des por buenas todas esas supercherías.

– Ni yo, Adso, ni yo. Confieso que me he desternillado de risa muchas veces cuando intentaban meter con calzador a cada papa en la profecía. Pero ahora, por fin, la profecía se vuelve racional.

– ¿Cómo es eso?

– El nombre coincide como ningún nombre de papa ha coincidido jamás. Y, desde luego, si Tarsicio Bertone llega a ser papa, será el último. La Iglesia ha sobrevivido a Alejandro VI Borgia, a Julio II o a León X, pero entonces no había Internet. Las maquinaciones y delitos de Bertone son hoy perfectamente conocidos, y el escándalo acabará con la Iglesia.

– ¿Y te parece bien?

– Estamos en las manos de Dios. Si Él quiere acabar con su Iglesia, sus motivos tendrá.

– Vivimos tiempos difíciles…

– Vivimos tiempos de cambio, tiempos de oportunidades. La noche es más obscura en el momento inmediatamente anterior al alba. Pero, tras una época obscura siempre se produce un Renacimiento.

– ¡Hala! ¿Con esa frivolidad y esa indiferencia anuncias el final de la Iglesia de Cristo? No me dirás que este final es bueno para la humanidad.

– Te diré una frase que no es mía: “Para muchos la Iglesia se está convirtiendo en el principal obstáculo hacia la fe. Ya no consiguen ver en ella nada más que la ambición humana por el poder.” Y si esa frase es cierta, a lo mejor es bueno que la Iglesia católica, tal y como la conocemos hoy, desaparezca.

– ¿Y quién es el enterado, el eximio profeta que pronunció esa frase?

– Pues la pronunció, en 1970, un tal Joseph Ratzinger. Imagino que este señor sabe de lo que habla.

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Responses

  1. Magnífico. Tanto este artículo como el anterior. Gracias maestro y un saludo.

  2. Muchas gracias. De todas formas, ojalá me equivoque

  3. Magnífico artículo y te aseguro que me la trae al pairo si Bertone sea el último Papa ya que no hubiera debido de existir ninguno desde la supuesta muerte de Jesucristo -si es que existió alguna vez-.
    Lo que debería preocuparnos de verdad es que toda esa riqueza que posee el Vaticano fuera a parar a las manos y estómagos de los más necesitados de la tierra y además, que dejara de existir como estado ya que es una cueva de oscuras sombras y demás males inimaginables… ¿O sí los podemos imaginar?
    La historia creo que lo ha demostrado sobradamente, Maestro. 😦

  4. No me llames “Maestro” con mayúsculas, que puede haber equívocos.
    No, yo no me puedo imaginar una reforma en el Vaticano. Eso es como la estafa de la pirámide o de los partidos políticos. Hay demasiados intereses en juego para que desaparezcan. Los de abajo quieren subir y conseguir sus mal merecidas ganancias.

  5. Ahora solo hay que esperar a ver si Bertone es Papa. Te emplazo, Fernandito. Por cierto, ¡Qué tal?

  6. Muy bien Carmencita, pero tengo muchas cosas que contarte. ¿Cuántas operaciones sabes que me han hecho? Es que he perdido la cuenta de lo que sabes.


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