Posteado por: fernando2008 | 1 febrero 2013

Javier Cercas. Las leyes de la frontera.

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Un viejo proverbio chino dice: No desprecies a la culebra por no tener cuernos, quizá se reencarne en dragón; también un hombre puede ser todo un ejército.

No había vuelto a leer nada de Cercas desde “Anatomía de un instante”. y confieso que dicha novela me gustó más que “Las leyes de la frontera”.

Después de leer la obra, me he entretenido en leer las críticas a la misma. Si es cierta la afirmación que un clásico es el libro del que se pueden sacar distintas ideas según el tiempo en el que se lea, esta obra será un clásico. ¡Hay que ver la cantidad de interpretaciones que han sacado del mismo libro. Charnegos en Cataluña, la libertad de los quinquis, el enfrentamiento entre el estado central y la autonomía, el poder destructor de la heroína, etc.

Yo he sacado otras ideas. Éstas no tienen necesariamente que ser mejores que las que otros han sacado del mismo libro. Tampoco tienen que ser opuestas. Son, sencillamente, otras.

Para mí, la novela es una sinfonía de grises. No hay una lucha entre el Bien, blanco y el Mal, negro. Hay infinidad de matices del gris. Ni siquiera Batista, que en algún momento fue tomado por Cañas, alias Gafitas, como la encarnación del mal absoluto, cumple ese papel. Batista martiriza a Cañas hasta que éste madura y le planta cara. Entonces desaparece. Y María, primero esposa sumisa del Zarco y luego su peor enemiga en los programas de famoseo, cumplido su papel se desvanece. Ni siquiera se pelea con Tere cuando coinciden en el cementerio durante el entierro del Zarco.

Revisando los personajes de la novela tenemos en primer lugar a Ignacio Cañas, alias Gafitas. Él es el protagonista, o al menos de los tres personajes principales el único que habla en primera persona. Efectivamente es charnego, pero habla bien el catalán y tiene una pinta de chico bueno con sus gafitas, lo que le convierte en el explorador de la banda, o la “basca”, como él la llama, para reconocer los escenarios de los robos. Excepto un tímido enfrentamiento Estado-Generalitat a cuenta de la reinserción del Zarco no veo nada en la novela que pueda servir de munición a la “cuestión catalana” que tan de actualidad está.

Ignacio Cañas lleva a cuestas su adolescencia con enfrentamientos con sus padres, con su hermana, e incluso acosado por sus compañeros de los maristas, hasta que encuentra en unos recreativos al Zarco y a Tere. Fascinado por Tere, tras muchas dudas va al barrio chino de Gerona y se une a una banda de delincuentes juveniles. Tras una serie de robos, es perseguido por la policía y un inspector de Cáceres, faltaría más, lo descubre herido en una casa de campo a la que le ha llevado su padre. Milagrosamente no es acusado de nada y al quedar libre arregla todos los problemas de su vida, estudia derecho y se convierte en un importante abogado penalista de Gerona. Su aburrida vida se verá sacudida desde sus burgueses cimientos cuando reaparece Tere, rogándole que defienda al Zarco.

Antonio Gamallo, alias El Zarco, aparece en la novela como un delincuente de dieciséis años, jefe de una banda en la que nadie discute su autoridad. Posiblemente su apodo se deba al color de sus ojos. Se supone que su infancia ha sido problemática; conoce a su madre y a sus hermanos, pero no a su padre. Sus hermanos se pasan la vida entrando y saliendo de la cárcel hasta que mueren en enfrentamientos con la policía. Tras muchos actos delictivos ingresa en la cárcel y allí se convierte en el líder contestatario, protagonizando plantes, fugas y motines. Durante la Transición los medios de comunicación lo convierten en un héroe rebelde contra el sistema y le hacen protagonizar libros y películas. Gracias a Cañas, que organiza toda una campaña para su indulto, sale de la cárcel, se casa con María e inicia una nueva vida. O al menos lo intenta. Hasta dos veces el abogado consigue sacarlo y las dos veces el Zarco se las arregla para volver al trullo. Cañas piensa, y con razón, que en realidad no comprende la vida fuera de la cárcel, no se encuentra cómodo en libertad.

Tere es el personaje más misterioso. Está siempre con el Zarco, pero no es la chica del Zarco. En realidad no es la chica de nadie, y si se acuesta con unos o con otros es para conseguir algo. Nunca sabemos si su amistad con Cañas y la relación que luego tiene con él es genuina o no. A la muerte del Zarco, tras una revelación que es la única concesión de la novela al folletín, desaparece.

¿Cuál es la famosa frontera? ¿La que separa a la Gerona “bien” del barrio chino? ¿La que separa a los delincuentes de los “honrados”?. No. La frontera es “La frontera azul”, serie de televisión de la época en la que un río, el Liang Shan Po separa nítidamente, blanco sobre negro se dice ahora, el Bien del Mal. O por lo menos eso es lo que cree el Gafitas, y así se le escapa una vez delante del Zarco. Y éste, que es sabio con la sabiduría que da la vida, sobre todo si esa vida ha sido difícil, le contesta así:

Oye, – dijo. No te habrás creído tú también esa milonga, ¿verdad?

¿Qué milonga?,– pregunté.

Tardó un par de segundos en contestar. Lo del Liang Shan Po– aclaró. Lo de los bandoleros honrados. Toda esa mierda.

No estaba seguro de lo que quería decir. Se lo dije.

Explicó: – No te creerías tú también todo ese rollo de La frontera azul, ¿no? Todo ese cuento de que los que estáis del lado de allá sois más hijos de puta que los que estamos del lado de acá, y al revés; eso de que la única diferencia entre tú y yo es que yo nací en el barrio equivocado de la ciudad y en la orilla equivocada del río, de que la sociedad tiene la culpa de todo y de que yo soy inocente de todo y de que si patatín y de que si patatán. No te lo habrás creído, ¿verdad?

 Creo que ésta es la tesis que quiere dar a conocer la novela. No existe el Bien y el Mal, el Blanco y el Negro. La vida es una sucesión infinita de grises y nadie está predestinado a ser de una determinada manera por el lugar en el que ha nacido o por la clase social en la que vive. El Gafitas, el Zarco y la Tere seguirían siendo como son aunque hubiesen nacido en otro sitio y en otro ambiente. La leyenda del bandido generoso, del rebelde sin causa no es algo propio del Zarco. Es algo creado por unos determinados medios de comunicación que consumen leyendas, lo mismo que el Zarco consumía drogas. Es un disfraz.

Termino esta entrada con la misma frase (traducida) con la que comienza la novela.

“Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”

 François de la Rochefuocauld

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Responses

  1. Es sólo la versión de Cercas sobre esa época histórica. Las cosas siempre son mucho más complejas de lo que se intenta narrar en novelas que también son complejas pero que son sólo eso: novelas. Algo que se olvida demasiado a menudo.
    Para hacerse una mejor idea de lo que hay y lo que podría faltar en “Las leyes de la frontera” nada mejor que la reseña mensual de http://laanovelaantihistorica,wordpress.com de 20 de febrero de 2013.

  2. Muchas gracias por la información. Leeré esa reseña.


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