Posteado por: fernando2008 | 28 octubre 2012

Paranoia y balcanización.

Vivo en Cáceres, la ciudad alegre y confiada, el mejor lugar para vivir de toda España. Ciudad hermosísima, alegre, tranquila; sobre todo, muy tranquila. Según las crónicas, nuestra ciudad sólo vivió un estallido social cuando una gobernadora civil intentó que los bares cerrasen antes. La movida cacereña se rebeló, y hubo que llamar a los antidisturbios.

Sin embargo, yo asistí a un momento de paranoia colectiva menos conocido. A comienzos de los setenta del siglo pasado, Extremadura iba a contar con una universidad. En Cáceres pedíamos “Universidad de Extremadura”. En Badajoz se pedía “Universidad de Badajoz”. Se caldearon los ánimos y una manifestación cacereña se topó con un coche con matrícula de Badajoz (imaginad cuantos coches de Badajoz circulan por Cáceres) y se desató la paranoia. Se intentó volcar el automóvil y se dio un susto mayúsculo al propietario, un señor de Cáceres que había comprado el coche de segunda mano. Dos mil años de convivencia saltaron por los aires, simplemente por las letras de una matrícula. (Sí. Las ciudades más importantes de Extremadura tienen al menos dos mil años de antigüedad).

La convivencia entre Cataluña y España puede saltar por los aires. Los independentistas catalanes consideran que con lo que ya tienen y con lo que van a tener, les va a quedar un nuevo estado magnífico. España les dará todo lo que hay en Cataluña y además unos mil doscientos millones de euros para los gastos de la independencia y se retirará, agradeciendo a los catalanes el magnífico gesto de independizarse. Las refinerías de Tarragona, las servidumbres hídricas del Ebro, la conexión peninsular oriental con Francia, la SEAT, la Caixa, el banco de Sabadell, el archivo de la Corona de Aragón y los fondos museísticos, quedarán a beneficio de inventario. Y, por favor, que España ponga buena cara a la hora de la independencia, porque si no nos enfadamos. En su delirio consideran que España se lo debe todo, y ellos no deben nada a España. Si se les lleva la contraria, caen en la manía persecutoria: ¡Hay cazas en el cielo de Cataluña!. ¡Bruselas, ese militar me está mirando mal!.

En el otro lado, se caldea el ambiente con declaraciones de ministros y de ex presidentes de gobierno, al mismo tiempo que se representa a Cataluña con el casco y el teléfono de Gila.

El problema no es lo que se diga hoy. El problema es que dentro de un año lloverá sobre mojado, las cabezas estarán ya muy calientes, la lista de agravios será infinita, y nadie se detendrá ya a razonar si dichos agravios son reales o son imaginarios. Los Montesco y los Capuletos se odiaban a muerte, aunque no recordaban el porqué. Al final, el motivo no importa: hay demasiadas cuentas que ajustar, demasiada sangre que vengar. Las masas, es decir el lado malo de cada uno, no se paran a pesar: actúan. Como decía Tácito, “los hombres prefieren devolver un agravio a devolver un favor, porque la gratitud es una carga y la venganza un placer.”

En nuestro Estado, alegre y confiado, ningún disparate es lo suficientemente absurdo como para no tomarlo en serio. Y ninguna idea es lo suficientemente sagrada como para que no se retuerza o se abandone con el fin de conseguir más munición para el enfrentamiento. Desgraciadamente, esta actitud no es únicamente de la derecha insolidaria. La izquierda anuncia que antepone las razones sentimentales de un territorio a sus condiciones de vida. Iniciativa por Cataluña, Verdes anuncia que las leyes sociales deben estar condicionadas a tener un estado propio. El internacionalismo proletario.

Estamos corriendo alegremente a la balcanización. Pueblos que antes vivían juntos, más o menos felices, se parten y se desgarran los unos a los otros. Francotiradores que disparan desde sus casas a sus vecinos, limpiezas étnicas, minorías asesinadas y enterradas bajo el césped del campo de fútbol municipal, minas en las huertas y en las entradas de las casas, muerte, odio, sangre. El fruto del nacionalismo.

Supongo que estos funestos presagios míos pasarán desapercibidos. No sirven de munición para el enfrentamiento, o para los chistes, así que serán ignorados. A lo más que llegaré es a cosechar el comentario despectivo de que eso no pasará en España. Error.

Un amigo mío estuvo en la antigua Yugoslavia y vivió allí el horror de la balcanización en vivo y en directo. Cuando volvió a España y contó a su familia lo que había visto, su padre comentó: “Eso no es nada, comparado con lo que hacíamos aquí…”.

Pero el presidente del gobierno y el presidente de la Generalitat siguen a lo suyo. Ambos están muy contentos de que este problema tape el verdadero estado de Cataluña y de España. Se pasean de un lado para otro arrimando el ascua a su sardina. El bien común, de España y de Cataluña les trae al fresco. No es ese su problema; su problema es conseguir los votos, aquí y ahora. Después, el diluvio.

El 15 de agosto de 1947, India consiguió la independencia de los odiados ingleses. ¿Acabaron todos sus males? ¿Desaparecieron todos sus problemas? ¿Vivieron desde entonces felices?

No. Los musulmanes se lanzaron contra los hindúes y los hindúes contra los musulmanes. Los que habían sido vecinos hasta el día antes, descubrieron que se odiaban, más que odiaban a los ingleses, y se lanzaron a violar, matar e incendiar. Desde el aire, un piloto vio como se formaban dos inmensas columnas, una de musulmanes que salían de territorio hindú y otra de hindúes que salían de territorio musulmán, las dos acosadas por los respectivos dueños de ese territorio. No puedo por menos de adjuntaros unos párrafos de la novela “Esta noche la libertad”.

Iban juntos en un automóvil descubierto. Treinta años de lucha común contra la dominación británica habrían debido dar a los nuevos Primeros Ministros de los dos Estados —el Pakistán y la India— el privilegio de desfilar triunfalmente entre las muchedumbres exultantes de sus compatriotas. Todo lo contrario ocurría en el mundo de horror y de miseria por el que avanzaban Jawaharlal Nehru y Liaquat Ali Khan, un mundo de rostros silencioso que expresaban el miedo y la angustia, y no la gratitud por los beneficios que les había traído la libertad. Los dos hombres recorrían por segunda vez el Penjab en desesperada búsqueda de una solución susceptible de devolver un poco de orden a esta tierra de calamidades. Habían perdido por completo el control de la situación. Sus fuerzas de Policía se habían desintegrado, la autoridad de sus administraciones se había disuelto en la tormenta, y ni siquiera podían contar con la lealtad de sus ejércitos. El Penjab era el país del miedo y de la anarquía. Ante el espectáculo de interminables columnas de refugiados que se arrastraban en ambas direcciones, de aldeas devastadas por las llamas y el pillaje, de campos que nadie había segado, los dos jefes de Gobierno se hundieron en el asiento del coche como aplastados por el peso de tantas desgracias. Nehru acabó rompiendo el silencio.

—¡Qué infierno nos trae esta maldita partición! —se indignó, volviéndose hacia Liaquat Ali Khan—, ¿Cómo hubiéramos podido prever semejante catástrofe cuando la aceptamos? Todos éramos hermanos. ¿Por qué ha ocurrido todo esto?

 —Nuestros pueblos han caído en la locura —suspiró Liaquat Ali Khan.

 ¿Tendrán que vivir Rajoy y Mas algún día esta misma escena?

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Responses

  1. Me gustaría un poco más de optimismo ya que no creo que llegue ese momento tan dramático. La balcanización. Habrá más o menos choques políticos y algún enfrentamiento puntual.
    Lo que sí es cierto, es que si las cosas se hubieran hecho bien hace años y digo “bien” de verdad, estas cosas no estarían pasando.
    Prohibir como se hizo en en pasado muy cercano, la cultura catalana: idioma y demás a rajatabla, no hizo más que enervar unos ánimos que todavía hoy algunos no han calmado. Defender la cultura propia de un territorio no es un drama, es más bien, un acto de honradez con tu pasado.
    Gente que no sabe donde tiene la mano derecha, la hay en cualquier sitio (Autonomía) y gente que habla sin saber lo que dice, también.
    No he visto jamás en Catalunya a nadie que no pueda hablar en castellano y que no le respondan de igual manera, salvo en los pueblos agrícolas del interior en el que la lengua materna -catalán- fue, es y será siempre la lengua de allí, de la misma forma que ocurre en en galicia y en euskadi. Responderán en castellano, pero con problemas.
    Se trata, en definitiva de no sacar las cosas de quicio y a mi me indigna que se hable de los “catalanes” con desprecio porque yo soy catalán y jamás he despreciado a nadie que no sea catalán. En todo caso, lo correcto sería hablar mal de los políticos catalanes de la misma forma que se habla mal de este gobierno del PP y no de los españoles en general.

  2. Tienes toda la razón. Aquellos que prohíben o prohibieron hablar en catalán y pensar en catalán, lo que quieren en realidad es prohibir el pensar y el hablar.Yo, lo primero que hice cuando llegué a Barcelona fue comprarme una gramática y un diccionario catalán. Lo segundo ir a la Diada de 1977 para gritar: “Llibertat, amnistia, Estatut d’autonomia”. Lo tercero, aprender a cantar “Els segadors”. Todavía me lo sé.
    Jamás hablaré de Cataluña generalizando, porque en Cataluña hay mucha gente. Están algunos políticos impresentables y está uno de los mejores amigos que tengo ¿Adivinas quién es?

  3. Me lo imagino. 😉

    No obstante, siempre que se toca este tema de “Los catalanes”, me pongo en guardia porque hay tanto cenutrio suelto, que habla por hablar y porque se cree todo lo que le va contando por ahí, que es lo que me subleva.

    De todas formas, personas sensatas que son catalanas -como creo que soy yo- al final, después de tanto tocar los “cojones” hablando mal y pronto, es posible que se vuelvan tan intransigentes con los “nacionalistas españoles” como ellos de los “nacionalistas catalanes”. No sé si me he explicado correctamente.

    Ahora andan por la red unos vídeos del PP hablando excelencias de los catalanes y de Catalunya. Lo majos que somos, lo magnífica que es su gente, su idioma, su “seny”, etc. Es decir, somos lo más de lo más…

    No se puede ser más cínico.

    Hace poco, esas mismas personas -políticos/as- decían que no había que comprar productos catalanes (entre ellos el Cava) y ahora, dando coba. ¡No te fastidia!

    No sigo dando la tabarra, pero ¡Coño, ya está bien de meterse con Catalunya y con los catalanes! Dejadnos en paz y en paz conviviremos.

    Por cierto… Posiblemente si se autorizase el famoso referéndum, habría sorpresas y no saldría lo que el Artur Mas lleva en la cabeza. Seguramente, al igual que en Escocia ya que se tienen indicios más que racionales y estadísticos de que cerca del 70% de la población no quiere separarse de UK.

    ¿Recuerdas lo de Quebec? Pues más de lo mismo. Y ya llevan tres referéndums que les ha salido mal.

    Buen comienzo de semana. 😀

  4. Se necesita educación democrática, sin mitos. Se necesita entender que no existen ni España, ni Cataluña, sino españoles, catalanes o extremeños. Que no existe un “interés de Cataluña” o de “España” que pueda ser algo diferente de las personas que viven y trabajan en uno u otro lugar. El patriotismo es el último recurso de los canallas, sentencia Ambrosse de Bierce

  5. Lo de los vídeos lo puedes ver aquí:

    1) http://youtu.be/-ETZJRBtwD4

    2) http://youtu.be/eEkqRmUXIiw

    Juzga tú mismo.

  6. Muchas gracias, Jomer. Yo también te deseo un buen comienzo de semana.Yo lo tendré, porque sólo hay una cosa es que mejor que dar clases: recibir clases.
    Estos del P.P. venderían a su madre por un puñado de votos. Y los de CIU lo mismo. Quieren organizar un enfrentamiento artificial para que no se hable de sus vergüenzas. Más o menos como los programas de famoseo, cuando estipulan en el contrato que los que vayan deben pelearse. El pueblo está por otras cosas: soluciones justas a la crisis. Un abrazo.

  7. Otro para ti. 🙂

  8. ¡Bien, Ramón!


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