Posteado por: fernando2008 | 16 septiembre 2012

Cartas del pueblo soberano 2. Productividad.

Hoy voy a hablar, señorías, de la productividad, palabra fetiche donde las haya de todas las reformas laborales que en España han sido. La clase empresarial española y la clase política, que son la misma cosa, se enjuagan diariamente la boca con dicha palabra. Pero no sacan el provecho que debían sacar de este enjuague. O no quieren sacarlo, movidos por sus aspiraciones torticeras.

Algunos, más radicales que yo, dirán que el tema de la productividad es de menor importancia en la escala de las actuales preocupaciones. Tienen razón. Hay temas más sangrantes. Esos temas serán tratados en su momento y, desde luego, la sangre llegará al río y a la conciencia del lector. Pero para llegar al tejado, hay que poner los cimientos, y este tema es uno de esos cimientos.

También aclararé, para terminar esta introducción, que procuraré mencionar en estas cartas el menor número de estadísticas posibles. Esto es un artículo de opinión, no un informe económico. Aquellos que quieran comprobar lo que digo con las estadísticas, las encontrarán al final de la entrada.

Productividad ¡cuantas injusticias se cometen en tu nombre!. Y, sobre todo, ¡cuantas mentiras!. Se quiere hacer creer, como en el genial chiste de Forges que encabeza esta entrada, que la productividad es cosa de uno. Y ahí está la raíz de la falacia: la productividad es cosa de dos. El trabajo y el capital, el pueblo y el gobierno forman una yunta, y el resultado del trabajo de esa yunta es la productividad general.

El obrero español es vago e indolente. Por lo tanto, hay que aumentar las horas de trabajo y aumentar los controles para que produzca. ¿Será esa la clave de la productividad?. Parece ser que no, sino todo lo contrario. http://economia.elpais.com/economia/2007/04/16/actualidad/1176708779_850215.html. Un robot producirá más si se le tiene operativo las veinticuatro horas del día. El problema es que una persona no es un robot. Y que los robots, por el momento, no pueden hacer el trabajo de una persona.

Los obreros españoles, y los esclavos de Alabama son torpes, indolentes, vagos. En el momento que dejan de vigilarlos se tumban. Normal. ¿Qué tienen ellos que perder o ganar? ¿Están comprometidos con los logros de la empresa? ¿Están motivados? ¿Están bien tratados? Tienen interiorizado que si la cosa va bien tendrán estrictamente la paga que marca su convenio, sin beneficiarse en absoluto, por ejemplo, de la burbuja inmobiliaria. Si la cosa va mal, sufrirán los efectos de la crisis, crisis que ellos no han generado. Las decisiones se toman en instancias muy por encima de ellos, instancias que serán las que recojan los beneficios cuando los haya, e instancias que no vacilarán en mandarlos al paro al menor peligro de pérdidas. El único beneficio extra al que pueden aspirar es a escabullirse un rato para tomar un café o fumar un cigarro. ¡Triste recompensa! ¡Triste motivación! Por eso, el coste laboral en España es de 20’6€ por empleado y hora, mientras que en Noruega, que tiene una productividad mayor que la nuestra es de 44’2€. En la eficiente y productiva Alemania, ese coste es de 30€. Algo no cuadra.

Tampoco cuadra el hecho de que el obrero español, cuando se vio obligado a emigrar a Alemania en los años sesenta del pasado siglo, demostró ser un trabajador insuperable, con una productividad magnífica. Lo mismo que el esclavo de Alabama cuando consiguió su libertad y pudo gestionar su propia vida. Y esto nos lleva a considerar el otro componente de la yunta: el empresario y/o gobierno.

Hay un punto de inflexión llegado al cual una parte de las fuerzas productivas no sólo no pueden producir más sino que, y esto es lo preocupante, se niegan a hacerlo. En España se ha llegado a este punto en cuanto a los obreros, mientras que la mentalidad empresarial sigue anclada en las ideas del siglo XIX según las cuales las ganancias sólo pueden aumentar disminuyendo los salarios y derecho sociales y aumentando las horas trabajadas. Esta cerrazón se debe, a partes iguales, a la ignorancia y a la mala fe.

La cerrazón empresarial se ve amparada y fomentada por la actitud del gobierno. No sé cual es la proporción de ignorancia en las decisiones gubernamentales, aunque sospecho que es mucha. Pero la mala fe no está en menor cantidad.

Hay ignorancia, efectivamente. Así lo ha proclamado hace poco nuestro presidente del Gobierno cuando ha dicho que “sus planes se han visto alterados por la realidad”. ¿Qué clase de análisis de la realidad española hizo Rajoy cuando proclamaba a los cuatro vientos que él “sabía qué había que hacer, y sabía cómo hacerlo”? Si no se basó en la realidad ¿en que se basó Rajoy para confeccionar su programa político? Al acabar de escribir esto, me doy cuenta que da lo mismo en lo que se basase. Incluso, da lo mismo que realizase un programa político o no lo realizase, ya que dicho programa ha ido directamente a nutrir las estanterías de las obras de ficción. Alguien dijo que está esperando con ilusión al 27 de marzo, día del cumpleaños de Rajoy, para verle por fin cumplir algo. Al menos cumplirá años.

Pero hay mucha mala fe. Cualquiera que haya mirado por encima un libro de economía sabe que los recortes jamás impulsarán la actividad económica. Y saben que el argumento de pagar lo que se debe es ficticio. Si reunimos todo el dinero que existe en el mundo y lo convertimos en, por ejemplo, un euro, nos damos cuenta que el mundo debe a los bancos 33 euros. La deuda mundial es de treinta y tres veces la masa monetaria mundial. Esa deuda no se puede pagar. Claro que los bancos tampoco quieren que se pague. Reconocer una deuda nos llevaría a investigar el cómo se ha generado y eso sería cómico, si no fuese indignante. Sirva como pequeño ejemplo el hecho de que el agujero de Bankia se debe entre otras partidas a la partida “A) Provisión de los créditos fiscales”. En ella se apartan 3.000 millones de euros para pagar los posibles impuestos en los próximos dieciocho años. El agujero, la deuda puede estirarse a voluntad, si en vez de dieciocho años se contabilizan ciento ochenta. A los bancos lo que les interesa es seguir percibiendo los intereses y, por supuesto que los intereses se mantengan altos gracias a la prima de riesgo.

En mis artículos sobre la iglesia católica siempre he usado argumentos sacados del Evangelio. En éste, sobre la actuación de banqueros-políticos, que tanto monta, utilizaré argumentos del más puro estilo del liberalismo económico.

¿Qué diría el ejecutivo de un banco cuando le pidiese trabajo alguien que ha hundido con ineficacia o mala fe al banco más importante del mundo en el sector de inversiones? Lo echaría a patadas. ¿Cómo se hundió Goldman Sachs? Gracias a la labor de Monti, Draghi, de Guindos. Y ahí los tenéis: dirigiendo Europa.

¿Qué diría el mismo ejecutivo si le pidiese trabajo una persona cuyo padre y hermano están en la cárcel por estafa? ¿Lo nombraría director de la sucursal más pequeña del banco?. No. Sin embargo, ese es el caso de Rodrigo Rato.

¿Qué diría un jefe de sección si supiese que un funcionario abandona su puesto de trabajo, pone en él a un sustituto, que no tiene oposición, y se reparten el sueldo a medias? ¿Y si, además, cobra dietas por vivir en una ciudad en la que tiene su casa. Efectivamente. Ese es el caso de Mariano Rajoy.

Pero, sobre todo, ¿qué pensaría un gestor capitalista de una serie de personas que hunden todo lo que tocan, que se comportan como elefantes en las cacharrerías, destrozándolo todo, arruinándolo todo, adjudicándose unos sueldos y privilegios de escándalo, colocando a toda su parentela y dejando el país como un campo quemado. ¿Es eso productividad? ¿Es capitalismo pagar sueldos disparatados para conseguir una gestión estúpida y criminal? ¿Es esa la productividad que nuestros políticos exigen a los demás y no se exigen a ellos?

Termino con otro chiste. Si el primero refleja la dura realidad, el segundo debía reflejar esa misma realidad desde el punto de vista del capitalismo. Y debemos luchar porque lo que expresa el segundo chiste se cumpla.

Competitividad del país.               Eficiencia del gobierno

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Responses

  1. Como siempre dando en la diana.
    La productividad no es trabajar más sino mas eficientemente. Invertir capital en mejores sistemas y/o en actividades y sectores más productivos, pero la clase empresarial , de la que soy parte, sigue pensando en que la solución es pagar menos por más horas. No da para mucho más y si da, es para dar pelotazos.
    Triste

  2. Completamente de acuerdo.

  3. Acertado como siempre, querido maestro. 🙂

  4. Y tú, acertado en los dos comentarios Jomer. ¿Qué tal tu nuevo blog?

  5. Pues estoy dudando en mantenerlo o no o rescatar el del tornillo al que le he cambado el nombre y el diseño. No sé qué voy a hacer porque tampoco quiero dedicar mucho tiempo al ordenador ya que quiero reestructurar mi tiempo libre de otra forma. Cuando lo decida, serás el primero en saberlo. 🙂

  6. Pues te daré un consejo. En los blogs lo de menos es la presentación. Lo importante es lo que dices. Claro que tú no tienes un asesor informático tan bueno como el que tengo yo.

  7. En eso te doy la razón. 😉 Por cierto ¿te gusta el diseño?

  8. Se nota que dominas la técnica del diseño de los blogs.


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