Posteado por: fernando2008 | 4 septiembre 2012

Cartas del pueblo soberano. 1ª: La mala educación.

Señor presidente, señorías:

Comparezco antes sus señorías en esta inauguración del curso político para impartir mi primera lección. Primera lección a la que seguirán, lo prometo, muchas otras. Hay mucho que enseñar, y mucho que rectificar.

Comparezco en el uso legítimo e irrenunciable de mi soberanía. Al fin y al cabo, sus señorías son representantes de una soberanía que reside únicamente en mí, el pueblo soberano.

No es propio de buenos maestros comenzar a impartir sus enseñanzas con toda intensidad desde el principio. “Prima non data et ultima dispensata”. Por esto, comenzaré con un tema ligero, pero no por eso baladí: la mala educación de sus señorías.

Señorías, ustedes son mis representantes. Siempre se les llena la boca al hablar de su augusta tarea pero, como en otras muchas cosas, sus palabras van por un lado y sus hechos por otros. Fingen estar abrumados por el peso de su propia importancia y se comportan como niños malcriados cuando desempeñan su importantísima labor.

En el tempo de la palabra, señorías, no debía haber una palabra más alta que otra. Tampoco debería haber insultos, descalificaciones y, mucho menos, pateos. Nunca se les olvide, señorías, que los únicos seres vivos que expresan sus sentimientos con los pies son los cuadrúpedos.

Reflexionen serenamente, señorías. Si uno de ustedes es mi legítimo representante ¿no se dan cuenta que el otro también lo es? Todos los diputados merecen respeto, sean del partido que sean. Y es una practica perversa pensar que “yo” soy merecedor de todo el respeto, mientras que el “otro” es un sinvergüenza, vendido y corrupto. Esta práctica es el comienzo del fascismo, al considerar que “yo” lo valgo todo y el “otro” no vale nada. Y, en el desarrollo lógico de la argumentación, el “otro” deberá desaparecer porque es malo, dejando su espacio vital para exclusivo disfrute de los buenos.

La democracia es, desgraciadamente, el único sistema de gobierno legítimo que existe. Digo desgraciadamente porque no se me oculta los innumerables fallos que dicho sistema tiene. Siempre he pensado que nuestra democracia se parece demasiado a esos sainetes en los que la familia acude solícita e hipócrita a la cabecera de la cama donde agoniza el pariente rico. Una vez que el pariente muere o se cierran las urnas, los buitres levantan el vuelo. Ustedes los trileros, señorías, me engañan con las mieles de los mítines electorales y piensan que dentro de cuatro años todo se habrá olvidado. Pero afortunadamente para mí, y desgraciadamente para ustedes, esto ya no es así.

Lenin dijo en cierta ocasión que el comunismo era “el soviet más la electricidad”. Yo les digo que el gobierno del presente, del presente de la crisis, es la democracia más Internet. Las palabras antes “eran aire e iban al aire”. Ahora las palabras son bits y van a la Red, la cual ya no abandonarán jamás. Gracias a eso hoy yo, el pueblo soberano, asiste entre divertido e indignado al espectáculo bochornoso de ver al actual gobierno cayendo en los mismos errores que cayó el gobierno anterior, y defendiendo esos mismos errores como si fuesen ahora imperativos categóricos, mientras que cuando los cometía el gobierno anterior eran la quintaesencia de la traición a España. Respeto, señorías. Ustedes no son unas lumbreras y, además, están cegados por la codicia. Pero el pueblo soberano no es así.

¿Qué no son ustedes unas lumbreras? Aunque este juicio de valor está lo suficientemente contrastado, me detendré un momento para explicarlo. La clase política española, algunos prefieren llamarla “casta”, no se distingue ni por su amplitud de miras, ni por la abundancia de conocimientos. El “cursus honorum” español es, desgraciadamente, idéntico a el mecanismo de la estafa de la pirámide. Veámoslo.

Una persona busca y encuentra sitio en un partido. La afiliación a un partido no tiene nada que ver con el pensamiento de esa persona, entre otras razones porque dicha persona sólo tiene un pensamiento: medrar. Una vez en el partido, la persona sufre una transformación, muy parecida a la caída de Pablo en el camino de Damasco. Todos sus correligionarios son buenos, hagan lo que hagan. Si alguien denuncia alguna falta o delito cometido por sus compañeros es debido a un repugnante campaña de difamación. Cuando la denuncia se convierte en condena, es que el juez, la policía, el Supremo, el Sursum Corda, se ha sumado a dicha campaña. Cuando alguien recibe el carnet de un partido está dando patente de corso a sus compañeros para hacer lo que les venga en gana. Por supuesto, él está recibiendo a su vez, la misma patente de corso.

Con respecto al partido rival, las cosas son iguales, sólo que a la inversa. Los miembros de los demás partidos siempre obran mal. En las pocas ocasiones en las que no se puede achacar maldad a los enemigos (porque son enemigos, no adversarios), dichos enemigos están poniendo en práctica una repugnante demagogia para halagar los peores instintos del populacho.

Cuando esa persona ha entrado en el partido y comienza a subir en el escalafón, no se debe a su valía personal, su formación, su honradez. No. Él sabe que la cúspide del partido está ocupado por mediocres, mediocres a los que aterroriza tener cerca de alguien que les haga sombra. Para evitar caer en las periódicas purgas que los Supremos Mediocres hacen evitando tener a su lado a alguien que ponga de relieve su mediocridad, el nuevo militante se hace mediocre a sí mismo. Sabe que, cuanto más mediocre sea, más alto subirá.

Ramiro II el Monje, rey de Aragón, no tenía vocación de gobernar. Como las cosas le iban mal pidió consejo al que siempre se lo había dado: el prior de su monasterio. El prior, oída la pregunta, cogió un cuchillo, fue al huerto y cortó las cabezas de los vegetales que más sobresalían. El rey aplicó el consejo y se produjo el hecho conocido como “La campana de Huesca”. Pues bien, los Supremos Mediocres que gobiernan nuestros partidos ni siquiera necesitan cortar las cabezas que más sobresalen. Son los arribistas de dichos partidos los que se cortan a sí mismo la cabeza, reprimiendo el pensamiento crítico y fomentando el servilismo y asentimiento. Llegamos a la paradoja de que en España, sólo los que son muy mediocres, los más mediocres entre los mediocres, pueden alcanzar el poder. Este es el misterio y la explicación de las listas cerradas.

Creo que como lección inaugural es suficiente. Resumiendo, sus señorías son unos maleducados, sencillamente por que son la flor y nata de la mediocridad de cada partido. Y de donde no hay, no se puede sacar nada.

Pero yo seguiré intentando sacar reflexiones y propósitos de enmienda. No de ustedes, sino del resto de mis conciudadanos, copartícipes de esa soberanía popular que ustedes, señorías, tan indignamente representan.

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Responses

  1. Más bien explicado, imposible. Eres un artesano de la palabra y del pensamiento. 🙂

  2. ¡Y tú eres un amigo! ¡Así da gusto!

  3. ¡Inaugural no, magistral! Ahora queda que sepan leer ( sus señorías
    ) para darse por enterados.

  4. No creo que sepan leer, Elisa. Y si saben, tres narices les importa. Yo escribo para aclarar mis ideas y, de paso, para que el pueblo también se aclare.

  5. 😄😊😜


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