Posteado por: fernando2008 | 30 julio 2012

Petros Márkaris. Con el agua al cuello.

Lo intento. Os aseguro que lo intento. Pero es superior a mis fuerzas. La crisis lo invade todo, incluso las playas de Cádiz. Hasta ellas llega el clamor de las manifestaciones. Y echar un vistazo a los periódicos o a la televisión, no ayuda en absoluto.

Para huir de esta realidad he intentado refugiarme en la lectura y “los dedos miserables” del destino, que diría Sabina, han puesto en mis manos esta novela. Si no quería un caldo, ahí van tres tazas.

Evidentemente no os voy a contar el argumento de una novela policíaca. Además, en las novelas del comisario Jaritos, como en las novelas del comisario Montalbano, o en las de Pepe Carvalho, el argumento es secundario. Lo importante es la descripción de los caracteres de los protagonistas, sus vivencias, sus visiones, sus olores e incluso la actuación de sus jugos gástricos. Es lo que caracteriza a la novela negra mediterránea, costumbrista y gastronómica. Si hubiese que defender esta clasificación que acabo de inventarme, la defensa sería de lo más fácil. De Camilleri, sólo hay que mirar el nombre de su comisario. De Márkaris decir que es el ganador del VII Premio Pepe Carvalho. Todo queda pues en familia.

En “Con el agua al cuello” el comisario Jaritos se enfrenta a cuatro crímenes. Un banquero, un inversor de fondos de alto riesgo, un directivo de una agencia de calificación y el gerente de una empresa que se dedica a cobrar a morosos, aparecen asesinados. El “modus operandi” no es en absoluto sofisticado: les cortan la cabeza. El asesino se asegura que los muertos que él mata queden bien muertos. Jaritos, evidentemente, resuelve el caso.

Hay muchas cosas que me gustan de esta novela. En primer lugar, el afecto que Márkaris tiene por España. El comisario Jaritos tiene que jubilar su prehistórico “Supermirafiori” y en vez de comprarse un coche japonés se compra un Seat Ibiza, practicando lo que él llama “la solidaridad con los pobres”. Casi al final de la novela nos obsequia con la crónica radiada de la final de la Copa del Mundo de fútbol. La hija y el yerno de Jaritos se deshacen en elogios a Iniesta y “San” Íker Casillas.

Pero no todo en la narración es agradable. La mujer de Jaritos sufre una fuerte impresión al ver como una vecina suya se suicida tirándose por el balcón. Dicha impresión es tan fuerte que la pobre señora de Jaritos estará varios días sin querer abrir sus ventanas para no ver dicho balcón. Desgraciadamente, éste no es un recurso de novelista. Entre enero y marzo del 2011, los suicidios en Grecia se han incrementado en un 40 %, poniendo al soleado país mediterráneo en el primer puesto que cuanto a suicidios se refiere de Europa, muy por encima de la depresiva y tenebrosa Suecia.

Jaritos no es una persona de izquierdas. Tiene un amigo comunista con el que se enfrentó en la época de la dictadura de los coroneles, el cual es una especie de conciencia crítica del comisario. O, por lo menos, era. Actualmente, el madero y el comunista están unidos, “nadando los dos en la misma mierda”. Por eso, cuando el comunista le acusa de torturar a los negros, Jaritos puede responder con una frase de contundencia socrática: “En Grecia nadie maltrata a los negros, porque ahora los negros somos nosotros”. Diga lo que diga Amanecer Luminoso.

Hay otras perlas en esta novela, como la definición de los ” hedge fund” que son para Jaritos como los anabolizantes: una vez que empiezas con ellos, no puedes parar y al final te destrozan.

Pero quizás lo más brillante es la disertación que hace un arrogante asesor inglés que regala su sabiduría al pueblo griego: “Los fuertes deben tener más dinero y privilegios que los débiles, porque los primeros son los que impulsan la sociedad, y si faltase ese impulso los débiles serían los primeros en hundirse. No es justo que los fuertes trabajen para los débiles. Si el estado quiere ser justo con los débiles que cobre impuestos a los ricos. Pero el estado griego no es capaz de hacerlo”. Ni el estado español, añado yo.

Para terminar, permitidme que os copie lo que Márkaris piensa de la Sociedad del Bienestar: “La Sociedad del Bienestar era una idea comunista, que Europa adoptó para frenar el avance comunista. La Sociedad del Bienestar se vino abajo en 1981. Desde entonces, sólo hay grupos de presión de obreros y empresarios que luchan por sus intereses”.

Tremendo ¿verdad? Me recuerda a una escena de la tragedia griega en la que Hécuba mira desde el barco aqueo que la lleva a la esclavitud el humo que sale de las ruinas de Troya y dice que en ese humo van todas las cosas que ella había amado. Quizás sea la mejor expresión gráfica de lo que va a ocurrir con nuestra Sociedad de Bienestar. Que se convertirá en humo si nos resignamos y no luchamos contra los que nos la quieren arrebatar. Que son pocos, en verdad, pero muy poderosos.

Ésta es una buena novela, y al mismo tiempo una novela “ejemplar”, palabra a la que aquí doy el mismo sentido que da Cervantes a sus novelas ejemplares. Y por si alguien no entiende este párrafo, cierro esta entrada con un chiste. Chiste que maldita la gracia que tiene.

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