Posteado por: fernando2008 | 26 mayo 2012

Mentiras, globos sondas y voluntarismo.

Soy un español atípico. Quiero decir con esto que no pienso automáticamente que quien no está de acuerdo conmigo es un malvado. Siendo partidario de ese relativismo tan denostado por la iglesia, y de no asentar mis creencias en verdades eternas e inmutables, pienso que el adversario, nunca enemigo, puede tener razón y puedo ser yo el que no la tenga.

Leoncio es un lector que ha hecho un comentario en la entrada anterior diciendo que no está de acuerdo conmigo. Dichas razones me han hecho pensar. Una razón, un escrito, un libro, deben provocar otra razón, otro escrito, otro libro. Nunca un insulto o un puñetazo. Por eso, voy a contestar a esas razones.

No es cierto que no se hubiese pensado nunca pagar a los jubilados. Tengo en mi poder el borrador de ese decreto y lo pongo a disposición de todos. Aquí lo tenéis. 192949 No he cambiado nada. Ni siquiera me he permitido poner las tildes que faltan. Sólo he puesto en color rojo unas frases. Leedlo y sacad vuestras propias conclusiones. Por cierto, no he conseguido dicho borrador metiéndome por los conductos de aire acondicionado de la Consejería y descolgándome luego cabeza abajo para llegar al ordenador. El documento lo ha publicado el periódico “Extremadura” Tiene exactamente el mismo aspecto que todas las órdenes de la Junta, y nadie lo ha desmentido. Ninguno de los tres partidos que forman la Asamblea de Extremadura ha hecho el más mínimo comentario. Por algo será.

Demostrado que no soy yo el que miente, y demostrado que ningún agente secreto ha robado el documento en una misión más o menos imposible, pasemos al segundo punto. En una época en la que se podía crear sin esfuerzo una democracia directa mediante las telecomunicaciones, se prefiere gobernar mediante globos sondas. Se lanza un rumor y se espera. Si el rumor es bien acogido, se confirma. Sí no es bien acogido, como en este caso, se desmiente. Nunca se pensó pagar a los jubilados. Ese documento no está encima de la mesa. Por supuesto. Supongo que en la Junta de Extremadura existirá archivadores. ¿O tienen todos los documentos encima de la mesa del presidente?.

Y por último, pasemos al voluntarismo. Las jubilaciones de los profesores, por lo que yo conozco, son de tres clases: una extraordinaria, para personas que tienen sesenta años de edad y treinta de servicios, y una normal a los sesenta y cinco años, que parece ser que va a ampliarse hasta los sesenta y siete, si no es otro globo sonda. Aquellos profesores que estén en plenitud de sus facultades y vocación, pueden solicitar seguir trabajando hasta los setenta años. Que ya está bien.

¿Se puede pedir más esfuerzo a los profesores? Claro que sí. Y a los fontaneros, a los agricultores, a los meteorólogos. El problema reside en el motivo de esos esfuerzos y en las consecuencias de ese esfuerzo.

Si el objetivo fuese levantar el país todos, o la inmensa mayoría estaríamos completamente de acuerdo. Pero es que vemos todos los días que no es así. Estamos llegando a unos niveles de sueldo y derechos sociales que nos acercan cada día más a los de Haití. Mientras, nuestros políticos y banqueros rozan ya el nivel de los de Kuwait. ¿Es justo y honrado seguir pidiéndonos que nos sacrifiquemos por esas élites insolidarias? Nuestros esfuerzos y nuestros pobres ahorros ¿deberán seguir siendo absorbidos por el agujero negro de nuestra banca, o por la insondable sima de los gastos de representación y protocolo?

Se debe pagar lo que se debe, desde luego. Pero debe pagarlo quien lo deba. Ya me ocupo yo, por la cuenta que me tiene, de pagar mis deudas, pero no voy a pagar las deudas ajenas. Si un autónomo se arruina, peor para el. No haber emprendido un negocio. Mientras, los grandes gestores que saquean sus bancos y cobran sueldos y comisiones inverosímiles, saben que tienen las espaldas bien cubiertas. Cuando la cosa trasciende, y ya se cuidan ellos de que trascienda lo más tarde posible mientras llenan sus cuentas en Suiza, inmediatamente el papá Estado llega al quite con nuestro dinero. El gestor primero se parte de risa, y luego parte a conseguir otro chollo.

Pero no nos desviemos del tema principal. Extremadura, que no aumenta su población desde 1930, y que tiene una tasa de envejecimiento brutal, adopta como solución impedir que los jóvenes puedan acceder a los puestos de trabajo. Esto permitirá ahorrar unos miles de euros, pero a costa de nuestra ruina demográfica definitiva. Llevando la cosa al límite, los genios que propusieron esta medida podrían encontrar más campo para sus recortes. Si los jóvenes extremeños no podrán trabajar en Extremadura ¿para qué gastar dinero en nuestra región en universidad e institutos? ¿Qué más da? Una partida que se ahorra. Y si lo profesores jubilados ¿qué más da?, salen más baratos que los jóvenes que acceden a la docencia ¿no saldría más barato en vez de pagarle un sueldo al presidente de la Junta poner en su lugar a algún presidente de la Junta jubilado? Total ¿qué más da?.

Desde que saltó la noticia a la calle, estoy oyendo opiniones desfavorables de todos. De todos menos de nuestros representantes políticos. Sólo el presidente de la Junta ha dicho que el decreto no está encima de su mesa ¿Estará ya en la imprenta?.

No sería yo profesor de Historia por vocación, si no terminase esta entrada con una lección. No os preocupéis. No tenéis que pagarme nada. Ni siquiera darme un diploma de profesor emérito. La carpeta donde guardo mis diplomas pesa exactamente dos kilos.

Había una vez, un señor que se llamaba Pedro. Era tímido, cobarde y estaba dominado por su esposa, una lagarta de cuidado. Pero todas estas malas cualidades las compensaba con una notable testarudez. Él siempre tenía razón. Y cuando llegó al trono del imperio, decidió que la suya era la única opinión que valía la pena considerar. Decidió que los filósofos eran unos charlatanes y cerró la Academia de Platón. Decidió que todas las religiones, excepto la suya, eran falsas y las prohibió. Decidió que los bárbaros no habían acabado con el imperio de Occidente; en realidad estaban allí porque él los había mandado. Decidió que como él creía en los dogmas de la Trinidad y la Encarnación, esa creencia debía estar reflejada en las leyes civiles. Decidió que nadie podía llevarle la contraria. Y decidió cambiarse de nombre y llamarse Justiniano, que sonaba como más fino.

El pueblo tragaba y callaba. Hasta que un día Justiniano aumentó los impuestos, debido a que tenía que pagar a los persas, sus amados aliados pero que le cobraban por no atacarle. Aprovechando que se jugaba la Copa del Emperador entre los Verdes y los Azules los hinchas comenzaron a silbar y a montar bronca, y terminaron quemando media Constantinopla. Hubo que llamar aprisa y corriendo al general Belisario, el cual anunció que iba a negociar con los rebeldes. Los reunió, y las negociaciones fueron tan bien que se calcula que hubo treinta mil muertos.

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Responses

  1. Como siempre, certero y agudo, pero tan comedido, que te tengo que reñir con todo el cariño del mundo, querido amigo. Estamos rodeados e inmersos en la corrupción, con un montón de sinvergüenzas y mala gente y esa mala hierba hay que extirparla. Sea como sea.
    No podemos consentir que esa mala gente ni nos gobierne ni salga impune de todas las fechorías que nos hacen. No puede ser.
    No puede ser que quien debe ser ejemplo de todos los ciudadanos haga de su capa un sayo y se mofe de las Leyes que creamos para tener una convivencia leal y pacífica.
    No puede ser que quien robe no devuelva lo robado. No puede ser que quien administre mal nuestros dineros le salga gratis esa fechoría.
    No puede ser que nos tomen por tontos todos los días.
    No puede ser que permanezcamos quietos cuando nos vacían nuestras carteras con los argumentos más insultantes.
    No puede ser que estemos tan adocenados que todo no parezca bien.
    No puede ser que la justicia esté en manos de quién se asombra de que no comprendamos que precisa ir a Puerto Banús en estas semanas caribeñas que por justicia divina le corresponde y con cargo a nuestros bolsillos y eso, sin pestañear y sin justificarse pero eso sí…con el Opus Dei como paraguas y hábito. (En mala hora lo nombraste, Zapatero. Otra de tus hazañas)
    No puede ser que los ciudadanos que nos precedieron y que entregaron su vida y sangre en un reto a la libertad y el honor, vean mancillado su tremendo esfuerzo para un mundo mejor.
    No puede ser que nos demanden este esfuerzo enorme cuando los que nos gobiernan no han hecho el más mínimo sacrificio económico rebajándose ellos su salarios.
    No puede ser que…
    Estoy harto, amigo. 😦

  2. Y yo, Jomer. Fíjate si estoy harto, que estoy escribiendo más que nunca.

  3. Por cierto. Ríñeme. Así te leerán aquellos que me califican de exaltado peligroso.


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