Posteado por: fernando2008 | 23 mayo 2012

Ley, justicia, razón.

 
¿Qué ley, justicia o razón
negar a los hombres sabe
privilegio tan suave,
exención tan principal,
que Dios le ha dado a un cristal,
a un pez, a un bruto y a un ave?
Calderón de la Barca. “La vida es sueño”.

Dicen que el asombro es el comienzo de la ciencia. Esto lo será en otros países. En España, el asombro es el comienzo de la indignación. Y, dado que nos estamos asombrando constantemente ante las noticias que aparecen en los periódicos, el asombro está dejando paso al aburrimiento.

Puede que en nuestro país existan la ley, la justicia y la razón. Puede. Pero, lo que está fuera de dudas, es que no coexisten. Si se cumple la ley, no se hace justicia. Si se hace justicia es gracias a que no se cumple la ley. Y ni la ley ni la justicia está en España de acuerdo con la razón.

Hace tiempo, un banquero fue condenado. Dicho banquero solicitó un indulto al gobierno, argumentando que si cumplía su condena no podría volver a ejercer de banquero. El gobierno, clemente él, se lo concedió. A nadie se le ocurrió pensar que la ley estaba hecha precisamente para que personas como el condenado no pudiesen dirigir bancos. Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen sentido.

En marzo del 2008, la Guardia Civil detuvo a un automovilista que circulaba por una carretera de Extremadura a la prudente velocidad de 187 kilómetros por hora. Además, conducía sin haber tenido jamás carnet de conducir. La justicia, lenta pero segura, ha dado hoy su veredicto: inocente. Conducir sin carnet, entonces no era delito. Yo, en mis cortas luces, me pregunto para qué tuve que sufrir la desagradable experiencia de sacármelo.

Aceptemos que conducir sin carnet no sea delito, pero ¿no es delito circular a 187 kilómetros por hora en las pésimas carreteras extremeñas, poniendo en peligro la vida de todos los demás viandantes?. Sí, pero sólo si la persona tiene carnet. Una persona con carnet de conducir comete delito si va a esa velocidad. Si no tiene carnet, todo se reduce a una simpática travesura. Es la ley. Y a mí, aplicando la razón, se me ocurre establecer la siguiente casuística: si una persona mata a otra a tiros, sólo podrá considerarse homicidio si el asesino tiene permiso de armas. Si no lo tiene, habrá cometido una simple falta de educación. Por cierto: el veloz conductor detenido en marzo, volvió a ser sorprendido en mayo de ese mismo año, y por los mismos motivos. Lógico.

La tarea más desagradable de mi profesión docente, siempre ha sido formar parte de un tribunal de oposiciones, tribunal que juzga a los licenciados que quieren entrar en el cuerpo de profesores. Aparte de lo desagradable de la tarea, estaba la dureza de las condiciones climáticas. Cáceres en julio no es un lugar propicio para trabajos intelectuales de ese calado. Los pobres opositores, conscientes de que se jugaban su futuro, sudaban la gota gorda exponiendo sus conocimientos ante el tribunal, en unas aulas llenas de sol y calor, ninguna de las cuales ha conocido jamás el aire acondicionado. Los miembros del tribunal intentábamos paliar en lo posible la dureza de la situación, proporcionando a cada opositor un vaso de agua, fría al comienzo de la mañana, pero francamente caliente a medida que avanzaba el día.

Pues incluso en eso tuvimos problemas. Un día llegó de lo alto la queja de que se gastaba mucha agua. Rojo de vergüenza tuve que salir y comunicar a los opositores que a partir de ese momento, cada uno debía llevar al aula de exámenes su propia botella.

Esta anécdota, de los años en que teóricamente España iba bien, viene a cuento de la noticia que estamos leyendo estos días. El presidente del Poder Judicial es cuestionado porque ha saltado a los medios de comunicación que hizo veinte viajes a Marbella. No está claro si todos fueron de trabajo (¿qué tendrá Marbella que tanta atención judicial reclama?) y si dicho señor trabaja “pro bono publico” tantos fines de semana. Lo que sí está claro es que el teniente fiscal del Supremo “considera normal que el presidente del Supremo no hiciese constar en los documentos que dirigía al Consejo para el reembolso de los gastos, el motivo concreto del viaje”. ¡Marx mío! ¡Y nosotros, miembros de un tribunal de oposiciones obligados a ejercer ese trabajo ingrato teníamos que justificar cada folio y cada grapa! Y no digo ya nada de las dietas, examinadas con lupa peseta a peseta y pagadas al año siguiente. Además, por si la cosa no queda lo suficientemente clara, no son solamente los gastos que ocasionan los viajes del presidente. Hay también gastos protocolarios y los gastos cargados al Consejo bajo el concepto de “atenciones protocolarias”, “no exige la identificación de la persona o personas objeto de las mismas”. No me extraña que se haya archivado la denuncia. Supongo que el señor presidente del Consejo General del Poder Judicial estará muy de acuerdo con los recortes en sanidad y en educación.

José Antonio Girón de Velasco, ministro de Trabajo con Franco y falangista de pro, definía la ley, la justicia y la razón de la siguiente manera: “A los amigos, el culo. A los enemigos, por culo. A los indiferentes, la legislación vigente”.

¡Tiempos felices aquellos! Al menos a algunos se les aplicaba la legislación vigente.

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Responses

  1. Cada día que pasa me convenzo más de que el eslogan que salió el año pasado el 15 de marzo, es el más acertado que se ha creado en muchos años:
    “No hay pan para tanto chorizo”. 😦

  2. El problema es ¿por qué han aparecido tantos chorizos?

  3. Muy simple… este es un país en el que todo el poder está corrompido y en lugar de corregir este dislate, se mira hacia otra parte y se procura tomar un trozo de ese pastel que están comiendo esos personajes. Hacer lo mismo que ellos ya que no ocurre nada.
    Rectifico: A los “robagallinas” sí. A esos, caña, mucha caña a ver si aprenden de una vez.
    ¡Vaya porquería de país! No hay ética, no hay estética, no hay vergüenza, estamos rodeados de inmorales, pícaros, ladrones y cazadores de alto copete que se llevan sus dineros de nuestro bolsillo sin ningún rubor.
    ¿Que paren el mundo que me bajo!

  4. No hay que bajarse. Hay que poner remedio.

  5. Podríamos comenzar cantando “La Marsellesa” con todas sus consecuencias y efectos. ¿No te parece?

  6. Podíamos. Y luego levantar el estandarte ensangrentado, pero ¿con la sangre de quién?

  7. Me tiras de la lengua… Ya sabes de quién. De todos aquellos que ofenden nuestra nación, vida y honor. De todos aquellos que son indignos de llamarse “ciudadanos”.

  8. Jomer, entonces no tendríamos chorizos. ¡Tendríamos morcillas para poder aprovechar tanta sangre!

  9. No digo yo que sea mala idea. 🙂

  10. Pues ¡ Allons enfants de la Patrie!


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