Posteado por: fernando2008 | 23 febrero 2012

Postrado en el lecho del dolor.

Hacía años que no sufría una gripe tan maligna. Los escalofríos recorren mi cuerpo; la tos hace que tenga agujetas en la barriga; mi cabeza está como un tambor. Y mi nariz, ¡ay mi nariz! Mi nariz es una fuente bíblica de la que mana alternativamente sangre y agua.

Entre lo malito que estoy y lo vago que soy, no he encontrado ni un segundo para escribir. Sin embargo, no me he permitido estar ni un solo día apartado de la actualidad nacional e internacional. ¡Ventajas de ser el afortunado propietario de un iPad! Cada día me imponía el deber de, con mayor o menor interés, seguir las noticias. Lo hacía por las mañanas, cuando estaba libre de fiebre. Aunque, a veces, no lograba distinguir lo que eran noticias reales o desvaríos de mi mente febril. Juzgad vosotros mismos.

Estamos todos los días siendo bombardeados con noticias sobre la prima de riesgo, las posibles quiebras de los estados, el déficit, etc. Sin embargo, una semana sí y otra también, aparecen noticias de subastas de deudas. Y dichas subastas se cubren. Todas las semanas, todos los estados sacan a subasta deuda. Esa deuda que es el cáncer de la actual economía. Esa deuda que, para pagarla, hace arder las calles de Grecia y está comenzando a hacer arder las de España. Y siguen, y siguen, como el famoso conejito. Quienes hacen esa aberración no son los malignos mercados: son los propios estados que luego implantan, “manu militari”, los temidos ajustes. El enemigo está dentro. O mejor, todos están dentro. Los que estamos fuera sólo somos nosotros, los ciudadanos corrientes. ¿Cómo podemos luchar contra esto? Pues a mí sólo se me ocurre una idea, que en realidad no es mía, sino de Mao Tse Tung, el Gran Timonel, cuando en plena Revolución Cultural escribió: “Disparad contra el cuartel general”.

Seguía, en mi delirio febril, la evolución de las primas de riesgo, temiendo encontrar un día la noticia de que España era intervenida. Temía y temo que todos los ajustes pasados, presentes y futuros no fueran suficientes. Me preguntaba, en mi delirio cuántos sacrificios debíamos ofrecer en el altar de la señora Merkel. Me parecía inexplicable que de todas las reuniones, cumbres y conciliábulos no saliera de una vez por todas el deseo de arreglar la economía de la zona euro, estableciendo una deuda única europea. ¿A qué esperaban?

Bueno, ahora lo sé. El problema es que la respuesta me parece más producto de la fiebre que de la razón. Actualmente los mercados, léase el capital, no sólo no cobran intereses por prestar dinero al gobierno alemán; pagan gustosos dinero por el privilegio de tener deuda alemana. Si te llevan el dinero a casa, y te pagan para que te lo quedes, reconozco que no habrá por parte de los alemanes ninguna prisa en arreglar dicha situación. ¡Bien arreglada está para ellos!

Grecia está pasando la peor calamidad de su historia desde el incendio de Atenas por los persas o desde la matanza de Quíos. El capital ha conseguido lo que no consiguieron ni Jerjes ni los turcos: hacerlos pasar bajo el yugo. ¿Para conseguir qué? Desbloquear un tramo de su rescate. Pero que nadie se llame a engaño. Ese dinero, al correspondiente interés no es para Grecia. Va a una cuenta cerrada, dedicada exclusivamente a pagar los intereses de su deuda. La vaca sigue siendo ordeñada; lo único que cambia es que ahora la vaca ya no come. ¡Y sin embargo, los griegos protestan! ¡Qué barbaridad! ¿No podían morir de hambre educadamente, sin armar escándalo?

Mientras, en España, no hay crédito. ¿Por qué? Pues porque los bancos españoles reciben los créditos del Banco Central Europeo al 1% y en vez de conceder a su vez créditos, se dedican a comprar la famosa deuda productora de la crisis, deuda por la que reciben el 5%. Ya puede el Banco Central europeo conceder 118.900 millones de euros al día, de los cuales el 30% va a los bancos españoles. Las empresas no verán ni un euro. Es más rentable y seguro invertirlos en deuda y luego hacer subir el interés de esa deuda proclamando a grandes voces que están corriendo mucho riesgo. El interés nacional sólo aparece en los chistes de los periódicos.

Estoy demasiado malito para hablar de Garzón. Prometo una entrada específica cuando me encuentre mejor. Y tampoco hablaré, todavía, de Urdangarín. Sólo me referiré a las declaraciones de su tía política mandando callar a la prensa. Calificar esa actuación de “borbónica” es inexacto. Ni la propia Isabel II se hubiese atrevido a tanto. En, sencillamente, un rasgo que define el carácter de esta señora. Para que os hagáis una idea más ajustada de dicho carácter, os contaré un cotilleo. Cuando dicha señora llegó a la edad casadera, su familia decidió que un buen partido sería el rey Balduino de Bélgica. Se organiza una visita de la joven casadera a Bruselas, pero dicha joven no podía ir sin una dama de honor. El problema era encontrar una dama de honor lo suficientemente poco agraciada e insignificante para que no hiciese la competencia a su señora. Se decidió que dicha dama fuese Fabiola de Mora y Aragón.

Cuando leí que Valencia ardía, pensé que estábamos ya a mediados de marzo. Pero no. Estamos todavía en febrero. Resulta que Valencia se ha llenado de enemigos. ¡A las armas, ciudadanos! Aunque, la verdad, viendo la foto de estos “enemigos” no parecen muy temibles. Son alumnos de Secundaria, ruidosos sí, pero inofensivos. Más inofensivos que nuestro ministro de Educación José Ignacio Wert, el cual, con bastante poca educación acusa al P.S.O.E. de estar detrás de la protesta. ¡Qué ingratitud! ¡Con todo lo que el P.P. ha apoyado al P.S.O.E. cuando éste estuvo en el gobierno!. Como además de Educación, es ministro de Ciencia pregunta, llevado por su espíritu científico, si los alumnos de Secundaria tienen setenta y un años.

Sí, señor ministro. Los alumnos de Secundaria de este país tienen setenta y un año, pico córneo y cola con escamas.

Estaba ya prácticamente recuperado de mi gripe, cuando tuve la mala suerte de leer una declaración de don Esteban González Pons, doctor en Derecho y profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valencia (¿Pero qué demonios está ocurriendo en Valencia?) “El apelativo cristiano no tiene connotación religiosa. Es simplemente una manera de caracterizar a determinados partidos políticos del centro y del centro-derecha europeo”.

¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? ¿Dónde está el ibuprofeno?.

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Responses

  1. Como no te mejores con la que está cayendo, te doy con un palo en la cabeza a ver si espabilas, Maestro.

    Ayer tuve un sueño… pero es tan extraño que lo tendré que escribir en mi blog. No me queda más remedio.

    Un abrazo y no te escandalices que más gordas las vas a ver, porque temario hay y de sobras. 😀

  2. Eso quiero, Jomer, mejorarme. Avísame con lo del sueño ¿Sale en él Rajoy?

  3. Pues no… Salgo yo como Presidente de la República de Hispania. La cosa tiene su miga. De ahí que engo que escribirlo en el blog. 🙂

  4. ¡Jomer presidente, Rajoy que reviente! Me gusta ese sueño. Estoy seguro que será un sueño profético.

  5. Tu fiebre no es tan alta como percibes,es mi humilde opinión. No son alucinaciones…este país es de locos, el mundo es de locos. Las noticias son reales, los monstruos son reales. Fernando, estás mejor de lo que te parece, pero remata de una vez y cúrate del todo, ahora, atente a las consecuencias porque la realidad, sin el letargo de la calentura, es peorrrrrr. Un abrazo.

  6. Me temo Elisa que tienes razón. Un abrazo.

  7. Que las ruinosas circunstancias de esta España nuestra no impidan tu pronta recuperación. Un saludo!

  8. ¡Gracias, sobrino!


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