Posteado por: fernando2008 | 26 enero 2012

Miré los muros de la patria mía.

Cáceres, doce de la mañana de un soleado día de invierno. Ante mi coche se abre una recta y kilométrica avenida. Todas las luces de los semáforos están en verde. Pero un presentimiento me hace disminuir la velocidad al llegar a un paso cebra, en cuyo semáforo brilla la luz roja para los peatones. Y, efectivamente, allí están. Cuatro jovenzuelos cruzan el paso a toda velocidad. No me enfada el hecho de que crucen en rojo. Lo que me enfada, y me hace reflexionar, es que crucen todos mirando hacia atrás, sin preocuparse en absoluto del semáforo, de los coches, del resto del mundo. Ellos quieren cruzar, y lo hacen. Todos los demás, deberán plegarse a sus caprichos.

Copenhague, cuatro de la madrugada. Salgo del hotel Sheraton a la ancha y kilométrica avenida Gamal Songevej. Ni un coche en varios kilómetros, pero un grupito de peatones que han salido del hotel un minuto antes que yo, esperan disciplinadamente a que el semáforo se ponga en verde. Sólo cuando esto ocurre, cruzan la ancha avenida.

No. No voy a establecer una comparación entre la educación para la ciudadanía de los daneses y los españoles. Hoy quiero escribir sobre la inconsciencia.

Creedme, no me preocupa en absoluto que nos invadan olas de erotismo, ateísmo, relativismo, judaísmo, marxismo o masonería. Lo que realmente me preocupa, a lo que tengo un miedo cerval es a la ola de inconsciencia que nos invade. Y nos invade a todos los niveles.

Comencemos por el nivel más alto, el de la jefatura del Estado. Entre las funciones arcanas y misteriosas que tiene la monarquía, dicen que la primera es la ejemplaridad. Sin embargo, pienso que si yo debo hacer una cosa, no tengo por qué esperar a que alguien me dé ejemplo. Cuando tenga que hacer algo, lo haré. Sin más. Incluso Tomás de Aquino, figura nada sospechosa de izquierdismo, establece que se debe seguir a la propia conciencia, aunque luego se descubra que nos hemos equivocado. Por lo tanto, no necesito ejemplos. Pero si los necesitase, no serían edificantes los ejemplos que recibo de la Casa Real: cuando se sabe que un miembro de dicha casa está delinquiendo, lo único que hace es obligarle a cambiar de sitio su residencia. Y que nadie intente convencerme de que una esposa, cuando ve que entre sus bienes aparece un palacete, mira para otro lado y finge sorpresa. Por favor, no me den ejemplos. Prefiero que simplemente no cometan delitos.

Pasemos al poder ejecutivo. Hay tantos ejemplos de la inconsciencia de dicho poder, antes y ahora, que dudo cuál elegir. Por lo tanto, prefiero decir una vez más, que los ciudadanos no somos tontos, sabemos leer y tenemos memoria. No se puede atacar al gobierno anterior acusándolo hasta la saciedad de ser responsable del mayor recorte en derechos sociales de toda la democracia, y cuando se consigue el poder, inmediatamente realizar una subida de impuestos y unos recortes que dejan los realizados anteriormente a la altura del betún. No se puede escudar un gobierno en el tópico de que no sabían con lo que se iban a encontrar cuando la mayor parte de las autonomías están gobernadas por el P.P. Ese argumento salpica además al Tribunal de Cuentas y a la Intervención del Estado. ¿No sirven para nada ambos organismos? ¿No quedamos en que el traspaso de poderes fue ejemplar?

Me miro a mí mismo, miro a las personas que me rodean y no puedo por menos de preguntarme ¿Tan difícil soy de gobernar? Tengo sobre mí, con autoridad sobre mi persona y soportados por mis impuestos, un montón de poderes ejecutivos. El del Estado, el de la comunidad autónoma, el de la provincia, el de la mancomunidad, el del municipio, el de la tenencia de alcaldía. Ni el mismísimo Espartaco soportó tanta presión. Debo, por lo tanto, ser más rebelde que este gladiador. Pero no acierto a encontrar en mí dicha rebeldía.

Quizás la respuesta a mi pregunta está en esa definición de la política como el arte de hacer felices a los pueblos. Si la política se basa, como dicen algunos autores, en un contrato social por el cual yo cedo parte de mi libertad (y de mi dinero con los impuestos) a cambio de seguridad y buen gobierno, creo que me están estafando. Por el precio que pago tendría derecho a ser gobernado por Marco Aurelio. Y, sin embargo, en la realidad estoy gobernado por Carlos II. ¿No sería conveniente aplicar el baremo de la productividad al sueldo de nuestros políticos?

El poder legislativo, no sale mejor parado de este examen. Multitud de diputados y senadores, manadas de representantes autonómicos ¿para qué? En el mejor de los casos, para apretar el botón correcto. En el peor, para equivocar el botón. Reciben opíparos sueldos, prebendas de todo tipo y devuelven, broncas. Diga lo que diga el partido del gobierno, el partido de la oposición dirá que no. Pero, cuando se da la vuelta la tortilla, asistimos estupefactos al hecho de que “lo que antes ser fatal, permanecer todo igual, hoy resultar excelente”. Sí, Cuervo Ingenuo; nos están tomando la cabellera.

 

El poder judicial no le va a la zaga. Respetemos la presunción de inocencia, respetemos la labor de los jueces, acatemos las sentencias. De acuerdo. Pero pensemos. Las escuchas a los abogados realizadas por el juez Garzón, ésas que hacen tambalearse el Estado de Derecho, fueron aceptadas por la fiscalía y la policía y fueron continuadas por el juez que tomó el relevo de Garzón. ¿No hay prevaricación también ahí? ¿No hacen tambalear dicho Estado las escuchas a los abogados y detenidos del caso Marta de Castillo? Y, hablando de Marta del Castillo, se dice que no se puede legislar en caliente. El bestial asesinato de Sandra Palo fue en el 2003. ¿Todavía no lo han enfriado sus señorías?

Se hace difícil, muy difícil mantener la ecuanimidad ante las actuaciones de nuestra justicia. Se hace muy difícil aguantar ante el hecho de que un juez que investiga una trama corrupta sea obligado a sentarse en el banquillo antes que los propios delincuentes. Se hace muy difícil aceptar que las personas que se comunican con las frases “Amiguito del alma” y “Te quiero un huevo” sólo tengan una relación profesional. Se hace difícil pensar que cuando se hace un regalo con el cual “se han pasado tres pueblos” el regalo sea eso: porque sí, porque me apetece. Ni siquiera por amistad, ya que la relación es, como antes decíamos, meramente profesional.

¿Qué otras instituciones quedan? ¿La Banca? ¿La Banca que recibe dinero del Banco Central europeo al 1%, lo invierte en deuda soberana al 6% y clama que no se fía, que teme que no se le devuelva, y hace subir la prima de riesgo? ¿El capital, mal llamado mercados, que grita a todo aquel que quiera oírle que para acabar con el paro hay que abaratar los despidos y que para reactivar la economía hay que bajar los sueldos? ¿Las grandes empresas, amenazando con llevarse sus filiales a otros países donde los contratos sean aún más contratos-basura? ¿Las grandes fortunas que, pagando un 1% de impuestos amenazan con llevarse su dinero a los paraísos fiscales? ¿Los capitanes que se hunden con su barco? ¿La Iglesia? Obsesionada con la fornicación, con vicepresidentas que no deben ser pregoneras de la Semana Santa por estar casada sólo por lo civil, con profesoras de Religión que tampoco pueden ejercer su trabajo por estar casadas con divorciados. Pero, faltaría más, no está en absoluto obsesionada la Iglesia con la pederastia ya que, como dijo un obispo “los niños de trece años provocan”. Si a él le provocan esos niños, por algo será.

Pero sigamos bajando. Algunos se preguntan por qué, dada esta situación el pueblo no se levanta. La respuesta a mi juicio es clara. El pueblo no se levanta porque también está sumido en la inconsciencia y en las corruptelas. Muchas personas viven bordeando el paro. Traban unos meses, consiguen la prestación y ¡a vivir! Dentro de un año nos replantearemos la situación. No hay prisa. Y mientras, siempre tenemos la posibilidad de realizar chapuzas, por supuesto sin factura. Nosotros vivimos de las prestaciones, de las subvenciones y de las ayudas que salen de los impuestos de… los demás. Contad conmigo para cobrar, pero no contéis conmigo para tributar. Y normalmente les sale bien, como normalmente los chicos que cruzan un paso cebra sin mirar consiguen cruzar sin percances. Pero, tarde o temprano, estos inconscientes serán arrollados por un conductor distraído, o por una crisis económica mundial.

No, no tengo un mal día. Es un día tan bueno como otro cualquiera. Lo que ha desencadenado esta reflexión ha sido la escena de los muchachos en el paso cebra y la lectura de un artículo sobre los aeropuertos españoles que ya no funcionan o que nunca han funcionado. Cuando he sabido que en España tenemos cuarenta y siete aeropuertos y en Alemania hay veinticuatro, me he puesto a pensar a mirar a mi alrededor “y no hallé cosa en que poner los ojos que no fuese recuerdo de la muerte”.

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Responses

  1. Se ve que con la jubilación has aumentado tu dosis diaria de Serpaisina y tus nervios lo están notando. Relájate un poquito, amigo Fernando.

  2. Bienvenido, Ángel del Señor a mi humilde bitácora. ¿Qué es la Serpaisina?

  3. Maravillosa exposición, Maestro y creo que con tu jubilación has conseguido aumentar tu dosis de crítica inteligente, sagaz, brillante y admirable.

    No puedo añadir nada más que “A por los inconscientes” que nos están amargando los pocos años de vida que nos quedan. 😦

  4. Querido Jomer ¡Así da gusto escribir! Sigues siendo el presidente de mi club de fans.
    Pero no estoy de acuerdo contigo en una cosa: “Los pocos años de vida que nos quedan”. Jamás había hecho tanto deporte ni me había cuidado tanto como ahora. Con eso espero vivir muchos, muchos años.
    Un fuerte abrazo.


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