Posteado por: fernando2008 | 22 enero 2012

Carlos Aurensanz Sánchez. Banu Casi. Los hijos de Casio.

Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento.

Montesquieu.

 

Dicen las malas lenguas, que cada disparo e incluso cada puñetazo que se dio en la conquista del Oeste, están inmortalizados en una película. Sin detenerme a juzgar la colonización norteamericana, y a compararla con la española, creo que la frase es razonablemente exacta. Los colonizadores del Far West, sacaron una doble ganancia a su gesta: en primer lugar, se quedaron con las tierras de los indios. Luego, Holywood acrecentaría esas ganancias con las innumerables películas sobre el tema.

En España no hemos tenido esa suerte. Desde luego tampoco hemos tenido la de que nuestra historia se lea con aburrimiento. La historia de España es muy entretenida. Nunca nos ha faltado, excepto en los últimos treinta años, guerras, sangres, traiciones, lágrimas y muertes. Muchas muertes, muchos sufrimientos y un increíble derroche de recursos para conseguir estas muertes y estos sufrimientos. España siempre ha sido, como decía el título de una de las películas de mi niñez “El valle de las espadas”. A veces me pregunto qué hubiese ocurrido si en vez de dedicar tanto esfuerzo y tanto dinero a matarnos los unos a los otros, nos hubiésemos dedicado a convivir en paz y a crear riqueza. Y no sé qué responderme. No puedo responderme porque no encuentro nada parecido en la historia universal. Pero nuestra historia, a pesar de tener mil veces más peripecias que la historia norteamericana, no ha gozado de tanto éxito ni en las películas ni en las novelas. Por eso me ha resultado tan interesante esta obra de Carlos Aurensanz, una novela histórica sobre la figura de Musa ibn Musa, “el tercer rey de España” para sus admiradores, o “el moro Muza”, el coco para los niños cristianos primero y luego sujeto de canciones y chistes, cuando murió.

A comienzos del siglo IX Muza ibn Muza había intentado crear en los alrededores de Tudela uno de estos espacios de paz y tolerancia. Era descendiente del conde Casio, noble hispano-visigodo que se convirtió al Islam e incluso acompañó a Musa ibn Nusair a Damasco. Allí juraría fidelidad al califa Walid I y éste le confirmaría como gobernador de Tudela. Su hijo Fortún le sucedería en el mando y luego su nieto Muza I y, por último Muza ibn Muza, el protagonista de la novela. La mitad de la familia de los Banu Casi era musulmana. La otra mitad cristiana. Esto le permitía tener unas relaciones aceptables con los cristianos al norte, tanto con los carolingios como con los vascones de Bambaluna (Pamplona) y, al sur, con el emirato de Córdoba.

No voy a contar el argumento de esta novela. Sólo diré que está perfectamente construido sobre la verdadera historia. Tan bien construido está que la supuesta batalla de Clavijo, batalla que no se sabe muy bien si se dio o no, se llama en esta novela la batalla de Albelda y que en su relato no aparece ni por asomo la figura de Santiago Matamoros. Para Aurensanz, fue una batalla más, sin ninguna intervención sobrenatural, cosa que es muy de agradecer.

El único fallo histórico que veo en la novela, es que el autor hace morir a Muza en Tarazona, de una herida producida por el marido de su nieta, cuando marchaba hacia Tudela. En realidad Muza se repuso de la herida y murió tranquilamente en Tudela. Pero ya sé que las muertes en la cama no gozan del favor de los novelistas.

Toda novela debe tener un malo. Ésta tiene varios. Permitidme que elija a mi malo favorito. Abd Allah, hijo de Kulayb gobernador de la marca de Zaragoza, creyendo contar con el favor del emir cordobés, le hace la vida imposible a Muza. Llegará hasta el extremo de nombrar a su hermano valí de Tudela, el centro de las tierras de los Banu Casi y la amada ciudad de Muza. Por supuesto, el emir todavía recuerda los buenos servicios de Muza, recuerdo al que no es ajeno un amigo de la niñez carpintero, y devuelve a Muza su primacía. Pues bien, este Abd Allah es un viejo conocido mío. Su nombre aparece en la lápida que está sobre la puerta principal de la alcazaba de Mérida. Mira por donde, tengo un conocido en la novela. Hay que tener amigos hasta en la puerta del infierno. Más adentro, no.

Es un libro entretenido, habla de nuestra historia, es un canto a la convivencia pacífica de las personas de distinta religión y los papeles de buenos y malos se reparten equitativamente entre musulmanes y cristianos. Además, tiene al final un glosario con los términos árabes empleados.

¿Qué más se puede pedir a una novela?

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