Posteado por: fernando2008 | 16 octubre 2011

El bautismo de Cristo. Doménico Ghirlandaio.

 
 Quant’è bella giovinezza
che si fugge tuttavia!
Chi vuol esser lieto, sia:
del doman non c’è certezza.
Lorenzo de Médicis “El Magnífico”.
 

En mi ya larga carrera de escritor, he recibido peticiones de todo tipo para que escribiese sobre los asuntos más dispares incluyendo, como no, el abastecimiento de aguas de Cáceres. A unas he hecho caso y a otras no. Soy muy estricto en la elección de mis temas. Sólo escribo sobre lo que sé, sobre lo que me apetece y sobre lo que me da la gana. Como veis, soy un hombre de firmes convicciones.

Edgar me ha pedido que le haga un comentario sobre el “Bautismo de Cristo” de Ghirlandaio. Es la primera vez que una persona, que no es alumno, me pide esto. Por lo tanto realizaré el comentario con sumo gusto.

Empecemos por el lugar: Florencia, la maravillosa ciudad-estado a orillas del Arno. En la época en que Ghirlandaio pintaba la capilla Tornabuoni (El contrato para pintarla lo firma el 1 de septiembre de 1485 y trabaja en ella hasta 1490) es una ciudad grande (unos cien mil habitantes) y rica debido a la industria primero de la lana y luego de la seda. Tiene las instituciones del gobierno republicano, pero en realidad quien manda allí es la familia Médicis, los banqueros más importantes en una ciudad de banqueros. Cosme de Médicis no tiene al principio ningún cargo. Sólo el honorífico de “Padre de la Patria”. Paseaba por Florencia en una mula, sin ningún tipo de escolta. Pero era “El Padrino”, una institución que siempre ha estado presente en la vida política italiana. Su nieto Lorenzo “El Magnífico” que se ve obligado a tomar las riendas del gobierno florentino a los veinte años, sí llevaba escolta. Entre otra cosas porque intentaron asesinarlo en la mismísima catedral de Florencia. Lorenzo se salvó herido, pero su hermano Julián murió de diecinueve puñaladas. El pueblo de Florencia, que lo idolatraba, se levantó contra los Pazzi, la familia rival que había organizado el atentado, mató y arrastró a Francisco Pazzi por las calles. A otro de los conjurados el arzobispo de Florencia Salviati, lo revistieron de pontifical y lo ahorcaron de una ventana del Palacio de la Señoría. El hijo de Lorenzo, Piero, no era querido en absoluto por los florentinos. Para impedirle entrar en el Palacio de la Señoría le tiraron un banco, que no le dio a él, sino que rompió la mano izquierda del “David” de Miguel Ángel que entonces estaba en la plaza. En la confusión, un niño recogió la mano y la mantuvo escondida hasta que se calmaron los ánimos. Ese niño se llamaba Giorgio Vasari.

En Florencia en esta época se produce la mayor concentración de genios por metro cuadrado que se da en la historia desde la Atenas de Pericles. Botticelli tenía un bar-restaurante a medias con Leonardo da Vinci. El negocio quebró porque Leonardo hacía demasiados experimentos en la cocina. Miguel Ángel paseaba solo “como un verdugo” según comentario de Rafael. Maquiavelo era un funcionario municipal que escribía en sus ratos libres. Carlos VIII de Francia “visitaba” Florencia con sus tropas. Savonarola alegraba las mañanas de los domingos con sus sermones. Y el papa Borgia lo vigilaba desde lejos. No faltaba nadie.

Ghirlandaio se llamaba en realidad Doménico di Tommaso Currada di Doffo Bigordi. El apodo de le viene de que su padre hacía guirnaldas en el Puente Vecchio. No es mal apodo si lo comparamos con el de Alessandro di Mariano di Vanni Filipepi, alias Botticelli, que significa “tonel de vino”. Pinta numerosas obras en Pisa, San Giminiano y la Capilla Sixtina hasta que la familia Sassetti le encarga la decoración del altar mayor de la iglesia de Santa María Novella. Pero con la Iglesia hemos topado. Francisco Sassetti quería que fueran escenas de la vida de su tocayo Francisco de Asís. Y Santa María Novella estaba bajo el patronazgo de los dominicos, enemigos de los franciscanos, que se niegan a dicha glorificación del santo de Asís. Cuando la familia Tornabuoni se encarga de restaurar la capilla central de dicha iglesia, el jefe de la familia se llama, afortunadamente Juan Bautista. Los dominicos no ponen objeciones a un bautismo de Cristo.

La escena del bautismo de Cristo está inserta en un grupo de escenas. Los pintores italianos del Quattrocento tenían un saludable “horror al vacío”. Y sus clientes lo tenían mucho más. Por eso, entrar en una iglesia italiana de esta época es como meterse en un libro ilustrado de la historia del Arte.

La escena es la narrada por los Evangelios (Mr. 1.9-11; Lc. 3.21-22). Jesús, antes de comenzar su vida pública es bautizado por Juan. Después de vencer la resistencia del Precursor y en el momento del bautismo se abren los cielos y el poder de Dios descendió en forma de paloma, mientras una voz decía “Éste es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias”.

Ghirlandaio establece un eje central (1) que une la tierra con el cielo y, al mismo tiempo, une a las tres Personas de la Trinidad. Además, traza dos diagonales (2) desde lo alto de los acantilados que bordean el Jordán. Por cierto, el lugar en donde dicen hoy a los turistas que se produjo el bautismo es llano y sin rocas. Pero eso Ghirlandaio no podía saberlo. Esas dos diagonales terminan en los pies de Cristo que están sumergidos en una corriente mínima de agua. Una recta que pasa por las cabezas de los espectadores divide el cuadro en dos mitades. (3) Dicha recta y las diagonales forman un triángulo que enmarca la parte principal de la escena. Hay que tener en cuenta que los pintores del Quattrocento usan la perspectiva lineal. Solamente después, en el Cinquecento, los pintores conocerán y utilizarán la perspectiva aérea.

Ghirlandaio es un hombre de su tiempo y, como buen florentino, un cotilla. Conoce los cuadros de Verrocchio y, desde luego, conoce el “Bautismo de Cristo” que este artista pintó diez años antes. Quizás de ahí sacó la idea de los ángeles arrodillados de la izquierda, los cuales sostienen las vestiduras de Cristo. Por cierto, otro cotilleo. Verrocchio pintó el cuadro, pero Leonardo da Vinci pintó el ángel de la izquierda y lo hizo con tal maestría que el pobre maestro juró no volver a tocar en su vida un pincel, al verse superado por su discípulo.

Una década antes, Botticelli había pintado “La Primavera”. Quizás del Mercurio de este cuadro ha salido la inspiración para la figura masculina que espera en primer plano a ser bautizado. Y en la parte derecha, la composición se equilibra con el toque anecdótico de personaje que se ata las sandalias, toque anecdótico muy querido por Ghirlandaio.

Como no eres un alumno, querido Edgar, te omito las referencias a la técnica empleada en la pintura. Hay una película magnífica “El tormento y el éxtasis” en la que se explica muy bien como Miguel Ángel, discípulo por cierto de Ghirlandaio, aplica la técnica del fresco.

Antes de despedirme quisiera presentarte a alguien. Aquí lo tienes. Es Ghirlandaio, el artista que tanto te ha impresionado.

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Responses

  1. Gracias por la lección, Maestro. 🙂

  2. De nada, Jomer ¿A tí también te interesa la pintura renacentista italiana?

  3. Es un tipo de pintura que, en ocasiones, me parece demasiado “edulcorada” pero necesaria para esa transición cultural tan importante para la humanidad. 😃

  4. Vamos, ¡que no te gusta!

  5. Vaya lectura, Fernando. Te agradezco mucho. Supongo que estás acostumbrado a que te lancemos flores en cada artículo, pero es que realmente tu gusto y conocimiento por el arte y por la historia del arte son palpables en cada línea.

    Te comentaba que tuve oportunidad de ver una reproducción en grande de este “cuadro”. Precisamente el detalle del hombre atándose las sandalias fue el que captó primero mi atención (en cambio, ver a un Cristo es de lo más común en una obra artística).

    Supongo que el arte de cada época tiene su propia función, pero es evidente que el arte “antiguo” está pensado para la contemplación prolongada.

    Saludos.

  6. No se trata de eso, Maestro. Me he explicado mal. Cuando digo “edulcorada” he querido decir “recargada” de simbología. Sé que es un rasgo de esa época y esos pintores, excelentes por supuesto, que abrieron la puerta de una pintura que roza en la perfección con Velázquez, como ejemplo. ¿A que soy muy simple? 🙂

  7. Pues éste no es un cuadro especialmente simbólico. Si nos metemos con Leonardo ya es el acabose. Y no, no eres muy simple. Velázquez es la divisoria de aguas. A partir de la perfección de Velázquez, los pintores tuvieron que, o seguir copiándole, academicismo, o inventar cosas nuevas. Y surgió toda la pintura contemporánea.

  8. El antiguo y el moderno, Edgar. Yo una mañana entré en los Uffizi (llevaba haciendo cola desde las seis) y no salí hasta que me echaron. ¡Catorce horas sin comer, sin beber, sin descansar! Pero mereció la pena. Con respecto al hombre de la sandalia, en el siglo XIV se dan mucho los detalles anecdóticos, en el XVI los grandes maestros, Leonardo, Rafael, Miguel Ángel, los suprimen, pero después esos detalles anecdóticos adquieren importancia y llegar a ocupar el centro del cuadro. Mira éste: http://es.wikipedia.org/wiki/El_Lavatorio_(Tintoretto)
    ¡Sigue mirando cuadros! Un abrazo


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