Posteado por: fernando2008 | 1 octubre 2011

Las frases célebres y Alessio Rastani.

“Personalmente, me da igual. Soy un trader y si veo una oportunidad de ganar dinero, voy a por ella. A los traders, no nos preocupa que la economía se arregle. Nuestro trabajo es ganar dinero con eso. Personalmente, he soñado con que llegue esto desde hace tres años. Tengo que confesarlo. Voy a la cama todos los días soñando con que haya una recesión, soñando con un momento como éste. ¿Por qué? La gente no lo recuerda pero la crisis de los años 30 no fue sólo un hundimiento del mercado. Había gente que estaba preparada para ganar dinero con ese hundimiento, y creo que ahora todo el mundo puede hacer eso. No es sólo para gente de la élite. Es una oportunidad”.
No es la típica situación en la que podemos confiar que los gobiernos encuentren una solución. Los gobiernos no dirigen el mundo. Goldman Sachs dirige el mundo. A Goldman Sachs no le importa este rescate, ni tampoco a los grandes fondos”. Alessio Rastani.
 

Ya he expresado en otras entradas mi desconfianza por las frases célebres. Son demasiado redondas, están demasiado bien construidas para haber sido inventadas en el fragor de la batalla. Y, sobre todo, en ellas está demasiado bien enlazado el presente con el pasado y el futuro.

Creo firmemente que dichas frases se escribieron décadas si no siglos después de que ocurrió el hecho. Se escribieron en la tranquilidad del estudio y a toro pasado. Por eso resultan tan elocuentes, tan esclarecedoras. Y por eso se siguen pronunciando, sin hacer caso a su obvia falsedad.

La última de estas frases célebres la ha pronunciado Alessio Rastani, un señor bien peinado, con una cara simpática y una corbata demasiado fosforescente para mi gusto. Alessio se presenta a sí mismo como “trader”, aunque su oficio va más allá de la traducción exacta de esta palabra que sería “comerciante”. Alessio se define, pura y simplemente, como un especulador.

Las palabras de este especulador, que tenéis al comienzo de la entrada, han levantado ampollas. Hasta tal punto han sido un bombazo, que los periodistas, de una y otra tendencia, se han lanzado a investigar su vida. El resultado está reflejado en la foto: Alsessio Rastani es en realidad, según sus propias palabras, un charlatán que sólo busca llamar la atención. Tiene novecientas libras esterlinas en su cuenta corriente y vive en casa de su novia porque no tiene casa propia. La casa de su novia está gravada con una fuerte hipoteca “of course”.

Pero a mí, todo eso me da igual. No me importa en absoluto la autoría de esa frase. Lo único que me importa es su veracidad. Y, desde luego, es exacta hasta la última coma. Para comprobarlo, sólo hay que ver el revuelo que ha levantado.

Como siempre, huiré de bibliografía y de cualquier otro apoyo documental. Ésta es una bitácora de opinión. Libros para apoyar estas tesis hay cientos. Vídeos en You Tube miles. Os recomiendo una serie de tres capítulos de una hora, titulada “Las Corporaciones. Instituciones o psicópatas”. Ver http://video.google.es/videoplay?docid=-4769223528664823856

¿Qué es lo que ha cambiado? Pues que en esos vídeos, los abogados de las corporaciones maniobran cínicamente intentando ocultar los hechos de todas las maneras, legales e ilegales posibles. Pero hay hechos que no se dejan maquillar. En Cochabamba, una multinacional consiguió hacerse con el control del agua. No sólo se hacía con las ganancias; presionó y consiguió del gobierno de Bolivia que se promulgase una ley mediante la cual quedaba prohibido recoger el agua de la lluvia. La multinacional había conseguido un milagro de los que hacen época en el capitalismo: había privatizado la lluvia. Otra multinacional, esta vez del petróleo, “salvó” una colonia de mariposas. Compró y cercó el terreno donde estaba dicha colonia, lo cual le costó diez mil dólares. ¡Y luego se gastó un millón de dólares en propaganda, para que todo el planeta conociese su buena acción! Se pueden privatizar hasta las mariposas. Se puede privatizar todo, bajo la bandera de la libre empresa. Pero, como decía Chesterton: “Un carterista puede ser un gran defensor de la empresa privada, pero nunca se le podrá considerar un defensor de la propiedad privada”. Y después de las declaraciones de Alessio, haya escrito quien sea el guión, vemos reflejado, negro sobre blanco, la verdadera ética de las corporaciones.

De España no voy a poneros ejemplos. Cuando se venden duros a cuatro pesetas y se ponen las comisiones a salvo en paraísos fiscales, no hay dinero suficiente en el mundo, no ya en España, para tapar estos agujeros. Por mucho que el Banco de España se esfuerce en “recapitalizar” estos bancos. Y además, mientras nuestros bancos sigan pensando que “la mejor inversión de nuestros activos ha sido y es la política”, como decía otro “trader” esta vez español, el agujero seguirá creciendo. Siempre habrá un roto para un descosido y un corrupto para una partida de dinero.

Estamos siendo engañados, sin razón y sin misericordia. Y estamos siendo engañados por personas que no ven más allá de su cuenta corriente. Personas a las que no ha elegido nadie y que tienen el verdadero poder, poder que usan única y exclusivamente para enriquecerse a cualquier precio. No les importan los demás, no les importa el futuro. Ni desarrollo sostenible ni gaitas. Dinero aquí y ahora y después… después de mí, el diluvio.

El capital, las corporaciones, lo pueden ya todo. Pueden hacer que su filosofía se vea reflejada en la Constitución. Y pueden, al mismo tiempo, suprimir en la realidad artículos de la propia Constitución. Porque un banco, que recibe dinero del Banco Central Europeo al 1% y lo presta a un estado al 6%, verá garantizados sus derechos por nuestra Constitución. Si sus directivos lo saquean y lo llevan a la ruina, el estado español acudirá solícito a su recapitalización. Y siempre tendrán garantizado la devolución del préstamo. Pero un español de a pie, que lleva veinte años pagando su hipoteca, si falla en algún pago se verá en la calle, sin casa y con la obligación de seguir pagando dicha hipoteca. Si se resiste, la policía actuará en consecuencia. Y si invoca el derecho constitucional a tener una vivienda digna, provocará las risas de todo el mundo. Encima de cornudo apaleado. Sobre el derecho constitucional a un trabajo digno, mejor ni hablamos. El único derecho, constitucional o no, que existe aquí es el de las empresas a aplicar la regulación de empleo. Y, según los grandes entendidos de nuestra política-economía, la economía española sólo mejorará cuando los despidos puedan ser libres. Idea estúpida donde las haya. Por mucho que produzca una economía si los potenciales clientes no tienen dinero, se hundirá, por muy competitiva que sea. Y hablando de ideas estúpidas, España debe ser competitiva. Debe vender más que lo que compra. Pero no consideramos que es a eso exactamente a lo que aspiran todos los países. Nos encontramos inmersos en un sistema económico en el que todos los participantes aspiran a tener una balanza de pagos con superávit. Muy bien, pero si todos venden ¿quién comprará?. Alguien tendrá que tener su balanza de pagos con déficit.

Esa es, mal que nos pese, nuestro presente político y económico. Y, desde luego, ni nuestros políticos actuales, ni los que vengan a partir del 20 N están dispuestos a hacer nada por cambiarlo. Sólo están dispuestos a darnos buenas palabras, pero la realidad es la que nos describe Alessio, sea un “trader” o sea un charlatán. Me da lo mismo.

Una vez más me acuerdo de la fábula del rey Midas, al que los dioses concedieron el don de convertir en oro todo lo que tocase. Pero, igual que en nuestra época, los dioses ciegan a aquellos que quieren perder. Midas pasó una mañana muy feliz convirtiendo en oro todo lo que tocaba. Pero a la hora de comer se dio cuenta con horror que su boca también convertía en oro la comida.

Llegará un momento en que sólo tendrán oro para comer. Pero para entonces el resto de los mortales nos habremos muerto ya por el hambre, por la contaminación o por la desesperación y no podremos verlo.

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Responses

  1. Impecable

  2. Muchas gracias.

  3. Artículo digno de publicarse en primera página de todos los periódicos que se precien. ¡Y que lo sepa todo el mundo!

  4. Gracias, Carmen. Yo también te quiero.

  5. Y a pesar de lo que dices, que es una verdad del tamaño de un obelisco, la reacción en los medios fue de “bendito el dios, que bueno que este tipo era un farsante… los mercados estarán bien”. El viejo problema de confundir el mensaje con el mensajero.

  6. No hay ninguna confusión. La reacción fue: Vamos a liarlo todo porque nos han descubierto. Vamos a desacreditar a este tipo y vamos a hacer tanto ruido que se olvidarán de las verdades que ha dicho. ¿Dónde has andado todo este tiempo?

  7. En internet hay una particular satisfacción al descubrir una farsa, incluso se usa con insistencia la palabra inglesa “Fake!”, para denunciar en una sola palabra la falsedad de cualquier cosa. Sin embargo, como bien dices, aquí el tema de fondo era otro. Al final, mediante la magia de la TV, resultó que el fondo era “El tipo es un farsante”, y lo superficial era “Las corporaciones rigen el mundo con cero humanidad”. Somos tan fáciles de distraer, caray.

    Personalmente, estuve enfrascado en algunos proyectos personales, todos ellos muy positivos, y me alejé de las bitácoras y foros en que suelo participar. Pero aquí andamos, Fernando.

    Finalmente, deseo aprovechar y hacerte una petición particular: Por favor dedica un artículo a Historia del Arte, y escribe sobre El Bautismo de Cristo, la obra de Domenico Ghirlandaio. Estuve 2 horas frente a esa pintura (bueno, una reproducción) y me intrigó mucho la composición. Es esta: http://es.wahooart.com/A55A04/w.nsf/Opra/BRUE-8BWP74

  8. Bueno, ahora estoy un poco pachucho, pero cuenta que en el momento en que me encuentre bien comentaré esa obra.


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