Posteado por: fernando2008 | 7 septiembre 2011

Violencia de número, violencia de caso.

Vaya por delante mi condena absoluta a la violencia. Si, como dice Asimov, la violencia es el último recurso del incompetente, imaginad por qué palabra habría que cambiar “incompetente” refiriéndose a la violencia en el seno de la familia.

No soy muy partidario del mito de la Edad de Oro, por lo que no pienso que ahora exista más violencia en la familia que antes. Sencillamente, antes a eso no se consideraba violencia. Se pegaba a la mujer, se pegaba a los hijos y el que lo hacía pensaba que era lógico y que había cumplido con su deber. Y seguía considerándose un ser civilizado. Al fin y al cabo, el “paterfamilias” romano tenía derecho de vida o muerte sobre los miembros de su familia. Algo se había avanzado.

Pero no voy a hablar del derecho romano. Hoy voy a hablar de la “violencia machista” y de la “violencia de género”.

Con respecto a la primera, mi afán por el orden y la simetría hace que me pregunte si existe una “violencia feminista”. Pues no, no existe. Lo contrario a la “violencia machista” sería la “violencia familiar”. Y aquí la simetría comienza a fallar. Si un hombre mata a su pareja, sale en todos los telediarios y se producen concentraciones de repulsa. Además, todos los medios de comunicación llevan la cuenta de estos hechos, profundamente execrables lo repito. Pero si es al contrario, no se dice nada o se habla de “violencia familiar”, estadística en la que se mezclan los asesinatos de hombres por sus parejas y los cachetes que da un padre al niño que llora en un restaurante. No es simétrico; no es justo.

La violencia contra los hombres existe. ¡Vaya que si existe!. Os copio unas estadísticas de las muertes por violencia doméstica, cuya fuente es el Ministerio del Interior de España.

Año 1987: 52 mujeres. 40 varones.

Año 1988: 50 mujeres, 44 varones.

Año 1999: 56 mujeres, 37 varones

Año 2000: 67 mujeres, 44 varones.

Año 2001: 68 mujeres, 38 varones.

Año 2002: 77 mujeres, 52 varones.

Año 2003: 86 mujeres, 49 varones

año 2005: 72 mujeres, 57 varones.

Año 2009: 52 mujeres, 33 varones.

Perdida entre esas estadísticas perdidas, nos encontramos que sólo en la comunidad de Madrid en el año 2006, se produjeron 2589 delitos de violencia contra hombres.

Estas estadísticas no salen en todos los telediarios. Hay que buscarlas trabajosamente en las páginas del Ministerio del Interior. Como tampoco aparece en nuestros periódicos la noticia de que el 10 de febrero de 2009 se inauguraron en Holanda cuarenta centros de acogida para hombres víctimas de violencia intrafamiliar. O la de que en Estados Unidos un 20% de los 165.000 asesinatos perpetrados contra hombres entre 1976 y 1987 fueron realizados por su pareja o ex-pareja. ¡Uno de cada cinco asesinatos cometidos en Estados Unidos, la tierra de la Asociación Nacional del Rifle y de los gánsteres lo comenten las mujeres contra sus parejas!. O la de que en ese mismo país, un 30% de los hombres confiesan haber sufrido violencia por parte de sus parejas. ¡Los rudos vaqueros del Oeste no son capaces de defenderse con sus revólveres Colt de los rodillos de amasar de sus dulces compañeras!

¿Cuál es el motivo de que la gente sólo conozca la mitad de las estadísticas? Pues, como siempre, nuestra falta de mesura. Hemos pasado en poco tiempo de “La maté por que era mía” a la “discriminación positiva” y al sistema de paridades, con los que estoy rotundamente en desacuerdo. Un gobierno debe tener el mismo número de hombres que de mujeres ¿por qué?. ¿Debo poner yo el mismo número de sobresalientes a los chicos que a las chicas? ¿Y de suspensos?. Pienso, a lo mejor me equivoco, que los cargos, como las notas, deben darse por los méritos, no por los géneros, ni por los números. Un gobierno puede estar compuesto exclusivamente por mujeres, o por hombres, o mitad y mitad. Según sus méritos, no según su sexo.

Hay algunos periódicos que achacan esta falsificación de las estadísticas a un pretendido “lobby” feminista. Tampoco soy muy partidarios de las conspiraciones. Según mi humilde opinión, todas las tenebrosas conspiraciones que en el mundo han sido tienen el mismo fin: vender libros “conspiranoicos” o documentales del mismo jaez. Pero sí que es cierto que, intentando evitar una lacra vergonzosa, se cierra los ojos a la otra cara de la moneda. Y eso es injusto. Injusto y peligroso, pues están proliferando como hongos acusaciones de violencia de género falsas para conseguir todo tipo de fines espurios: desde aumentar las indemnizaciones por divorcio, a conseguir en exclusiva la custodia de los hijos o un permiso de residencia que de otra manera no se hubiese conseguido.

Releed, por favor, el título de esta entrada. Os suena raro ¿verdad? Pues yo os aseguro que en pura lógica no debería ser así. El género es una propiedad lingüística, lo mismo que el número y el caso. Si hay violencia de género ¿por qué no puede haber violencia de número?.

Siempre se ha dicho que el lenguaje es machista, y se han puesto los ejemplos de cortesano y cortesana, cojonudo y coñazo. El lenguaje es el lenguaje. Tiene sus propias reglas. Y, dentro, del lenguaje, muchas veces la ortografía no se corresponde con la semántica. Pese a su terminación, un polvorín suele ser más explosivo que un polvorón. Un bombín es más grande que un bombón, y un cojín… en fin, dejémoslo.

El género es una propiedad lingüística de un idioma que no tiene por qué estar relacionado con el sexo biológico. Hasta tal punto esto es así que sólo un tercio de las lenguas del mundo tienen formas de género gramatical. (Wikipedia dixit). En otras, como la antigua lengua anatolia, el género servía para distinguir lo animado de lo inanimado. Y esta distinción se da todavía en castellano cuando hablamos de “impresor” persona e “impresora”, cosa.

Además, el género no define necesariamente al sexo. Aparte de los conocidos masculino, femenino y neutro existe un género epiceno o indefinido. Por ejemplo, la rana sólo tiene un género gramatical para los dos sexos. Por cierto, lo mismo que la palabra “líder”. No existe la palabra “lideresa”. Ni aquí, ni en Madrid.

¿Lo femenino es lo malo y pequeño y lo masculino lo bueno y grande? Analicemos: ¿qué es más grande, un leño o la leña? ¿Y un cubo y una cuba?.

El lenguaje tiene razones que la razón políticamente correcta no entiende. Pero las tiene.

Voy a tratar, por último, el argumento del machismo astronómico. El sol es masculino, la luna femenino. Si es cierto la teoría del matriarcado primigenio, la luna fue el primer gran dios celeste. La Gran Diosa, la Diosa Blanca, era la luna, lo femenino. La diosa de la vida se identificaba con la luna, debido a la identidad del ciclo de la luna con el ciclo menstrual femenino. Lo mismo que después ocurriría con Isis.

Además ¿todos los dioses del sol son necesariamente masculinos? Pues no. La antigua religión china habla de P’an-Ku, un ser gigantesco a cuya muerte, su cadáver dio lugar al universo: los ojos dieron lugar al sol y a la luna. Los ojos; los dos, de igual categoría.

En el Japón el sol era la diosa Amaterasu. ¡En el país del sol naciente, el sol era mujer!

Mucho más cerca de nosotros, tenemos a Apolo, dios solar por excelencia de nuestra civilización. Apolo, según los mitógrafos griegos, provenía del país de los hiperbóreos, del norte. Pero en el norte reinaba la diosa Sól. (Sí. La tilde está bien puesta). Esa diosa recorría el firmamento en su carro, carro que ilustra el comienzo de esta entrada, perseguida por los lobos de los eclipses. Tenemos el nombre, tenemos el carro ¿será el Apolo griego la diosa Sól travestida para encajar en el machista panteón de Zeus?.

Luchemos contra la violencia. Contra toda. Sin fijarnos en el género.

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Responses

  1. Mejor dicho… imposible. Dejémonos de hipocresías. Gracias por iluminar este camino tan “tenebroso”. 🙂

  2. Como siempre, Jomer, eres el primero. Un abrazo

  3. Y, ¡oh vir clarissimvs!, si indagásemos más podríamos encontrar verdaderas sorpresas en lo referido a la mal llamada violencia de género. En el primer código penal y en la primera Ley de Enjuiciamiento Criminal que yo estudié, allá por 1982, aún figuraba como eximente la “defensa del honor”, referida tanto a la cónyuge como ¡ojo! a las hijas. Esta eximente ya no existe.

    No sé de ningún estudio que relacione aquella eximente con la posibilidad de que un hombre pudiera temer justificadamente la acción de un padre si su hija era maltratada. Sí sé que, a menudo, se acudía al cuartel para que el guardia resolviera el asunto eeeeeehm, “llamando la atención” al presunto; no sé si me explico. Ahora se acude por otros motivos y no mencionaré aquí su eficacia por no estarme permitido.

    También resultan de interés, con la debida corrección sociológica, las memorias de la Fiscalía General del Estado.

  4. Con cuatro líneas de su artículo que lea una asociación feminista lo denuncian por machista y violento.
    Desgraciadamente el fanatismo existe en todos los campos y en la defensa de los derechos de la mujer hay bastante fanatismo (el veneno, es la dosis, que diría Paracelso).
    El no decir TODA la verdad (nº de hombres víctimas), genera de por sí una deformación de la realidad, mucho peor que la que produce la mentira.
    Efectivamente, como Ud dice luchemos contra toda violencia (incluida la verbal, que pasa fácilmente a física), pero también contra la estupidez, (muy escurridiza)
    Un cordial saludo

  5. Divus Antonius: Si indagásemos, si indagásemos, seríamos más sabios. Y los sabios no usan la violencia. Pero no indagamos. Un abrazo.

  6. Quizás podemos luchar contra la violencia. Pero contra la estupidez es mucho más difícil.
    Einstein decía: “Sólo conozco dos cosas que son infinitas: el universo, y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy seguro. Un cordial saludo.


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