Posteado por: fernando2008 | 5 septiembre 2011

Colin Falconer. Harem.

Riqueza y poder es lo que todos consideran como la mejor suerte,
Pero en esta vida un poco de salud es lo mejor.
Aquello que los hombres llaman gobierno es lucha mundana y batalla constante.
El más alto trono está en la alabanza de Dios, la más feliz de las condiciones.
Solimán el Magnífico.
 

Os aseguro que haber leído esta novela después de “Urraca”, ha sido fruto del azar. Sencillamente, cogí la siguiente novela del montón, la leí y quedé asombrado. Las dos tratan, salvando su lejanía en el tiempo, en el espacio y en la ideología, sobre lo mismo: la ambición femenina.

Hurrem, como Urraca, a la que se parece hasta en el nombre, estaba en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Sacada a la fuerza de los montes de Rumelia, donde era feliz, se vio de buenas a primeras en el harén de Solimán el Magnífico, o Solimán el Legislador, como lo llamaban los musulmanes. El lugar más fastuoso de aquella época. Aunque ella no quería este cambio de fortuna, se propuso vencer al destino y hacerlo que jugase a su favor. Poco a poco, va consiguiendo abrirse paso en el sofocante ambiente del harén de Estambul. Consigue pasar una noche con Solimán, obliga a un guardia a hacer el amor con ella hasta que se queda embarazada, y pasa a la categoría de madre de un hijo del sultán. Luego desplaza a la primera favorita. (Uso aquí una traducción de los nombres turcos. No es muy brillante, pero sí más inteligible). Tras desplazar a su principal rival, se va librando de todos sus posibles enemigos: el gran visir Ibrahim, íntimo amigo del sultán será ejecutado, el hijo mayor de Solimán, Mustafá, un magnífico joven que prometía ser un gran sultán, caerá víctima de una conspiración demoníaca y también será ejecutado por su padre. Incluso su hijo mayor, Bayaceto, un joven también prometedor caerá en desgracia y será ejecutado gracias a las intrigas de su madre. En el lecho de muerte Hurrem, confiesa al estupefacto sultán que no lo ha querido nunca, que siempre le ha engañado y que todo lo que ha hecho ha sido para perjudicar al imperio otomano. Solimán no quiere creerla y opta por pensar que está delirando.

En todas las religiones hay herejes y pecadores. Gracias a uno de éstos, un pintor pecador que no respetó el mandamiento islámico de no representar a personas, conocemos la cara de Hurrem. Juzgad vosotros mismos; no parece nada especial. No es una belleza como para destacar en un harén tan bien surtido como el de Solimán. Sin embargo, el autor da a entender que tenía una serie de cualidades ocultas. Cualidades que ponía en práctica en la cama del sultán.

Solimán, el segundo personaje de la novela, porque el primero es Hurrem, podía ser calificado como una buena persona. Fijaos en sus versos, los que encabezan esta entrada. Sobrevivió al baño de sangre con que siempre se inició el reinado de un sultán otomano y juró que estando él en el trono no se produciría nada igual. Sin embargo se produjo, y no por ninguna razón de alta política, sino simplemente por el deseo de venganza de una mujer. Él sueña con vivir apartado, disfrutando de los pequeños placeres de la vida y legislando para que el imperio se mantenga en paz. Sin embargo, las exigencias de la política y las intrigas palaciegas no le darán ni un minuto de descanso. Pero, por encima de sus deseos, tiene claro que él es el sultán, “la sombra de Dios sobre la tierra”, “el señor del mundo” y como tal debe actuar. No le temblará el pulso cuando mande ejecutar a sus hijos y a sus amigos, pero se indignará ante cualquier falta al protocolo. Hurrem le engañará. Siempre. Incluso en sus últimos momentos, cuando el autor de la novela nos lo describe en medio de un sueño-visión en el que aparecen todas las personas que han importado en su vida, todas, le cantan las verdades. Menos Hurrem. En su imaginación, Hurrem se justifica achacando sus últimas palabras, las palabras de la venganza, a delirios de moribunda. Que era lo que Solimán realmente quería oír.

Paralela a la historia principal, está la historia secundaria de Abbas y Julia. Abbas es un africano, hijo del capitán general de los ejércitos de la Serenísima República de Venecia. Tiene la mala suerte de ver un día a Julia, la hija de un patricio veneciano, y enamorarse locamente de ella. Tan locamente que no duda en desafiar todos los convencionalismos de Venecia y escribirle una carta de amor, pidiéndole al mismo tiempo una cita. Julia acude, más curiosa que enamorada. Las citas se repiten, todas absolutamente inocentes, hasta que le padre de Julia descubre el pastel y se venga haciendo castrar a Abbas. Una vez castrado será vendido al harén de Solimán, donde desempeña sus funciones con toda normalidad hasta que la propia Julia es vendida también al harén, al ser raptada por unos piratas berberiscos. Abbas vive el infierno de seguir teniendo en su mente los mismos deseos que antaño, pero sin tener en su cuerpo los órganos para satisfacerlos. Salva a Julia de morir ahogada en el Bósforo (a Solimán no le gustó la única noche que pasó con ella, noche que fracasó por un bebedizo administrado por la omnipresente Hurrrem), consigue la venganza sobre el padre de Julia, y ayuda a Hurrem a conseguir la suya.

Y el último en importancia para la novela, no para la Historia, será Selim II “El borracho”. Es el peor de los hijos de Solimán: cruel, vengativo, torpe, glotón y, como indica su apodo, borracho. Es por eso por lo que Hurrem le elige como sucesor de Solimán. Fue un desastre para el Islam y una suerte para la cristiandad. Bajo su reinado, la Sublime Puerta sufrió la derrota de Lepanto.

No quisiera terminar esta entrada sin dedicar el último párrafo al concepto de “Sublime Puerta”. Esta metáfora hace referencia a la puerta que daba entrada a las dependencias del gobierno otomano en Estambul. Es una metáfora muy antigua: “Faraón” significa exactamente “Gran Casa”, palacio. Se hablaba del palacio para referirse al ocupante, lo mismo que se habla hoy de los comunicados de la Casa Blanca.

Pues bien, la “Sublime Puerta”, la que daba entrada a las dependencias gubernamentales otomanas, aún existe. Sigue teniendo en su frontispicio el sello de los sultanes otomanos, pero es una restauración rococó de la puerta primitiva, cuya lámina adjunto.

“Sic transit gloria mundi”.

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Responses

  1. Cómo descargar el libro gratis? Se puede?

  2. Pues no lo sé. Yo leí el libro en papel

  3. es un callejon sin salida nunca muestra el libro te dice descarga gratis pero en realidad te pide en numero de tarjeta, puras mentirillas

  4. No entiendo este comentario. Yo no he puesto en mi bitácora ningún libro.


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