Posteado por: fernando2008 | 30 agosto 2011

Hay un jardín al oeste.

Todos hemos oído alguna vez la historia del Paraíso Terrenal, jardín de delicias donde el primer hombre fue tentado por la primera mujer y, no podía ser de otra manera, cayó en la trampa.

Lo que quizás muchos no sepan, aunque ya he escrito anteriormente sobre esto, es que la palabra “paraíso” es una palabra persa del siglo V a.C. que significa “Jardín”. Los nobles persas tenían sus paraísos particulares donde se recreaban entre campaña y campaña.

Sin embargo, no hablaré hoy del paraíso oriental, al cual supongo agostado por la guerra y la postguerra de Irak. Hay otro paraíso al oeste, más cerca de nosotros, que no tiene nada que envidiar al Paraíso Terrenal. Este paraíso es el Jardín de las Hespérides.

Según la mitología griega Hera, la esposa de Zeus, plantó su jardín privado en les laderas del monte Atlas en Marruecos “donde los jadeantes caballos del carro del Sol terminaban su viaje”. Este jardín tenía un manzano cuyos frutos eran de oro, regalo de boda de la Tierra a Hera, y un guardián, Atlas, que dejaba a sus hijas, las Hespérides, corretear por el jardín. Hércules, el Hércules hispano-tartésico, el que tenía un templo en Cádiz, engañó a Atlas y robó las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Estas manzanas servirían, entre otras cosas, para iniciar la guerra de Troya.

Nadie sabe dónde estaba el Paraíso Terrenal. Los límites de dicho paraíso que fija la Biblia son un completo disparate, límites formados por cuatro ríos que están en tres continentes. Pero hay constancia escrita de dónde estuvo, y está, el Jardín de las Hespérides. Los fenicios encontraron dicho jardín y fundaron en su emplazamiento la ciudad de Lixus. Esta ciudad se mantuvo durante el imperio romano, siendo una de las joyas de la corona de Cleopatra Selene, hija de Cleopatra y Marco Antonio y esposa de Juba, rey de Mauritania.

En la actualidad, Lixus es un conjunto de ruinas, calcinadas por el sol de Marruecos, a las que se llega por la carretera que une Tánger con Rabat. A la entrada de la bahía de Larache, nos encontramos una verja que señala, más que cierra, el emplazamiento del jardín de Hera.

Hacia el norte, una empinada cuesta nos va descubriendo restos de termas y de edificios romanos. Desde el suelo del “caldarium” de una de ellas, un mosaico nos muestra la cara de Zeus, celoso guardián del jardín de su esposa. La máquina de fotos que tenía no era muy buena, pero se puede apreciar la cara de Zeus en la parte superior de la foto que cierra esta entrada. Más arriba, las ruinas de una exedra nos indican la importancia de la Lixus romana.

Hacia el oeste, en lo alto del monte, los restos de la acrópolis fenicia sirven de base a las fortificaciones romanas. Bajando una empinadísima cuesta están las salinas y la bahía de Larache.

Pero sin duda lo más interesante está al sur. El río Lixus describe un meandro en el valle que ha ido formando durante milenios, riega los frutales, estos desgraciadamente de frutos no áureos en la actualidad, riega también el trigo y, sorteando las salinas, desemboca en el océano de Atlas. Pocos valles del mundo pueden aparecer más cargados de leyendas que éste.

Si alguna vez existió realmente un jardín con manzanas de oro y náyades jugando a las orillas de un río, seguro que fue aquí.

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Responses

  1. Magnífico e interesante nota maestro. Me has leído la mente al tratar sobre el ‘Paraíso del Oeste’, ya que hace días que interesantes temas e hipótesis me rondan a este respecto y en esta zona precisamente. Hace ocho años que visité Lixus y tan solo estaba custodiada por un anciano que hacía las veces de guarda y que se bastaba de sus piernas, un bastón y dos perritos para controlar tan inmenso yacimiento. Fruto de ello es que el rostro de Zeus que mencionas ya casi ha desaparecido e incluso es probable que el mosaico también. Lo estaban expoliando por trozos y, evidentemente, con el menor cuidado posible, ya que muchas de las teselas estaban rotas y esparcidas por el entorno. Desgraciadamente Marruecos posee una muy importante parte de nuestra historia y prehistoria, tanto descubierta como por descubrir, pero no tiene los suficientes recursos para protegerla y salvaguardarla. Un fuerte abrazo.

  2. Yo también conocí a ese anciano. El rostro de Zeus estaba siendo atacado y las tesellas de los ojos habían desaparecido. Esperemos que Marruecos encuentre algo de fondos para preservar su riqueza arqueológica, que es mucha. Un abrazo


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