Posteado por: fernando2008 | 28 agosto 2011

Lourdes Ortiz. Urraca

Me canso. Cada vez que la historia requiere un orden, una cronología, unos hechos, la pluma pesa y siento la nulidad de mi tarea. No son batallas lo que quiero contar.
El hermano Roberto ha estado conmigo toda la tarde y me incita con sus preguntas a detenerme en los detalles. Los nombres son para él símbolos de una historia de la que nunca fue protagonista, una historia que sufrió sin comprender, como la sufrieron todas las gentes de mis reinos. Nombres, cambios de humor: Ansúrez, Gelmírez. el de Traba …
-Hubo guerras -dice-. Fue tiempo de hambre y guerra.
Lourdes Ortiz. Urraca.

 

Lourdes Ortiz es una novelista que me gusta, si bien sus novelas no son exactamente novelas históricas. Yo las catalogaría como “novelas oníricas con una gran base histórica”. Como dice el párrafo de inicio, no son batallas lo que la autora quiere contar. Son pasiones, sueños, deseos, más o menos inconfesables. Y recuerdos.

Urraca, hija de Alfonso VI y sobrina de la otra Urraca, de la que se decía que había tenido una relación incestuosa con su hermano, está, según la frase hecha, en el peor lugar y en el peor momento. La Edad Media española no es un momento óptimo para las mujeres. Y ser hija del rey que tuvo que sufrir el juramento de Santa Gadea porque todos lo consideraban la mano que armó a Bellido Dolfos, y sobrina de su homónima Urraca sospechosa de incesto con su padre, tampoco facilitaba las cosas. Otra, menos animosa, se hubiese resignado y se escondería en la sombra del anonimato. Ella no. Cuando muere en Uclés su hermanastro Sancho, el único heredero varón de Alfonso VI, queda proclamada princesa heredera del reino. Los nobles exigen que se case. Y lo hace, primero con Raimundo de Borgoña, con el cual tendrá dos hijos, y luego con Alfonso el Batallador de Aragón con el que no tiene ninguno. Además, según la tradición tiene otros dos hijos con el conde Pedro González. Ninguno de estos tres hijos aparece en la novela: sólo Alfonso Raimúndez, Alfonso VII “El Emperador”.

Si Lourdes Ortiz hubiese escrito una novela histórica al uso, se hubiese enfrentado a una ingente tarea. La vida de Urraca I de León y Castilla es lo suficientemente rica como para dar lugar a una saga. Pero la autora no quiere eso. Usa el artificio de las conversaciones de Urraca, al final de su vida con el monje Roberto para trasladar al lector unas pinceladas. Pinceladas como las que da Roberto en los pergaminos.

Roberto es el ancla que une a Urraca con la historia. Él quiere saber nombres, fechas, lugares. Hijo de un campesino de Sahagún, al que el abad ha ordenado arrancarle los ojos por recoger leña en las tierras del monasterio, Roberto es un monje que pinta en la mejor tradición de la miniatura mozárabe. Pinta sus figuras con grandes ojos almendrados, quizás para suplir la ausencia de los ojos del padre. Pinta los ropajes con pliegues más o menos simétricos. Es el prototipo de los grandes miniaturistas de la época. En realidad no pintó a este guerrero, pero bien pudo hacerlo.

La novela comienza con la entrada de Alfonso VI y las dos Urracas en Toledo, conquistado mediante un engaño y termina en el momento en que Urraca, vencida y vieja, es llamada por su hijo a la corte. No tiene un desarrollo lineal. Es imposible. En la vida de Urraca intervienen tantos personajes reales y la autora introduce además a otros imaginarios que sería imposible organizar una trama coherente que incluyese las hazañas del arzobispo Gelmírez, las desventuras de Ramón Berenguer, el verdadero carácter de el Cid o las peripecias que viven los cruzados en Antioquía cuando descubren la Santa Lanza. Todo esto, y más está en esta novela. Pero presentado como escenas vistas a través de un velo. El velo que cubre el cuerpo de Zaida, amante de Alfonso VI y madre de su hijo Sancho.

Urraca, en sus recuerdos calla más de lo que dice, pero insinúa mucho más. No quiere hablar de sexo con un monje, monje que al final será su amante, y por eso no entra en detalles respecto a su relación con Alfonso el Batallador de Aragón. Éste rey tiene una extraña personalidad, personalidad forjada por su madre, Felicia de Roucy. Urraca despacha esa personalidad con una frase lapidaria: “Para una madre siempre es mejor un amigo del hijo que una harpía que se lo disputa”. Pero, desde luego, da suficientes pistas para que el lector comprenda que la relación entre Alfonso y ella nunca fue ni agradable ni normal.

En realidad, no hay en la vida de nuestra protagonista prácticamente nada normal, ni siquiera nada placentero. Hija no querida de un padre que la posterga en beneficio de su hermanastro, esposa de dos maridos a cual más fríos, rudos y ambiciosos, madre de un hijo al que apenas ve y al que no dedica la más mínima atención, sólo tiene un deseo: el poder. Por el poder sacrifica todo. Su perfume será el sudor; sus afeites, el polvo de los caminos; su vestido la loriga y sus joyas la espada. Su primer juguete fue un tambor almorávide que le trajo su padre como recuerdo de la derrota de Sagrajas.

Sin embargo, Urraca atrae a los hombres. Pero el sexo es para ella otra arma. No ama a ninguno de los amantes que ha ido acumulando a lo largo de su vida. Quizás siente ternura por el último, el joven monje miniaturista. Pero puede despedirse de él sin dedicarle ni un minuto más de los necesarios cuando debe hacerlo.

Todos los acontecimientos que se narran en la novela son históricos, excepto aquellos que relacionan a Urraca con la brujería. Hay una iniciación mágica de la reina “sobre una barca de piedra”, barca por lo visto muy usada en Galicia para todo tipo de menesteres, incluido el de la parusía de su santo patrón, hay una visita de la Santa Compaña y hay una iniciación a la cábala gracias a un sabio judío. En el tarot Urraca será la “Emperatriz”, el símbolo encarnado de la tierra fecunda.

Los dos personajes masculinos que marcarán la vida de Urraca serán su segundo marido, al primero la autora lo despacha en unas pocas líneas, y Gelmírez. Alfonso el Batallador de Aragón, dominado por su madre y por los monjes del Cluny, tozudo, torpe y soñador, no es un marido al uso, hasta el extremo de que cuando se debe consumar el matrimonio ante testigos, Alfonso no lo logra, hasta que Urraca, viendo el entorno de su marido, se pone de espaldas en la cama, y Alfonso consigue así consumar el acto. Las peleas y reconciliaciones entre marido y mujer, muchas y muy difíciles de explicar, se comprenden cuando Urraca manifiesta en la novela que todas fueron por cálculo político y ninguna por amor o simple atracción.

Gelmírez será el omnipresente genio malo en la vida de la reina. Siempre se pondrá del lado en el que pueda sacar mayor partido. Aliado de los maridos contra la reina, de la reina contra los maridos, del hijo contra la madre y de la madre contra el hijo. El pueblo de Santiago, harto de estos manejos, acorrala al obispo y a la reina en una torre y le prende fuego. Los dos salen chamuscados y medio desnudos, pero inmediatamente reanudan sus intrigas.

El arzobispo también engrosaría la lista de amantes de Urraca. Pero la experiencia resultó decepcionante. Su cuerpo regordete perdía mucho sin la mitra y el báculo. Además, Gelmírez tenía toda su energía y sus pensamientos concentrados en otra parte. Urraca llega sugerirle una cura para la impotencia, con que se ganará el odio del arzobispo que la hace representar en el pórtico de las Platerías como la mujer adúltera, con la cabeza de su amante en la mano. Le dice: “Haré que los siglos contemplen tu pecado, esculpido en la piedra”. Pero, para Urraca, esta venganza es una bendición. Allí junto a los temas sagrados, estará ella, igualada para siempre al Señor, desafiando al tiempo.

No se puede negar que el personaje de Urraca creado por Lourdes Ortiz es, por encima de todo, un personaje grandioso, a pesar de que, por su época y por su sexo no podía aspirar en circunstancias normales a la grandeza. Pero, como también se dice la novela: “Cuando la urraca vuela, los cielos son propicios. Cuando está en el suelo, es un mal presagio”.

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Responses

  1. Estoy de acuerdo con lo que dice sobre el libro “Urraca” de Lourdes Ortiz. Es lástima que “Princesa de Francia en Castilla”, cuya publicación tramitaba con Editorial Austral mi padre antes de su precipitada salida de España no sea conocida en España aunque es relativamente fácil de encontrar en Iberlibro. Es una gran novela histórica en una aproximación muy legible al lenguaje de la época, aunque el tema (Don Pedro I El Cruel/El Justiciero, Doña Blanca, Doña María Coronel) difiera. “Urraca”, cuya primera edición fué poco atractiva y se presentó con la portada menos imaginativa que jamás ví (una mal pintada urraca robando una piedra peor coloreada) es un libro que enseguida envuelve al lector. No faltan incongruencias que debían ser pulidas por su autora. Por ejemplo el gitano con el oso amaestrado que recibe a Urraca niña cuando entra con su padre en Toledo. Los gitanos no llegaron a España hasta el siglo XVI. Y al describir la variedad de gustos amatorios de Alfonso VI se cita a las “portuguesas”. En 1093 Alfonso VI conquistó Santarem y el rey taifa de Badajoz le dió Lisboa a cambio de su apoyo. El marido de Urraca, Raimundo de Borgoña y Conde de Galicia cedió a su primo Enrique las plazas de Sintra, Santarem y Lisboa, comenzando así a gestarse, al sur de la Limia, el Condado de Portugal que comprendía parte del sur de Galicia, Tras-os-Montes y el territorio del que fué Condado de Coimbra. Aún eran territorios leoneses y las “portuguesas” ni existían como tal ni tenían la entidad que hoy tienen. Hablaríamos, en todo caso, de que a Alfonso VI le gustaban “las gallegas del sur”. Fué en tiempos de Inés de Castro cuando los gallegos son definitivamente considerados “extranjeros” en Portugal.

  2. Totalmente de acuerdo con todo excepto con la idea de que los gitanos llegaron a España en el XVI. Saludos.

  3. Sim. concordo sem dúvida nenhuna! Efectivamente. Los gitanos llegaron en tiempos de Juan II de Aragón, en el siglo XV. Pero su presencia en Toledo, según la novela, sigue siendo un anacronismo. Se ha trazado su grupo étnico en la India y las revueltas que los trajeron a España por la ruta egipcíaca.

    No quisiera dejarme en el tintero que la personalidad enorme de aquella mujer superior a su tiempo que fué Urraca dejó atónitos a sus contemporáneos. Tanto que el nombre comenzó a ser peyorativo y dejó de utilizarse.

    Boa noite tenha sua excelenza e bom percorrido pelos neboeiros da internet!

  4. Muchas gracias. Buenas noches también para usted.


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