Posteado por: fernando2008 | 3 agosto 2011

La provocación en el arte.

Español: Fíjate si la censura es feroz en España, que en la película

“Gilda” se acaba la escena cuando la protagonista se quita el guante.

Extranjero: Y en mi país. Y en todos los países. Es que la escena acaba ahí. ¿Qué habías pensado tú?

Diálogo real de un periódico de la época.

Marx me libre de poner cualquier traba al libre desarrollo de la creación artística. El Arte, o es libre o no es. Todos los artistas, los malditos, los atormentados, los academicistas, tienen absoluto derecho a expresar sus ideas libérrimamente.

Una de las muchas facetas del Arte es la de la provocación. El artista puede deleitar y puede indignar. Pero, fundamentalmente, debe hacer pensar. Aunque ese pensamiento sea de cólera, al ver el espectador cuestionadas sus ideas más firmes.

He traído al azar tres grandes obras del arte provocativo. No os preocupéis. No pienso hacer un análisis detallado de ninguna. Sólo daré unas breves pinceladas a los elementos en los que radica la provocación.

Leonardo da Vinci fue una figura problemática. En el fondo no era malo, pero era un excéntrico que pasaba de un proyecto a otro, sin acabar ninguno, con gran desesperación de sus clientes. Se le estropeaban sus frescos porque le ponía pigmentos de su invención, sus artilugios para volar sólo conseguían romper algún que otro hueso del que los probaba. Jamás entregó la Gioconda, provocando la desesperación de Francesco di Bartolomeo del Giocondo, que la había encargado y pagado.

En “La Virgen de las Rocas”, Leonardo recrea la Historia Sagrada a su gusto. La Virgen tiene a su derecha a san Juan Bautista al que acaricia. El Niño Jesús lo bendice y el ángel lo señala. Juan aparece en esta obra como un personaje mucho más importante que el propio Jesús. ¿Sería Juan el verdadero Mesías?. Esta pregunta ya ha sido hecha y contestada en innumerables novelas. Una de ellas, “La cena secreta” comentada en esta bitácora.

Caravaggio era, por el contrario, un mal bicho. Siempre andaba metido en peleas y se sabe que, al menos, mató a una persona. Si sus cuadros son casi todos de temática religiosa, es porque el mercado le obligaba a ello. La Iglesia era su principal cliente. Pero Caravaggio quería provocar. Le gustaba morder la mano que le daba de comer.

“La vocación de san Mateo” es una de sus obras provocadoras. Mateo es recaudador de contribuciones. Está, rodeado de sus amigos en su mesa. Cristo le llama y Mateo recibe la gracia. Lo que no queda muy claro en el lienzo es si lo que ilumina a Mateo es la sobrenatural gracia de Dios, o la profana luz del sol que entra por la ventana.

Nosotros ciudadanos del siglo XXI, podemos pensar que esta provocación es muy descafeinada, pero os aseguro que en 1599 había que tener mucho valor para pintar así. Por menos habían ardido muchos.

Pero donde la provocación de Caravaggio llega a su más alto grado es en el cuadro “La muerte de la Virgen”. María siempre se había pintado bellísima, asunta al cielo por el poder de su Hijo en cuerpo y alma. Se establece que no muere, sino que se duerme.

Bueno, pues todas estas ideas son puestas en cuestión en el cuadro. María ya no es “la más bella de las mujeres” sino una pobre mujer que ha muerto ahogada en el Tíber. Su cuerpo está deforme, hinchado. Sus pies están manchados de barro. El Colegio Apostólico está compuesto de personajes feos y calvos.

¿Comprendéis lo que quiero decir? El arte como provocación necesita dos cosas: provocación, desde luego, pero también Arte.

Hoy día, provocar es muy fácil. Eso es algo que conocemos bien en Extremadura. Basta que un artista ponga un crucifijo tapando los cojones de alguien, y ya tenemos el escándalo montado. Que hablen de mí, aunque sea bien. De esta manera artistas, que a no ser por esto pasarían desapercibidos, alcanza una cierta notoriedad. Porque saben dichos artistas que los católicos siempre entrarán al trapo ante cualquier tipo de agravio, real o imaginario. Es algo que no falla. Lo mismo que ocurrió cuando se proyectó en Madrid la película “Gilda”. Gente de rodillas en la Gran Vía rezando el rosario. Sabe Dios que es lo que pensarían estos orantes que iba a hacer Gilda después de quitarse el guante. Dichos orantes son el coro que aúpa a estos artistas a la fama, aunque sea efímera. Fama que desaparecería si estas mediocres obras de arte, en vez de un ataque furibundo recibiesen la recompensa que realmente merecen: un bostezo. Pero ni lo católicos aprenderán nunca, ni estos artistas dejarán nunca de aprovechar estas ocasiones.

A mediados del siglo XX vivió un artista que supo reflejar muy bien la importancia de la provocación en el Arte, y sacar, por supuesto, partido de ella. Se llamaba Piero Manzoni. Al final de esta entrada os dejo una muestra de su “arte”.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que con esta obra el artista la cagó. Pero ¿no la cagaron también los expertos de “Museu d’Art Contemporani” de Barcelona, del centro “Georges Pompidou” de París, de la “Tate Gallery” y del M.o.M.A de Nueva York que compraron a precio de oro y expusieron algunas de estas latas?

No os alarméis, queridos lectores. Muchas de estas latas ya han estallado, debido a los gases de la putrefacción. Como estallan a la larga todas las tonterías que se catalogan como arte y no lo son.

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