Posteado por: fernando2008 | 15 julio 2011

La izquierda y la derecha en la Asamblea de Extremadura.

– Y tú ¿por qué te acuestas conmigo: Por amor o por interés?

– Siempre por amor, cariño. ¿Por qué?

– Porque no estaría mal que también pusieses un poco de interés.

Chiste popular.

Esperaba con impaciencia el estreno de la nueva Asamblea de Extremadura y éste no me ha decepcionado. Ha sido un debate de hondo contenido ideológico: la colocación de sus señorías en el hemiciclo. La defensa de las posturas enfrentadas ha llevado a los oradores a remontarse a la Revolución francesa, apelando a todo tipo de irrenunciables posturas ideológicas. ¡Qué debate más profundo! ¡Y esto no ha hecho más que comenzar!.

Voy a intervenir en la polémica apoyándome no en el análisis de las ideologías, sino en información de primera mano. En mi experiencia personal.

Hace dos años visité como mis alumnos de “Educación para la ciudadanía y los derechos humanos” la Asamblea de Extremadura. Previamente habían sido sermoneados sobre la augusta solemnidad del lugar, sede de la soberanía extremeña, y sus reglas: no aplaudir, no mostrar ninguna actitud de aprobación o desaprobación, no hablar, no moverse de su asiento… Los pobrecitos míos entraron dando muestras de una disciplina que para sí la quisieran los espartanos, se sentaron y aguardaron. Y comenzó el espectáculo.

El hemiciclo estaba medio vacío. En él dos grupos de diputados, unos sentados y otros de pie, charlaban y reían alegremente. En la tribuna, una oradora disertaba sobre algo. De vez en cuando, los alegres grupos que charlaban en voz no muy baja y reían felices, se volvían hacia la oradora y abucheaban o aplaudían, según su color político, pero con cierta desgana. Cuando la oradora terminó y subió a la tribuna otra oradora, se repitió el mismo guión, sólo que ahora el grupo que antes abucheaba ahora aplaudía, y viceversa. Terminadas las intervenciones, desde la mesa se anunció que se iba a proceder a la votación: sonó un timbre y el hemiciclo se llenó. Terminada la votación, se pasó al siguiente punto, concediendo la presidencia la palabra a otro parlamentario: el hemiciclo se vació.

Mis alumnos salieron decepcionados y me reprocharon que les exigiese a ellos, niños de ESO., un comportamiento y una educación que no mostraron en ningún momento los representantes de la soberanía extremeña. La decepción de mis alumnos fue tan evidente que un miembro de la Mesa de la Asamblea se sintió obligado a salir con nosotros al patio y pedirnos disculpas. La decepción de mis alumnos duró hasta el momento en que comencé a explicarle la alcazaba. La mía, todavía me dura.

¿Irrenunciables exigencias ideológicas? ¿Materialización de posturas políticas que llevan dándose desde hace más de doscientos años? ¡Cuentos! La realidad es que ambos grupos pelean por estar cerca del lugar más anhelado de la Asamblea: la puerta del hemiciclo.

Los graves desacuerdos ideológicos que se producen en Extremadura no se dan, por ejemplo, en el Congreso de los Diputados. Allí hay dos puertas en el hemiciclo y tanto Zapatero como Rajoy han elegido el escaño más cercano a éstas. Pueden salir disimuladamente y no tienen que pasar la vergüenza de atravesar todo el hemiciclo cuando un orador está en el uso de la palabra. Y, lo que es más importante, su huida no será recogida por la cámara de la televisión. De todas formas, Rajoy ha sido repetidamente acusado de soltar su discurso y esfumarse después. En cuanto al Senado, no puedo opinar. Cada vez que he visto una sesión de la Cámara Alta he terminado tapándome los ojos. Sé que otros profesores que, ingenuamente, llevaron sus alumnos al Senado han protestado ante el espectáculo que allí han proporcionado a sus alumnos. Pero nadie les ha hecho ningún caso.

Esta actitud de nuestros políticos me ha hecho comulgar con alguna idea de Ángela Merkel. Por ejemplo, la de vincular salarios y productividad.

Imagino las caras de asombro de mis lectores ante la “boutade” neoliberal que acabo de soltar. Supongo que, además, se preguntarán cómo se puede medir la productividad de un político.

Se puede medir, y ya se ha hecho anteriormente. Por ejemplo, el administrador de la Orden de Alcántara tenía la obligación de suministrar todas las piezas del equipo de los freyles. Mientras los caballeros estuviesen perfectamente equipados, podía comer, y bien, en el refectorio. Pero si, en mala hora, a uno de dichos caballeros le faltaba la más mínima pieza de su equipo, dicho administrador estaba obligado a ayunar a pan y agua hasta que el equipo estuviese completo. ¿No es una buena idea?

Concretemos. Hoy tenemos suficientes indicadores para medir la productividad de un político. Si los alquileres varían en función de las variaciones del Índice de Precios al Consumo, ¿por qué no se puede fijar el sueldo de los políticos en función del Producto Interior Bruto de la región donde politiquean? O del índice de paro de la misma.

Esta idea no es una broma. Es el resultado de mi descontento, y del descontento de muchos otros ciudadanos, con nuestra clase política. Una clase que considera que se les debe todo, que nos hacen un inmenso favor permitiéndonos gozar de sus servicios y, sobre todo, permitiéndonos pagar dichos servicios con las sumas que se embolsan.

No voy a hablar hoy de la corrupción. Voy a centrarme en la idea de si nuestros políticos merecen los sueldos que reciben. Si la gestión de la cosa pública que están haciendo en la actualidad, sería recompensada de la misma manera en una empresa privada, en la cual tuviesen que rendir cuentas de su gestión ante una reunión de accionistas. Las buenas ideas que han tenido nuestros políticos, que seguro han existido aunque yo las desconozca, ¿merecen, según la más pura ideología capitalista, los sueldos que cobran?

Soy partidario de que los políticos cobren. Ésta es una polémica que ya quedó resuelta en la época griega. Entiendo que una persona que viva de su trabajo, debe cobrar cuando abandona su oficio y se dedica a la política, porque si no, la política quedaría únicamente en manos de la élite económica. Pero que cobren sueldos razonables. Y que trabajen. No que estén como los niños en la escuela, peleando por ver quien se pone más cerca de la puerta del patio. Y, mucho peor aún, disfrazando su deseo de salir pronto al recreo con invocaciones grandilocuentes a las eternas señas de identidad de la izquierda.

Mi calenturienta imaginación me hace asociar a estos servidores públicos con otro servidor: el Siervo de los siervos de Dios. ¡Cuántos servidores tenemos! ¡Y cuánto nos cuestan! Servidores a los que se les llena la boca diciendo que están donde están para servir al pueblo. Lo que no aclaran nunca es si servirán al pueblo con guarnición, o simplemente a la plancha.

Termino diciendo a los padres de la patria, que sé que desempeñan sus altas funciones por amor. Pero que no estaría nada de más que mostrasen también un poquito de interés. Hay niños que los están viendo desde la tribuna, llevados por profesores ingenuos que piensan que sus alumnos podrán aprender algo bueno en esa visita. Que trabajen, o al menos que hagan como que trabajan. Así, nuestros alumnos se sentirán edificados y ellos volverán a sus casas por la noche con la satisfacción del deber cumplido.

Y, además, sin fuerzas para ir a buscar bronca por las saunas de la calle Orense.

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Responses

  1. Lamentablemente, tenemos los políticos que nos merecemos y como estamos ante un proceso mundial de degeneración moral, en el amplio sentido de la palabra, o una de dos, o nos enfrentamos a ello con todas nuestras fuerzas, o nos dejamos arrastrar por esa corriente infame. No caben las medias tintas, maestro.
    😦

  2. Efectivamente, Jomer. Y yo he elegido enfrentarme a ellos con todas mis fuerzas.

  3. El otro día intenté esntrar en tu blog y me lo encontré cerrado. ¡Me alegro que hayas vuelto y además en plena forma!

  4. No se ha cerrado nunca. Puede ser que hubiera problemas en Internet. Todavía no estoy en plena forma físicamente, pero sí intelectualmente.

  5. Un artículo realmente magnífico. Te felicito

  6. Muchas gracias. Puede que el artículo sea bueno, pero la actitud de nuestros parlamentarios desgraciadamente no. Salvando únicamente a los de Izquierda Unida.

  7. […] intenciones, y que tanto oropel sea un señuelo con el que confundirnos para acabar todos con un grave problema de lateralidad, en el que no sepamos dónde está nuestra izquierda, y terminemos creyendo que las […]

  8. juicios de residencia, eso es lo que tendrían que pasar todos los políticos. Y asumir sus responsabilidades o mejor dicho, pagar por su falta de responsabilidad.

  9. Un buen juicio de residencia y traerlos cargados de cadenas en la sentina de una lenta carabela desde Estrasburgo o Ginebra. Y paralos de aquí un buen auto de fe con salsa barbacoa. ¡Se creen Carlos I y son peores que Carlos II!


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