Posteado por: fernando2008 | 9 julio 2011

Filípicas 1. El Partido Popular. Tierra quemada.

Como te ves, yo me vi.

Como me ves, te verás

Quiero comenzar hoy una serie de artículos sobre los partidos políticos españoles. Por el título de la serie “Filípicas” podéis imaginar que dichos artículos no serán precisamente laudatorios.

Comenzaremos por el Partido Popular. Tiene el triunfo, tan deseado, en la punta de sus dedos. Ni siquiera la apocalíptica (de Apocalipsis: Revelación) trinidad socialista: Alfredo, Pérez y Rubalcaba parece ser un obstáculo en su paseo triunfal. Pero cuando alguien desea una cosa con mucha intensidad, corre el riesgo de que los dioses se la concedan. El P.P. está corriendo el riesgo de conseguir el gobierno de España ¿Y entonces qué ocurrirá?

En 1812, los franceses invadieron Rusia. Los rusos, incapaces de enfrentarse cara a cara con el Gran Ejército (¿Cuántas veces habré tenido que decir a mis alumnos que la “Grande Armée” no se traduce por la “Gran Armada”?), optan por la solución más fácil: la tierra quemada. Obligaron, efectivamente, a Napoleón a evacuar Rusia. Pero la quedaron hecha unos zorros.

El Partido Popular lleva ocho años ejerciendo la oposición de la única manera que sabe: ¿De qué se trata, que me opongo?. Es una actitud que le ha reportado beneficios. Indudablemente. El odio, el enfrentamiento siempre será más atractivo que el amor, que la gratitud. Tácito decía que la gratitud es una carga, y la venganza es un placer. Y, mal que nos pese, no se ama a nadie toda la vida. En cambio, sí se puede odiar a alguien toda la vida.

Sin embargo, esta forma de hacer oposición tiene por su irracionalidad, también algún efecto negativo. Muchas personas hubiesen podido darse cuenta, con un análisis objetivo de la realidad de los errores de la política del presidente Rodríguez Zapatero. Pero, al ser bombardeados todos los días con frases como: “Es intolerable,” “es inaudito,” “nunca se había visto una cosa así”, llega un momento en el que su sensibilidad se embota y catalogará desde entonces todas las críticas, las fundadas y las infundadas, en el apartado “la eterna cantinela del P.P.” Por poner un ejemplo de la prensa del corazón, no se pueden celebrar  “la boda del siglo” todos los años. Ni anunciar que se está cometiendo “la mayor injusticia de la historia” una vez al mes.

Si el P.P. llegara al poder, asistiríamos, esta vez sí, a un acontecimiento de proporciones cósmicas: El día “D” a la hora “H” este partido dejaría de quemar tierra y se pondría, supongo que con el mismo entusiasmo, a cultivarla. A la misma hora, el presidente del P.P. y el Presidente de Honor de dicho partido saldrían disparados hacia los foros internacionales para anunciar en ellos la buena nueva: España es un país fuerte, con una economía muy sólida, con un tejido empresarial impecable y con unos obreros magníficos. El Gran Cambio se produciría en un abrir y cerrar de ojos. Se arreglaría la economía por el expeditivo método de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Se establecería la necesidad de que los ricos fuesen cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. El porqué de esta necesidad permanece todavía arcano para mí.

Arreglada la economía, se procedería a regenerar la vida política. En primer lugar, se atenderían las reivindicaciones del pueblo. Pero, claro, primero habría que clarificar quién es realmente el pueblo. Una de las cosas que más me fascinan de doña Esperanza Aguirre es que siempre que se enfrenta a una protesta popular, lo hace al grito de: “¡Pagados! Estáis todos comprados”! Y siempre recuerdo la escena que describe Ayn Rand en la novela “Los que vivimos” en la que un trabajador ruso que visita el Palacio de Invierno, le pregunta al guía soviético si el difunto Nicolás II estaba a sueldo del capitalismo internacional.

Lo mismo que los pecados se lavan con la confesión, la corrupción se lavará con las urnas. Alguien debería explicarle a los inquilinos de la calle Génova que el sentir de los ciudadanos es una cosa distinta del interés de las redes clientelares. No es lo mismo la regeneración política que la estafa de la pirámide, estafa en la que los últimos en llegar deben sostener sobre sus hombros a los que primero comenzaron a robar, no por un ejercicio responsable de sus deberes ciudadanos, sino para que les pueda llegar a estos últimos el momento de trincar. Y que no es lo mismo el ciudadano que ejerce su derecho al voto que el cómplice necesario de un delito.

Por último, pero no menos importante, está el tema de los agravios. En estos últimos días, los extremeños estamos comprobando como los socialistas tienen encallecida la piel de los pies con los que patean a sus enemigos, pero muy sensible la piel del resto del cuerpo. Hasta el punto que la más ligera de las críticas les provoca llagas supurantes. El cambio será traumático. Hay muchas cuentas que ajustar. Y, como decía Cicerón “el que ha sufrido, no olvida”.

¿Solución? No la sé. Pero barrunto que se impondrá la “doctrina Maquiavelo”: “Si tienes que hacer una herida a un hombre, esta herida deberá ser tan grande que no haya que temer a la venganza”. ¡ Marx nos coja confesados!

Como extremeño, asisto fascinado a la explosión mediática que han provocado los resultados de las últimas elecciones en nuestra región. No recuerdo una atención igual desde el episodio de Puerto Hurraco. Por eso, al análisis de cada partido, añadiré una coletilla extremeña.

En primer lugar, me asombra y alegra constatar que los grandes partidos puedan llegar a entenderse. El P. P. y el P. S. O. E. Se entendieron magníficamente en la pasada legislatura. En ésta, el Sr. Monago, presidente electo de la Junta de Extremadura hasta esta tarde, admite de buen grado los doce puntos de Izquierda Unida. Así pues, cuando se tiene voluntad, los partidos pueden entenderse por encima de sus ideologías. Sobre todo, si el otro tiene algo que tú deseas. Esto es el presente. En cuanto al futuro, el futuro es una incógnita sobre la que es ocioso especular. Lo que no es incógnita en absoluto es el pasado. Y todo los extremeños sabemos perfectamente cómo ha sido nuestro pasado.

Termino. No soy de los que creen que se debe dejar a un lado las ideologías y sustituirlas por el sentido común, porque el sentido común está también condicionado por la ideología. Una carretera tiene ideología. Es de izquierdas cuando sirve para unir al último pueblo de la Sierra de Gata con el hospital de Coria, aunque dicha carretera no esté muy transitada. Es de derechas cuando esa carretera sirve, junto a autopistas y autovías, para reforzar las comunicaciones entre los diversos puntos turísticos. Aunque tenga muchos usuarios.

Por cierto: es de izquierdas también intentar hacer políticas nuevas, cuando las viejas políticas han demostrado hasta la saciedad que no sirven.

El próximo día, hablaremos del P.S.O.E. Lo prometo.

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Responses

  1. Buen comentario y eso de la tierra quemada… es cierto. Muy cierto. 😀

  2. ¿Ves, Jomer? Poco a poco, mi cara y mi bitácora vuelven a la normalidad


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