Posteado por: fernando2008 | 6 julio 2011

Los estigmas.

– Maestro ¡llevas un montón de días sin escribir!

– Déjame en paz, Adso, ¡estoy muy malito!

– Has tenido ya nuestro cariño, nuestro apoyo, nuestras visitas y nuestros pastelitos. Va siendo hora de que vuelvas a reanudar tu tarea diaria.

– No creo que nadie necesite que yo escriba. Además, aunque te parezca un chiste, no se me ocurre nada interesante sobre lo que escribir.

– A Sara le prometiste escribir sobre los santos estigmas. Te decía que había pasado ya mucho tiempo desde la última vez que escribiste sobre Historia Sagrada.

–  ¡Estoy yo ahora como para escribir sobre estigmas y sangre, varón de dolores…

– ¡Qué pesado eres! Tu operación salió bien, te recuperas perfectamente. ¿Qué pasa? ¿Es que quieres que te traigamos más bombones? ¡A trabajar!

– ¡Dura convalecencia! En fin, comencemos. En primer lugar definamos los estigmas. Podemos estar de acuerdo en que son las huellas de la pasión de Cristo que aparecen en el cuerpo de algunos santos.

– ¡Muy bien! Adelante ¡Tú puedes! Es una buena definición.

– Gracias. Continuemos con las taxonomías.  Los estigmas podremos clasificarlos en función de su autoría en: hechos por Dios, o no hechos por Dios.

– ¿Qué quieres decir?

– Quiero decir que unos pueden ser impresos en el cuerpo del santo por Dios, y otros serían hechos por los propios hombres.

– ¿Para engañar?

– No necesariamente. Se dice que la mente manda en el cuerpo y que si estás todo el día considerando la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, al final en tu cuerpo aparecen los estigmas.

– ¿Crees realmente tú ese argumento, fray Guillermo?

– No se trata de lo que yo crea o deje de creer. Estoy intentando abarcar todas las posibilidades

– Quizás esa sea una posibilidad para ti. A mí me parece muy traída por los pelos esa idea de que la mente pueda gobernar el cuerpo hasta tal extremo que aparezcan heridas de clavos en los pies y las manos

– De acuerdo. Entonces solamente tenemos dos opciones: o fueron impuestas por Cristo o son un engaño

– Eso me parece más razonable.

– Bien. Pasemos ahora a estudiar la sindonología.

– Fray Guillermo ¡por favor! Tú has escrito, y muy bien por cierto, sobre esa pseudociencia y lo que podemos encontrar de verdad en ella.

– Totalmente de acuerdo, Adso. Pero hay pseudociencias de las que se puede sacar algo valioso. De la astrología sale la astronomía. De la alquimia saldrá la química.

– ¿Qué puede derivarse del estudio de la Sábana Santa?

– Pues ciertos conocimientos prácticos de cómo un cuerpo reacciona ante la crucifixión. Ha habido doctores, sobre todo italianos, que estudiaron las consecuencias de la crucifixión en cuerpos, espero que previamente muertos. Y se han llegado a conclusiones impecablemente científicas muy interesantes.

– ¿Cómo cuales?

– Como que no se puede crucificar a una persona clavando sus palmas al madero. Las palmas cederían y el cuerpo se desplomaría quedando sólo sujeto por los clavos de los pies.

– Pero siempre se ha representado así.

– En primer lugar no siempre. Además, se ha representado así por artistas que no habían visto nunca una crucifixión. Pero la forma de la crucifixión requeriría otra entrada monográfica. Sigamos con los estigmas. ¿No ves en ello algo que no cuadra?

– Pues no, maestro. Siempre se han representado las palmas de Cristo atravesadas por los clavos. Puede que no fuera cierto, pero todos estaban equivocados y aceptaron el hecho.

– Todos no.

– ¿Quién podría haber averiguado la verdad?.

– El Crucificado.

– ¿Cómo?

– Reflexiona, Adso. Un Dios infinitamente sabio y que ha sufrido en Sus carnes el suplicio de la cruz ¿Puede equivocarse al trasladar a sus devotos sus heridas? ¿Cristo Crucificado puede ignorar dónde le clavaron los clavos?

– No sé.

– Sí sabes, pero no quieres saber. Cristo no pudo cometer un error tan garrafal con sus más ardientes adoradores, a menos que sea un Ser maligno y mentiroso.

– ¡Cosa que niego taxativamente! ¡Es infinitamente Bueno, Sabio y Misericordioso.

– Estoy de acuerdo. Entonces sólo nos queda una explicación. No ha sido Él.

– Pero los santos estigmatizados…

– Tienes dos opciones: o dudar de esos santos, o dudar de Cristo.

– No puedo dudar de Cristo. Él es infinitamente Sabio y Bueno.

– Y además, fue crucificado. Él mismo recibió en Sus carnes las heridas. Es un conocimiento, nunca mejor dicho, de primera mano.

– Sin embargo, me cuesta creer que los estigmas de los santos, santos canonizados por la Santa Madre Iglesia no se deban a una intervención divina.

– ¿Intervención divina? Humana, demasiado humana diría yo.

– ¿Lo ves, fray Guillermo? No ha sido tan duro. Además, tu operación ha tenido otro resultado positivo.

– No acierto a ver qué aspecto positivo puedo sacar de ese suplicio.

– Que no has tenido que escribir sobre los hechos más recientes de la política española y, sobre todo, de la política extremeña.

– En eso tienes razón. Pero me temo que mi conciencia no me permita estar por mucho tiempo fuera de ese jardín.

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Responses

  1. Ha sido una gran alegría para mi encontrar un nuevo artículo suyo y además sobre un tema tan interesante.
    Quiero pensar que son buenas noticias.
    Un cordial saludo y le deseo un pronto restablecimiento

  2. Muchísimas gracias. Sí, ha sido una operación en el cuello larga y difícil, pero me estoy recuperando muy bien.
    Un cordial saludo


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