Posteado por: fernando2008 | 5 mayo 2011

Volver a Marrakech.

Un viaje en automóvil desde Cáceres a Marrakech no es algo baladí. Ni es de poca importancia, ni es algo del país, como la palabra árabe indica. Son kilómetros y kilómetros de andadura por carreteras no siempre buenas. Pero entonces yo era joven y primaba en mí el deseo de aventuras sobre el de comodidades.

Marruecos era a finales del siglo XX como Extremadura a mediados del siglo: no había grandes adelantos, ni mucho dinero; pero la gente era amabilísima y tremendamente hospitalaria. Me impresionó el hecho de que en cuanto nos oían hablar, y a veces antes de que pronunciásemos una sola palabra, cambiaban del francés al español. No ocurre lo mismo en todas las nacionalidades de España. Recuerdo a una pobre señora gordísima, cargada con una gordísima banasta de ropa y cruzando, en rojo, por una avenida de Tetuán la “blanca paloma” del norte de África. Nadie tocó un claxon, nadie se impacientó. Todos sonrieron y la dejaron pasar. La misma sonrisa con la que nos abordaban los agentes de la policía, aunque después nos indicaran que habíamos hecho algo mal.

La blanca paloma de Tetuán.

Ceuta, M’diq, pueblo este que a los españoles no les sonará de nada, pero en el que vi un rótulo en relieve, ya encalado encima, en el que se leía “Castillejos”, que sí nos suena. Como nos suena “Cabo Negro” “Río Martil”. O como nos suena que la plaza mayor de Tetuán, se siga llamando “Primo de Rivera”. Xauen, donde por primera vez oí la llamada del muecín retumbando el en valle. Tánger, con el “Jardín de la reina” en lo alto de la ciudad alta. Larache, donde estuvo uno de los paraísos terrenales de la antigüedad: el Jardín de las Hespérides. Axilah, patria de las langostas y de el Raissuli, al cual le prestó figura Sean Connery, en una película de la cual no quiero acordarme. Rabat, donde nos encontramos el recuerdo de Hornachos y a una de las tres hermanas, la torre de Hassan, que junto a la Giralda nos van preparando para la contemplación de la hermana mayor, la Cutubiyya. Mogador, la fortaleza portuguesa con cañones españoles. La decepción de Casablanca ciudad y, sobre todo, del aeropuerto. La verdad, que todavía no entiendo  qué es lo que esperaba encontrar allí y no encontré. En fin, siempre nos quedará París.

Torre de Hassan

Tras atravesar kilómetros de campos resecos llegamos a un oasis de palmeras, en medio del cual se alza la Cutubiyya, la palmera más esbelta de todas. Fue el mismo viaje que hizo Gerardo Sempavor, pero con mejor conclusión.

Marrakech, la “ciudad roja” porque todas las casas están pintadas de ese color, cuyo nombre proviene de “Tierra de Dios” y ese mismo nombre es el origen del nombre de Marruecos, es la ciudad más hermosa de todas las que he visto en África. Dejaré para más adelante, cuando tenga más salud y mejor ánimo, hacer una reseña histórico-artística. Sólo hablaré hoy de mis dos decepciones.

Si yo puedo enseñar a mis amigos musulmanes el interior de san Pedro del Vaticano ¿por qué ellos no pueden enseñarme el interior de la mezquita de la Cutubiyya?. Lo sagrado puede exigir respeto a los no creyentes, de acuerdo. Pero hay religiones que comparten su espacio sagrado con creyentes de otra religión, o con ateos, y su espacio no deja por eso de ser sagrado. Si empezamos a clasificar lugares de culto como más o menos sagrado en función de la religión que reina en ellos, estamos poniendo la primera piedra a un posible enfrentamiento.

Bueno, pues no pude entrar en la Cutubiyya. Decepcionado me adentré en la plaza Jamaa el Fna, una plaza increíble con sus tenderetes donde la sandía y la naranja conviven sin tener que recurrir a trucos frigoríficos, con sus contadores de cuentos, con su entrada al gran zoco… Estábamos cansados y decidimos ir a una cafetería.

Y aquí volvió a golpearme la mala suerte. Podíamos ir a la cafetería de mi izquierda, ésa que está pintada con el color uniforme de Marrakech, pero necesitaba ir a un cajero. Nos fuimos a la cafetería que estaba a mi derecha. Y así perdí la oportunidad de conocer la cafería Argana. La foto que inicia esta entrada es la foto de una oportunidad histórica fallida.

Hoy he oído en la radio una pintoresca opinión. Mientras que Bush intentaba cambiar los regímenes que no le gustaban con tropas estadounidenses, Obama, más listo, utilizaba para el mismo menester a los habitantes del propio país. Así se ahorraba dinero y sangre.

No creo que esta idea sea verdadera. Por suerte, a Obama, lo mismo que a la mayoría de los norteamericanos, el resto del mundo les importa bien poco. Sólo reaccionan cuando están en peligro sus intereses. Y esos intereses estaban bien a salvo con los tiranos que han sido derrocados en el norte de África. Lo mismo que siguen bien defendidos por los tiranos que quedan por derrocar en África y Asia.

Lo que, a mi juicio, mueve a estos países musulmanes, es un deseo de libertad y de modernidad. Lo mismo que los alemanes orientales veían como se vivía realmente en occidente y saltaban el muro, los países musulmanes van descubriendo la vida occidental. Y no ya las élites que van a Marbella. Son los jóvenes que tienen Internet y teléfonos móviles, aquellos mismos jóvenes que yo veía estudiar en las calles de Marrakech a la luz de las farolas públicas, porque en sus casas, o no tenían electricidad, o no tenían dinero para pagarla. Estos jóvenes no pueden y no quieren seguir aguantando más tiempo, sobre todo cuando ven que los tiranos republicanos hacen ímprobos esfuerzos para dejar el poder a sus hijos, como si fuese una finca más.

Si algo salta a primera vista en Marruecos es que la monarquía está muy arraigada. Y esa monarquía, está intentando, obligada por los acontecimientos desde luego, hacer unas tímidas reformas. Podemos dudar de las intenciones del rey; podemos preguntarnos si dichas reformas son suficientes. El caso es que las reformas existen.

En este escenario, de repente estalla una bomba en Marrakech. Nadie ha reivindicado esta monstruosidad. Pero no creo que sea obra de los marroquíes que sueñan con alcanzar mayores cotas de libertad y democracia. Y desde luego, ningún marrakechí va a atacar al turismo, su principal fuente de ingresos. Es obra de los que quieren que Marruecos y el norte de África continúen viviendo en la Edad Media.

Escribiré más detenidamente sobre Marrakech. Y, con toda seguridad, volveré a visitarla.

Será mi aportación a la lucha contra Al Qaeda.

El jardín de las Hespérides, paraíso terrenal en Larache.

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