Posteado por: fernando2008 | 27 marzo 2011

Islandia: Nuestro futuro. Nuestra esperanza.

Bandera de Islandia.

Hay un riesgo para la democracia en que las élites políticas usen

la Constitución para defender sus privilegios en vez del interés general.

James Madison. IV presidente de los EE.UU.

– Oye, maestro…

– ¡Tardabas ya mucho en aparecer por aquí, Adso!

– ¡Sólo te molesto cuando te necesito de verdad, fray Guillermo!

– Que es el noventa y nueve por ciento de lo casos. Veamos ¿qué quieres saber?

– Con respecto a esa película que dices ¿cómo se forma la crisis, cómo se escapan los políticos y por qué las compañías fomentan dicha crisis?

– Vamos, prácticamente nada.

– ¡Es que esto de la economía es muy difícil! Tienes que explicármelo a muy bajo nivel.

– Veamos ¿qué es un duro?

– Una antigua moneda española de cinco pesetas.

– Muy bien ¿y vender duros a cuatro pesetas?

– Es un dicho que indica un negocio ruinoso.

– Pues bien, yo, que soy un banquero, vendo duros a cuatro pesetas. ¿Tendré éxito?

– Te arruinarás.

– No. Eso viene después. ¿Tendré muchos clientes?

– Sí, pero…

– Nada de peros. Cojo un millón de duros y los vendo a cuatro pesetas. Los clientes se amontonarán a mi puerta en grandes colas. Pronto tendré un millón de clientes a los que habré vendido un millón de duros.

– ¡Y en vez de tener cinco millones de pesetas, tendrás cuatro!

– Tres.

– ¿Cómo que tres?

– Claro. Yo vendo duros a cuatro pesetas por una módica comisión de una peseta por cada duro.

– Pero tu empresa habrá perdido dos millones de pesetas.

– ¡Peor para ella! Yo cojo mi millón de pesetas y me lo llevo a las islas Caimán.

– ¿Y entonces?

– Entonces se produce una crisis económica mundial, y el Presidente de los Estados Unidos me llama para que sea Secretario del Tesoro. Y con mi sabiduría organizo un plan para que el estado se haga cargo de las pérdidas de dos millones de pesetas, recortando sueldos, pensiones y gastos sociales. Así consigo que la compañía en la que trabajaba, pero con la que no he cortado totalmente los lazos, recupere esos dos millones. Con esos dos millones compro deuda de mi país y digo que las medidas puestas en funcionamiento por mí, son improvisadas, ineficaces y demasiado blandas. Las agencias de ranking, pagadas o controladas por mí, rebajan la calificación de la deuda de mi país sin ningún riesgo para ellas. Al fin y al cabo, dicen, son opiniones, no verdades absolutas. La deuda se desploma y, como en toda deuda que se desploma, los intereses suben. Al final, he fastidiado a mi empresa, he fastidiado a mi país, pero me he forrado.

– Por fin lo he entendido. Y se me ocurre una solución: ¿No sería mejor que el Estado te diese esos dos millones, un por tus chanchullos con tu compañía y otro por tus chanchullos contra el Estado y te los llevases a tu casa? Ganarías lo mismo, pero no perjudicarías tanto.

– ¡Esa es la reflexión que todos los banqueros de cuello blanco y alma negra están esperando que hagamos! El síndrome de Estocolmo llevado a sus últimas consecuencias. Lo que ponen los pobres comerciantes en sus establecimientos: “Llevaos lo que queráis, pero no me lo rompáis todo!

– Es que no queda otra solución.

– Ahí te equivocas. Queda la solución islandesa.

– ¿Islandia? ¡Pero si es un país arruinado!

– Ya no. Ahora está a la cabeza del mundo. Tanto en lo económico como en lo político.

– Como siempre, intentando asombrar a tus lectores.

– En absoluto. Intentando descubrir a mis lectores el porqué de las cosas. El poder económico y político siempre ha sido un bien muy codiciado. En principio era exclusivamente del rey, señor y propietario del reino. Luego el poder real fue compartido por los nobles, personas que, como el rey, basaban su derecho en ser hijos de sus padres. Después de hacer trabajar mucho a la guillotina, se acabó con esta situación, pasando ahora el poder político y económico a personas que lo tienen por… porque sí. Y son tan inviolables como los reyes o los nobles de antaño. Es con este orden de cosas con lo que ha acabado la revolución islandesa.

– ¿Con la guillotina?

– Mucho más civilizadamente. Con la Interpol.

– Ya me he perdido.

– Cosa muy corriente en ti. Te contaré. Había una vez un país lejano, un país de hielo y fuego en medio del mar. Se decía que era el país de las hermosas valkirias, porque los vikingos que raptaban mujeres y las llevaban a Islandia, desde luego no raptaban a las feas. Este pueblo tenía un parlamento democrático heredero asamblea fundada en 930 por lo que es posiblemente la democracia parlamentaria más antigua del mundo. En 2008 tenían la mejor calidad de vida del mundo.

– Hasta que…

– Hasta que llegó el hombre blanco. Un gobierno conservador desregularizó la banca, con el beneplácito del F.M.I. de Rato, el cual ponía a Islandia como ejemplo a seguir, y su economía acabó hundida por los escombros de una banca cancerígena que convirtió la isla en un inmenso bono-basura y dejó una deuda equivalente a todo el PIB de ocho años y seis meses. La bolsa cerró y el país quebró. Los banqueros sin control organizaron algo al lado del cual el Saco de Roma parecería una merienda parroquial. El banquero islandés, ese que aparece en la película a bordo de su yate, se llevó él solito mil millones de euros. Y hasta al fecha.

– Y se organizó la gorda.

– No. No hubo una protesta pública inmediata porque los islandeses no sabían protestar; la última manifestación que hubo en Islandia fue en 1949 contra la OTAN. Hörur Torfasson, cabecilla de un movimiento ciudadano, dijo que a las primeras protestas apenas acudían 15 personas y la gente que pasaba por allí les preguntaban qué estaban haciendo.

Pero ya para el 22 de enero, más de 2.000 personas encararon a la policía frente al Parlamento y les lanzaron pintura, huevos, zapatos. La policía no supo cómo gestionar la situación, ya que en sesenta años no se había producido ninguna carga policial.

Las manifestaciones continuaron y crecían día a día hasta que un joven anarquista se le ocurrió trepar el tejado del Parlamento y sustituyó la bandera nacional por la enseña de la cadena de supermercados “Bónus”: una tela amarilla con un cerdo sonriente en el centro. Pasó más de un día hasta que los políticos se percataron de este hecho e inmediatamente intentaron criminalizar a los manifestantes como terroristas. Esta acusación fue suavizada por otros gobernante que decían que no era el momento de buscar responsables. Claro que, dicho así no sabemos si estos gobernantes se referían a los manifestantes o a ellos mismos.

Bandera de Bónus

– No deja de tener gracia la bandera de “Bónus”.

– Creo que es el mejor símbolo de la banca internacional. Pero continúo: El gobierno islandés procedió a nacionalizar los bancos y a asumir sus deudas. Ello supuso que cada ciudadano de Islandia se encontrara, sin comerlo ni beberlo, con una deuda de 12.000 euros. Como ocurre por todas partes del planeta, la mala gestión de entidades privadas debe ser enjugada por instituciones públicas y, por lo tanto, por la ciudadanía en su conjunto. La diferencia radica en que los ciudadanos islandeses, ante el escándalo de la situación -escándalo que es asimilable al que sucede en todos los países occidentales- se rebelaron contra su gobierno. Así, se lanzaron a la calle, exigiendo que no se pagara la deuda de otros. Unos “otros” que cuando tienen beneficios no se acuerdan de los ciudadanos y los estados, pero que recurren ansiosos a ellos cuando se encuentran en situaciones de apuro. El gobierno, que insistía en pagar la deuda, por la presión del FMI, que ahora ya no veía con tan buenos ojos la situación, se vio forzado a convocar un referéndum, en el que el 93% de la población se negó a pagar la deuda de otros.

Se produjo una crisis y la dimisión del gobierno. Jóhanna Sigurardóttir asumió de manera interina la máxima jefatura de su país durante la crisis de febrero 2009. Meses más tarde fue confirmada en su cargo por voto público, en las elecciones de abril 2009.

– ¡Qué horror! ¡Una lesbiana!

– Jóhanna es una señora de sesenta y seis años que vive dignamente la orientación sexual que Dios Nuestro Señor se ha servido darle. Tiene una compañera, Jonina Leosdottir y no la esconde. Tampoco paga a niñas marroquíes para que vayan a su finca. ¿Preferías ser gobernado por un machote como Berlusconi?

– No es eso, maestro. Es que los homosexuales lo son por vicio.

– Mira, Adso, te propongo un sencillo experimento. Tú, que eres heterosexual, acuéstate con un tío, e intenta disfrutar. Y después, hablamos si la homosexualidad es un vicio o una orientación sexual, tan legítima como cualquier otra.

– Vale, vale. ¿Y cómo se arregló la situación de Islandia?

– El nuevo gobierno ordenó una investigación sobre la deuda de capitales, así como sobre las condiciones del préstamo del F.M.I. El gobierno de Sigurardóttir ha convertido a Islandia en el primer país europeo que no premia a los banqueros sino que los mete en la cárcel. Ya ha encarcelado a varios y ha pedido a la Interpol una orden de detención para muchos que se fugaron. Como ves, no es necesaria la guillotina. Con la Interpol basta.

– ¿Y en España?

– Vamos por buen camino. En julio 2009, en medio de su crisis, Islandia vio rechazada su petición de ingreso en la comunidad europea, a menos que el gobierno ignorase el referendo que favoreció el no pagar la deuda a los banqueros. Ahora la Unión Europea, debido a la recomendación de España, ha decidido aceptar y apresurar las negociaciones de adhesión con Islandia. Una integración con la UE implicaría nuevas legislaciones que podrían silenciar las investigaciones islandesas sobre las finanzas internacionales, o…

– ¿O…?

– Un contagio de Islandia a la Unión Europea. Ten en cuenta que Islandia no tiene ejército, y que ha encargado redactar una nueva Constitución a un grupo de 25 ciudadanos sin filiación política. Si el contagio cunde, en vez de ver a los banqueros en La Moncloa pidiendo más ajustes, los veríamos en la cárcel.

– Soñemos, alma, soñemos.

Revolución islandesa.

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