Posteado por: fernando2008 | 23 marzo 2011

Inside job.

Uno de los grandes problemas que tengo con esta bitácora es el de no abrir demasiadas secciones. Aunque en realidad no importe, me perturba el hecho de que las cosas no tengan simetría, como diría Hércules Poirot. Y lucho contra la tentación de abrir una sección de cine.

Sin embargo, hoy no me queda más remedio que escribir sobre esta película-documental. Me ha impactado.

Marco Craso, era uno de los triunviros, junto con Pompeyo y César. Aparte de su historia política y su desastroso fin en Carras, era el hombre más rico de Roma. Tenía innumerables “ínsulae” es decir, casas de alquiler, en los barrios más pobres. Y el número de “insulae” de su propiedad aumentaba todos los días, porque en Roma había muchos incendios. Cuando ocurría uno, Craso se desplazaba rápidamente y compraba la casa siniestrada por cuatro perras. Luego llamaba a su cuadrilla de bomberos, y apagaban el fuego.

¿Indignante? ¡Qué va! ¡Loor a Marco Craso! Era un filántropo comparado con los grandes capitalistas de la actualidad.

La película me ha confirmado algo que yo ya sabía. Pero es que me lo ha confirmado por las declaraciones hechas ante la cámara, a veces con titubeos, a veces sin ningún pudor, de las personas que manejan las finanzas norteamericanas y por lo tanto del mundo. Ya lo he explicado otras veces, pero voy a hacer un pequeño resumen.

Todos: gobernantes, banqueros, catedráticos de economía, directores de los grandes bancos y de organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, conocían el problema de los bonos-basura. Conocían que la crisis se acercaba. Y nadie hizo nada. Pero no por ignorancia o dejadez, no. Es que todos sacaron provecho de la crisis. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, es el paradigma de esta “política”. Estaba metido hasta el cuello en negocios de dichos bonos, fue nombrado secretario y tuvo que vender, al alza, sus bonos. Como había sido un nombramiento oficial, no tuvo que pagar impuestos por dicha venta. Inmediatamente se produjo la crisis, y Paulson tuvo que intentar arreglarla. O al menos decir que intentaba arreglarla.

Aparecen cosas pintorescas, como correos electrónicos de vendedores de bonos que comentaban a sus colegas: ”Estamos vendiendo mierda”. Y no sólo engañaban a los pardillos que seguían sus consejos; además, atacaban los mismos bonos que vendían. A ellos les daba igual; sus ganancias provenían del número de bonos que vendían, y estaban perfectamente colocadas en paraísos fiscales. Lo que ocurriese luego con sus clientes, les tenía sin cuidado.

¿Y el Alma Mater? ¿Y la sacrosanta Universidad de Harvard?. El jefe de los profesores de Economía de dicha universidad aparece ante la cámara y con todo su morro dice que  creía sinceramente que el negocio de los bonos-basura estaba bien y que podía terminar mejor. Cuando el entrevistador le comenta que sabe que ha cobrado 300.000 $, por “asesorar” a una de estas empresas de mangantes, el catedrático jefe de Economía de Harvard le dice que termine la entrevista de una vez, que tiene prisa.

La película cuenta el caso de Islandia, un país floreciente con un severa regulación bancaria. Un cambio de gobierno hace que se suprima dicha regulación. Este cambio estaba avalado por un eminente economista que escribe un sesudo libro: “La estabilidad de Islandia”. Cuando la economía islandesa se hunde, el eminente economista se limita a usar el “tipex” titulando su libro: “La inestabilidad de Islandia”. ¡Y aparece ante la cámara defendiendo su postura!.

Lo sabían. Todos lo sabían, menos los pequeños inversores. Y Bush, que no se enteraba de nada. Las grandes compañías se hunden y miles de asalariados se quedan en la calle, pero los grandes directivos han cobrado sus comisiones e indemnizaciones y siguen en los altos cargos y en el gobierno. Con Bush. Y con Obama. No hay remedio. Nos tienen acorralados. Y lo peor no es que la verdadera fuerza que dirige el imperio nos estafe y nos mande al paro. Lo peor es que se ríen encima de nosotros. Nos roban con sus burbujas y sus ingenierías contables; arruinan a millones de personas, a otras las mandan al paro, se quedan con unas ganancias obscenas y luego ponen cara de bueno y nos consuelan diciendo: ¡Quién lo iba a pensar! ¡Pero aquí estoy yo para arreglarlo!

Y, puestos a hablar de películas y del imperio, os recomiendo también la película “La guerra sin fin” del mismo director, Charles Ferguson. En ella vemos las claves de la política norteamericana con respecto a Irak. Aquí no se puede hablar de mala fe. Tampoco del deseo de ayudar a los iraquíes para que consiguiesen la democracia. Ni siquiera era la búsqueda de armas de destrucción masiva, que sabían que no existían. No era nada. Incompetencia pura y dura. Meten al ejercito en Irak sin un plan para después de la guerra. Echan a la calle a todos los policías, a todos los militares y a todos los que tenían algo de cultura en el país. Y se sientan a esperar. Y los iraquíes que recibieron bien a los norteamericanos intentan ayudar, intentan organizar las cosas, estorbados por los “genios” que manda Bush. Genios, que, por supuesto, no tenían ni idea de cómo era Irak, ni sabían una palabra de árabe. Un coronel habla en la película, de su asombro al encontrarse con un chico, cuyo único título era haber acabado la secundaria, encargado de diseñar el tráfico de Bagdad. El muchacho no tenía ni idea de tráfico, pero su padre había hecho una donación para la campaña presidencial. Además, ¡total, iba a estar en Bagdad sólo seis meses!

Sólo uno de cada ocho vehículos del ejército norteamericano estaba blindado. Y, todo, o casi todo el ejército, se dedicaba a defender la “Zona Verde”. No podía, por ejemplo, controlar los grandes depósitos de armas convencionales del antiguo ejército iraquí. Y los iraquíes, aburridos, se apoderaron de esas armas y se pusieron a pelearse entre sí, y a pelearse con los americanos. Además, saquearon a placer. Ministerios, palacios, casas particulares, museos, todo fue saqueado. Las personas instruidas y patriotas que intentaron impedir el saqueo de los museos de Irak, fueron agredidos y asesinados. Muchos de los legados de siete mil años de historia están ahora en manos de coleccionistas particulares, fuera de Irak.

Sólo se defendió, y se sigue defendiendo, una cosa: el Ministerio del Petróleo. Quizás este dato nos dé, por fin, las claves de la segunda guerra de Irak.

Una vez más, para bien o para mal, la realidad supera la ficción. Y la fiesta continúa.

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Responses

  1. ¡Qué miedito! Es verdad, no dicen nada que no supiéramos o que, por lo menos, intuyéramos, pero lo articulan, muestran pruebas y, al final, ves, lo que ya creías, muy claro. Lo dicho, mucho miedo.

  2. Sí, Estatua, mucho miedo. ¡En qué manos estamos!

  3. Estamos en la peores manos que podemos estar.
    Entre las dos guerras del Golfo, estuve frecuentemente en Bagdad y pude comprobar in situ, sin telediarios dirigidos, cómo entienden estos chicos, eso de “llevar la democracia”, o sea la antigua “Pax Romana”
    Una idea de cómo de limpias son las guerras en que nos meten los robaperas de nuestros gobernantes la puede ver en las hazañas del “Kill Team” http://www.guerraeterna.com/archives/2011/03/
    Desde la tristeza, un cordial saludo

  4. nihil novvm svb sole, clarissimvs Ferdinadvs.

  5. Gracias por el enlace. Un cordial saludo.

  6. Ya, divus Antonius, pero hay que seguir luchando y denunciando. Además, ahora tenemos la confesión de alguno de ellos ¿no se les podía meter en la cárcel y que devuelvan lo robado?

  7. Ya lo dijo el carpintero: “Más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja a que un rico atraviese las puertas de Alcalá-Meco”…., ¿fue eso, no?.

  8. No. En realidad dijo esto:
    https://fernando2009.wordpress.com/2009/02/12/de-camellos-agujas-y-ricos-mi-apocalipsis-particular/

  9. Ya lo sé, vir clarissimvs, leo casi todo lo sale de tu fructífera pluma (no osaría decir que todo…); pero lo que ha llegado a la presunta “sabiduría popular” se parece más a lo que yo parafraseé. En cualquier caso, creo que la idea queda clara …

    Por cierto, ¿cuándo te dejarás caer por la Cartaginense?.

  10. En cuanto reciba el placet de mi adorada esposa, inmediatamente.

  11. Todo eso está muy bien pero, ¿qué podemos hacer las personas normales para ev itar esto?

  12. Mirar a Islandia, Sarita, mirar a Islandia.


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