Posteado por: fernando2008 | 17 marzo 2011

Japón y el peligro nuclear.

Adviertan los que de Dios

juzgan los castigos grandes

que no hay plazo que no llegue

ni deuda que no se pague.”

Tirso de Molina.

 

Una vez más se produce un desastre natural y una vez más se producen miles de comentarios artificiales. No tenemos posibilidad de evitar el primero, pero sí de modificar los segundos. O por lo menos, reflexionar sobre ellos.

Mi primera impresión cuando supe la noticia, fue de alivio. “Menos mal que ha sido en Japón”. Entendedme. Desde aquí quiero enviar todo mi cariño y solidaridad al magnífico pueblo japonés. Lo que quiero decir es que Japón es un país desarrolladísimo y que cuenta con unas construcciones a prueba de seísmos. ¿Imagináis la catástrofe que habría provocado un seísmo y el posterior maremoto en un país más pobre y con construcciones más deficientes?. El resultado sería millones de muertos y una devastación mucho mayor. Por cierto, creo que la palabra exacta es “maremoto”. “Tsunami” es una palabra japonesa que los ingleses usaron porque en su idioma no tenían una palabra específica para ese desastre. Pero nosotros sí la tenemos.

El segundo comentario que me llamó la atención es el de la flema y el civismo japonés. No hay gritos; no hay saqueos. Mi aplauso para los japoneses. Pero siempre he desconfiado de las etiquetas nacionales. Porque no son ciertas. Los “rajamantas” españoles que iban a Alemania dejaban inmediatamente de ser “rajamantas” y se convertían en unos obreros disciplinados, elogiados por los propios alemanes y que podían dar lecciones de productividad al mundo. Cuando estuve en Suecia con un grupo de vocingleros españoles, nuestras voces atronaron Suecia… los dos primeros días. El ambiente es más determinante que la idiosincrasia nacional. Por cierto, la palabra “flema” siempre se asocia a los ingleses. Pero cuando se ven las actuaciones de los hinchas ingleses en los partidos de fútbol, uno se pregunta a quién se le habrá ocurrido esa asociación. A lo mejor, el único inglés flemático era Sherlock Holmes. Y todos sabemos que Sherlock Holmes nunca existió más que en la imaginación de sir Arthur Conan Doyle.

Otro comentario que oigo, es el de la omnipotente mano de Dios. El castigo divino se abate sobre nosotros. Me parece mal. No creo que el pueblo japonés sea más pecador que cualquier otro. ¿Eran más pecadores que de costumbre los lisboetas en 1755 cuando se produjo el terremoto de Lisboa? Y, desde luego, en Pompeya se pecaba muchísimo menos que en Roma en el año 71 d C. Sin embargo, a ella le tocó pechar con la erupción del Vesubio. Los desastres naturales normalmente no coinciden con los lugares y las épocas más pecaminosas. Siempre recuerdo, cuando oigo la explicación del castigo divino, la anécdota del clérigo inglés que se cambió de parroquia y a los pocos días la casa parroquial ardió hasta los cimientos. El buen clérigo explicó a su nueva congregación que la misericordia de Dios le había salvado de las llamas, opinión que fue desmentida violentamente por el clérigo que le había sustituido en la parroquia quemada, al preguntarle si entonces el incendio se había producido para castigarlo a él por sus pecados.

Por último, el gran debate. Nucleares sí, nucleares no. Todo está controlado; nada está controlado. No hay ningún peligro. Todos los japoneses están expuestos al peligro.

Como profesor, que he sido, de Geografía Humana y Económica, podría dar datos y estadísticas. Pero no lo voy a hacer. Voy a plantear la cuestión en términos mucho más fáciles y más asequibles.

Todos los que hemos disfrutado de una estancia en pisos de estudiantes lejos de los padres, nos hemos dado cuenta de un extraño fenómenos: las neveras no se llenan solas. Si sacamos comida y no reponemos dicha comida, llegará un momento en que la nevera aparezca vacía. Quizás no limpia, pero sí vacía. Esto es incuestionable.

Pues bien, la nevera de la Tierra se ha ido llenando durante millones de años con combustibles fósiles, combustibles que tardan también millones de años en formarse y que nosotros estamos derrochando. Nosotros, no nuestros hijos ni nuestros nietos, veremos un mundo sin petróleo. ¿Y que hacemos? Nada. Dentro de veinte años, todos los automóviles que circulan hoy tendrán que ir a la chatarra. Luego llegará el fin del uranio, y posteriormente del carbón. Sin embargo este panorama, conocido por todos, no nos lleva a potenciar las energías renovables. Parece ser que éstas son algo folklórico, desvaríos de ecologistas, cuando no pretextos para que algunos avispados se hagan con subvenciones. Las grandes compañías petrolíferas continúan con su política suicida sabiendo, como saben, que se les acaba el chollo. ¿Y después? Bueno, “después de mí, el diluvio”.

La única alternativa que aparece apadrinada por las mentes pensantes del capitalismo internacional es la energía nuclear. Pero ¿qué supone ésta? Retrasar unos cuantos años la catástrofe y generar una contaminación muchísimo más peligrosa. Como veis, no necesito estadísticas para dar a conocer lo obvio.

¿Cuánto tiempo durarán nuestras reservas de uranio susceptibles de ser extraídas a un coste de menos de 130 $ por kilo? Unos ochenta y cinco años. ¿Y luego? Pues máquinas a pedales. ¿Qué más da? Ganancias aquí y ahora.

Pero lo verdaderamente de actualidad es el peligro nuclear en Japón. Existe y es incontestable. ¿Qué hacemos nosotros? Crear un comité para que revise unos papeles.

Uno de los escasos axiomas en los que creo es que todo lo que pueda ir mal, irá. Que las centrales nucleares diseñadas a prueba de maremotos, como las japonesas, fallarán en el momento en que a un terremoto se le añada un maremoto, desastres que suelen ir juntos en las islas. Que las mil medidas de seguridad adoptadas serán insuficientes y que la mil una que se debía haber incorporado a dicha central, al final no se adoptó. Que a un maremoto y terremoto se le puede añadir un fallo humano. Que es una apuesta demasiado alta. Que si seguimos por este camino, a lo mejor dentro de ochenta y cinco años no habrá personas que puedan lamentarse por la falta de uranio.

El dilema es, a mi juicio, encontrar la nevera vacía al cabo de unos pocos años, o que la nevera explote, con lo cual ya no nos importará si hay algo en ella o no. Que tengamos la suerte de cambiar la contaminación del petróleo por la contaminación del átomo. Desgraciadamente la hipótesis que no contemplo, ni contemplaré, es la de que se pueda dar alguna solución. Cada vez que una central nuclear falla, y han fallado muchas veces, se organiza un gran estrépito, no de razones sino de voces disonantes y malsonantes. Debemos mantener nuestro nivel de vida a toda costa, debemos tener nuestro planeta iluminado por la noche, debemos correr a toda velocidad con nuestros coches, debemos derrochar y contaminar. ¿Y luego? Bueno, luego ya encontraremos a alguien a quien echarle la culpa. Pero no debemos olvidar los versos de Tirso de Molina que abren esta entrada. Todo llega más pronto o más tarde. Y a la velocidad a la que consumimos nuestros recursos, el fin llegará más pronto que tarde. Y mientras tanto, daremos al peligro radioactivo la misma solución que damos a Libia: discutir, discutir y discutir.

Alguien me ha dicho que respecto al tema de los combustibles fósiles y su peligrosidad soy pesimista. Por el contrario; soy optimista. El pesimista es una persona que dice: “Esto va mal. No puede ir peor”. Yo ,por el contrario , digo: “Sí. Sí puede”.

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Responses

  1. El tema de las centrales nucleares, digan lo que digan y estén donde estén, me riza el pelo que no tengo.

    Dicho esto, soy de los que se asombran al ver la disciplina, civismo y paciencia de los japoneses ante ese desastre; sus consecuencias y el esfuerzo que deberán hacer -y harán, por seguro- para recomponer y arreglar todo su país y venerar a sus muertos.

    Reconozco públicamente que he llorado al ver esa desgracia y las caras descompuestas y horrorizadas de los que están sufriendo, a pesar de que por su cultura, no exterioricen los sentimientos como lo hacemos nosotros.

    No sé que decir ni hacer… 😦

  2. Totalmente de acuerdo con Ud.
    Lo lamentable es que esta desgracia se olvide pronto (incluso ya los “foros” interesados la intentan camuflar y disminuir.
    Efectivamente, nos guste o no, esto va a ir a peor.
    Un cordial saludo

  3. Me hubiese gustado encontrar tu artículo publicado en un periódico. Esto sí son palabras serenas y acertadas.
    En realidad, me encantaría que todos tus artículos aparecieran en el periódico.

  4. Pues a mí se me ha ocurrido escribir esto. No sé si servirá de algo, pero ahí está.

  5. Es mi destino. Cuanto peor son mis predicciones, más acierto. Un cordial saludo

  6. ¿No tienes bastante con leerlos aquí? No creo que en un periódico tuviese más difusión. ¡Ya me leen en 101 países!

  7. La cancion del nano Serrat, JUEGAN A VER QUIEN LA TIENE MAS GRANDE, Estos señores que fomentan la energia nuclear, la petrolera, romper el clima del planeta, No saben que los cajones de muertos no tienen bolsillos ni lugares donde depositar sus dinerillos mal habidos? NO SOMOS ETERNOS

  8. Desde luego que no. Y terminarán como los pobres técnicos de Chernobyl: enterrados en ataúdes de plomo.


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