Posteado por: fernando2008 | 13 marzo 2011

De la estupidez considerada como una de las bellas artes.

Aunque mi amiga Elisa dice que soy un masoquista, a veces reconozco mis propias virtudes. Una de ellas ha sido usar sólo la palabra “estupidez”, cuando venían a mi teclado un montón de adjetivos bastante más calificativos sobre el tema que hoy nos ocupa. Pero, como soy muy civilizado, lo dejaré en “estupidez”.

Puedo entender, no aprobar, que una persona mate a otra. Por odio, por celos, por venganza e incluso por dinero. El asesino tiene un motivo. Deleznable si queréis, pero un motivo. Lo mismo que el que roba, cuya mala acción va encaminada a conseguir algo.

Pero no puedo entender el mal puro, el mal sin motivos, el deseo de hacer daño por hacer daño. Que es lo que ha ocurrido en Valencia de Alcántara. Un grupo de “niñitos”, poned a esta palabra la terminación que más os guste, como no tenían nada mejor que hacer, se han dedicado a pintar con spray azul el dolmen “Zafra III”. Unos dólmenes que se habían salvado de la estupidez humana desde el comienzo de la Edad de Metales, sufren ahora una agresión estúpida y salvaje en nuestro civilizadísimo tercer milenio.

Supongo que habéis reconocido el título de esta entrada. Está tomado del libro de Thomas de Quincey “El asesinato considerado como una de las bellas artes”. Este escritor “maldito”, comedor de opio según su propia confesión, aunque sabe Dios que haría con este estupefaciente, escandalizaba a la sociedad de su tiempo afirmando que el crimen es reprobable cuando se proyecta, pero una vez consumado algo ha de obtenerse de él. Un crimen ha de tener una estética. Los detalles sangrientos quedan para el populacho, pero el hombre refinado debe buscar en el detalle elegante que convierta al asesinato una verdadera obra de arte. Como veis, no se comía el opio; simplemente se lo fumaba.

En Extremadura hemos cuidado mal nuestro patrimonio. Las sucesivas desamortizaciones han convertido en establos o almazaras muchos edificios antiguos. Muchos documentos de archivos importantes han sido vendidos al peso a las carnicerías para envolver carne. Y muchos dólmenes, por ejemplo el de Lácara, han sido volados con barriles de pólvora para buscar los tesoros que se creía que contenían. Mal hecho; pero al menos estas malas acciones conseguían un beneficio para alguien.

En la actualidad, cada vez que aparece una piedra labrada, hay que llamar al arqueólogo de guardia, y me parece muy bien. Lo que hicieron nuestros antepasados debe llegar a nuestros hijos, y ninguna razón económica debe impedirlo. Y la sociedad debe castigar con contundencia los delitos contra el patrimonio. Yo sugeriría que se castigase con la misma pena que el delito de estragos.

¿Cuál es el problema? Pues que la estupidez con spray se ha adueñado de nuestras ciudades a la búsqueda de un trozo de muro en blanco para ensuciarlo. Y no me digáis que es arte. Según la leyenda, que no la Historia, Nerón quemó Roma para hacer arte. Incluso hoy se habla de una película en la que aparecen escenas de violación infantil. El Arte es una comunicación entre el artista y el espectador. El cometer un delito, o causar dolor, nunca podrá ser arte. Por muchos colorines que tenga. Y sí; también. Causar dolor a las personas y a los animales no podrá ser nunca arte.

¿Soluciones? Cierto familiar mío se encontró un día con un grafitero que le estaba “decorando” la puerta de su garaje. Impidió la acción y al cabo de un momento recibió la indignada visita del padre del “artista”. El padre reconocía el derecho de propiedad de mi familiar sobre la puerta del garaje. Reconocía también el hecho de que la pintura que mi familiar debía comprar para arreglar el desaguisado, la debía costear mi familiar, no él. Pero no reconocía el derecho de nadie a reñirle a su niño.

El expediente abierto por la Junta de Extremadura puede acarrear al “artista rupestre”  una multa entre una y cuatro veces superior al valor del daño causado o que oscile entre 150.253,03 y 1.202.024,21 euros. Me parece barato. Un dolmen que lleva siete mil años de existencia, no puede ser mancillado simplemente porque unos “niñitos” se aburran el día de Todos los Santos.

Por último, una historia edificante. Corrían los primeros años de la Transición española. España era una sopa de letras de innumerables partidos. En una ciudad andaluza, un partido era especialmente proclive a las pintadas. Los militantes de dicho partido enjalbegaron la fachada de una casa con pintadas loando al jefe del partido de marras. Cuando el dueño de la casa se quejó a dicho jefe, éste afeó al propietario el hecho de que por unas pocas pesetas pusiera trabas a la libertad de expresión.

El propietario marchó contrito a su casa y repintó su fachada. Pero primero tomó nota de todas las frase de alabanza al jefe del partido “pinturero”. Por la noche se introdujo en el portal de la casa del jefe del partido y, amparándose en la obscuridad, reprodujo con su spray las frases que había borrado de su fachada. La historia asegura que el propietario grafitero ni recibió ninguna queja, ni su fachada volvió a ser mancillada con ninguna pintada.

No hagáis a los demás lo que no queráis que os hagan a vosotros.

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Responses

  1. Yo creo que toda acción tiene un motivo o causa, otra cosa es que sea compartida o aprobada. La persona que ha hecho semejante disparate ha podido ser simplemente un ignorante, un artista que quiere llamar la atención de alguna manera o simplemente un subnormal.En cualquiera de los supuestos, la sociedad tiene mucho que decir, incluidas las administraciones y la propia familia, claro.
    Justificaciones, pues sí, hay varias. La intervención en la naturaleza para modificar el paisaje,está en plena actualidad. Ha habido algún graffitero que hoy día se cotiza en las mejores subastas del mundo. Es una justificación entre comillas, por supuesto, quiero decir que se ha podido inspirar en estos hechos. Sin embargo me quedo con la última definición, la de subnormal, no es lo mismo intervenir en fachadas de chabolas para llamar la atención sobre la pobreza, o pintar un muro de una nave industrial por Jean-Michel Basquiat, que tirar un poco de tinta azul sobre un dolmen semejante. Ahora, si lo quieren arreglar, lo pueden dasarreglar más, espero que se quite con facilidad porque la pátina de musgo se irá a la porra.
    Quiero decir con todo esto que aunque no estoy de acuerdo con el afán de intervención en el paisaje de muchos artistas, es cierto que se han hecho y se siguen haciendo cosas interensantísimas, pero siempre para mejorar no para estropear, como es este caso.Se dan casos en arquitectura y artes plásticas en general.Insisto, no soy partidaria de las intervenciones en general. Cada vez hay menos campo limpio.
    En cuanto a lo de tu familiar, entiendo perfectamente la situación, ya nadie puede reñir a un niño ajeno. Ante esto sólo cabe la denuncia, a lo mejor les gusta más.
    El arte en la calle surge de la necesidad de criticar cosas, entre otras la falta de acceso de algunos artistas a las salas de exposiciones, pero esto es otro tema, y como dije anteriormente, hay verdaderas maravillas en las calles.
    Nada justifica atacar la propiedad privada, tampoco el robo está justificado, ni el asesinato. La libertad no es lo que decía el sevillano.Si yo quiero decorar tu casa, al menos te debería pedir permiso.
    Un besito.

  2. No te respondo porque sigo cabreado. Esto no es intervenir en un paisaje: es una gamberrada contra el patrimonio.Puede haber verdadera maravillas en las calles, pero por lo general son curretones de pintura. Y el que quiera hacer maravillas, que las haga en el salón de su casa.
    Dos besitos.

  3. Creo que no he dicho nada que incremente tu cabreo, lo de Valencia de Alcántara no se corrige con multas, se corrige con educación.
    Relájate, porque contra el patrimonio se ha actuado en muchas ocasiones con dinero público, ahora hago obras, ahora las deshago…
    Fernando, entiendo tu indignación, estoy contigo.Me gusta el color de la erosión y del musgo sobre las piedras, no me gusta verlas de colorines, nadie tiene derecho a
    hacer eso, pero entiende que administraciones han permitido cosas semejantes,la administracción consiente en Ávila que se intervenga en un paraje de encinas, esas cosas están ahí y debemos luchar para que lo que es de todos no se lo carguen.
    No es una invención mía, alguien puede confundir una mole de granito con un dolmen. Eso es lo que quiero decir, falta sensatez.Si te interesa enlaza la siguiente dirección.
    http://www.elpais.com/articulo/cultura/Ibarrola/refugia/Avila/elpporcul/20051030elpepicul_5/Tes
    Creo que lleva más de 100 piedras pintadas con titanlux, nada más y nada menos. Por muy finca privada que sea, ¿se puede consentir esto?No creo que estas intervenciones sean adecuadas en un momento en el el el medio ambiente debe primar, sin embargo se consiente.En las cuevas de Altamira no tenían otro soporte, pero ahora…privar a las piedras de su habitat, de su evolución natural. Pues eso Fernando, estas cosas están pasando. Espero que este “gran artista” no descubra las dehesas de Extremadura porque lo que les hace falta a las encinas es que las rodeen de titanlux, por si tiene poco.
    TRES

  4. No estoy cabreado contigo, desde luego. Hay muchas agresiones a la naturaleza. Y a veces, la naturaleza se cabrea y devuelve la agresión, como en Japón. No tengo claro si esto se corrije con educación; toda mi vida me la he pasado intentando inculcar el amor a la historia y al arte a mis alumnos y debe ser algo como una gota en el mar. Cuatro

  5. Pregúntales a tus alumnos, seguro que salió un alto porcentaje a los que les interesa el arte y el respeto por el patrimonio. No esperes el 100%, hay un porcentaje importante que no depende del profesor, padres, medio ….si fuera tan fácil…
    En la subcultura, los desastres “naturales”, tienen que ver con el castigo divino, el caso es no sentirnos responsables de nada.
    Tres+2

  6. Algunos sí han salido. Pero pocos. Los desastres son: o provocados por el hombre o por la naturaleza.6

  7. Lo de Japón fue la naturaleza?

  8. No. Lo de japón fue la ambición humana, el deseo de ganancias rápidas, sin tener en cuenta el peligro que supone para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos.


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