Posteado por: fernando2008 | 21 febrero 2011

La debilidad de la democracia liberal burguesa.

Todos los que nos hemos considerado de izquierdas, o los que hemos sido tachados de izquierdosos, que tanto monta, hemos hablado con desprecio alguna vez de las democracias liberales burguesas. Debe ser, también, algún tipo de enfermedad infantil.

Pero las enfermedades infantiles se curan y rectificar es de sabios. “Un fanático es una persona que nunca cambia de opinión” en frase de Winston Churchill, persona que cambió no sólo de opinión, sino también de partido. Hoy voy a romper, no una lanza, ni siquiera una pluma, sino con un tópico de mi juventud. Hoy voy a defender la democracia liberal burguesa a la luz de los acontecimientos que están ocurriendo en países de África y ya también de Asia. Estos países están luchando por conseguir esa democracia.

Como esta bitácora es fundamentalmente una bitácora de opinión, justificaré mi opción no con aparato bibliográfico, sino con mis vivencias, ya que escribir un libro o una entrada sobre la democracia liberal sería, cuando menos, reiterativo.

Cuando murió Franco, porque nuestra democracia no se produjo como consecuencia de nuestra lucha contra el dictador, sino por el puro devenir biológico, atronaron mis oídos dos voces: la una, absurda: “Franco, resucita, España te necesita”. La otra, también: “No a la democracia burguesa: todo el poder para los soviets”. Unos decían que en España, debido a nuestro “temperamento”, nuestra incultura, nuestro secular cainismo, no se podía dar la democracia. También decían que el comunismo, bajo el caballo de Troya de la democracia, traería a España la degeneración, fundamentalmente la pornografía, para apoderarse del país. Los otros, ¿para qué cansaros?, decían lo contrario.

Bien. El tiempo que pone todas las cosas en su lugar, nos ha mostrado la realidad. El partido comunista es hoy un partido minoritario que no se ha apoderado de España y los últimos cines porno han cerrado por falta de espectadores. La normalidad siempre se abre paso.

¿Es la democracia burguesa una panacea? No, por una razón muy simple: no existen las panaceas. Tampoco existió la Edad de Oro. Ni el Reich de los mil años. Ni una ley divina, eterna e inmutable. Pienso como Hugo Grocio que el “Derecho de Gentes” es el dictado de la recta razón y existiría aunque Dios no existiese. Pero es que tampoco existe un Mesías. Siempre he pensado que aquel que cifra su salvación en un Mesías es porque lo que quiere en realidad es que el Mesías le resuelva su vida, o su muerte, sin tener él que arrimar el hombro.

Es cierto que en el siglo XXI cada vez hay menos gente que cree en la venida de un Mesías envuelto en nubes y entre el resplandor de los rayos. Pero, a pesar de esto, nos hemos fabricado nuestros propios mesías más modernos. Cuando el ser humano descubre algo (la geometría euclidiana, las leyes de Newton, el marxismo, el psicoanálisis) inmediatamente intenta convencer a sus congéneres de que ha hecho el descubrimiento definitivo, el modelo que puede explicarlo todo. Entonces se intenta meter a martillazos la realidad dentro del nuevo modelo. Esto funciona durante algún tiempo hasta que la realidad estalla el modelo y hay que volver a empezar. Las cosmogonías, por muy modernas que sean, jamás podrán etiquetar y explicar la realidad. Vivimos en la incertidumbre. Y así debe ser.

Entonces ¿qué debemos hacer? En principio, aceptar esa incertidumbre, que algunos llaman despectivamente “relativismo”. Si no tenemos, y no podermos tener, certezas absolutas, debemos construir día a día, certezas relativas.

La democracia no es un fin, es un medio. Es un gobierno malo, sujeto a demagogias y corrupciones, pero es el menos malo que existe. La fiscalización del adversario nos permite conocer la corrupción del político y, poco a poco, con muchas dilaciones, ponerle freno. Pocos saben el número exacto de miles de millones de euros que se embolsó Mubarak. Pero vamos sabiendo el total de los regalos que se le hicieron a Camps. No sabemos cuantas personas ha mandado asesinar Gadafi. Pero nos escandaliza el chivatazo del “Faisán”. Imperfecto, mejorable, con corruptelas, pero nuestro Estado de Derecho es infinítamente superior a todas las dictaduras, desde Cuba a China, desde Irán a Arabia Saudí. Nuestra democracia ha hecho que presidentes de los EE.UU dimitan, que vicepresidentes vayan a la cárcel. Que ministros españoles sean también encarcelados. Es una ley lenta, imperfecta. Pero, ley al fin, respetada por todos. Y, sobre todo, mejorable, al no basarse en una certeza absoluta.

¿Pueden los demás países llegar a nuestra situación? Desde luego. “Como te ves, yo me vi. Como me ves, te verás”. No creo en las razas superiores ni en los pueblos inferiores. Además, Túnez y Egipto consigueron, con su esfuerzo, echar a sus dictadores. España no. España tuvo que esperar a que se muriese.

Tampoco creo en el mecanicismo, marxista o no, que enseña que la humanidad se encamina irremediablemente hacia un fin determinado. La humanidad se encaminará hacia donde ella quiera encaminarse. Con avances, con retrocesos, con estancamientos. Pero ayudada por la aceleración histórica. El mismo pueblo que soportó a los faraones casi tres milenios, no ha soportado a Murbarak treinta años. Y la sed de libertad, justicia y riqueza siempre ha existido. Lo que ocurre es que ahora viaja por fibra óptica y conexión por satélite.

Un ejemplo de la percepción de la realidad histórica por parte del pueblo, es que cada vez tenemos menos “héroes” en la historia universal. Pasaron ya las épocas de los semidioses, de los héroes míticos, de los “grandes hombres enviados por Dios”. Ningún líder actual es considerado como “el que siempre tiene razón”, como un regalo de Dios al mundo. Y esto es bueno, porque los grandes hombres son peligrosos. Cuando sus sueños fallan, los entierran bajo las cenizas de las ciudades donde los hombres sencillos vivieron un día en paz.

La democracia es el sistema político que menos guerras ha declarado. Y que, una vez se ha visto obligada a entrar en guerra, más pronto ha intentado ponerle fin. Un fürher delirante mirará con indiferencia la lista de bajas que ha provocado su locura. Un gobernante elegido por las urnas, no. Aunque sólo sea por mantenerse en el cargo que ocupa.

Instalado en mi duda, en mi relativismo, intuyo que el cambio que está produciéndose hoy en el mundo, es para mejor. Quizás me equivoque. Quizás nos encaminamos hacia tiempos difíciles. Quizás retrocedamos en la consecución de los derechos humanos universales. Pero, si retrocedemos, siempre quedará en el ánimo de los derrotados el deseo de volver a la lucha nuevamente y conseguir la victoria. Se puede esclavizar  a un pueblo o a muchos, durante mucho tiempo. Pero no se le puede quitar sus ansias de libertad y progreso. Y esas ansias los moverán a volver a la lucha. Pero puedo equivocarme. No tengo ninguna revelación, ninguna profecía del porvenir. Tampoco tengo una doctrina infalible que me permita conocer el futuro.

Hacéis bien en dudar. Siempre hay que dudar. Dudar incluso de la propia duda.

P.D. Simon Peres, presidente del estado de Israel: “Si Irán se transforma en Egipto ya no habrá más revoluciones, pero si Egipto se transforma en Irán las revoluciones continuarán.” Así lo creo yo también.

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Responses

  1. Sesudo e inteligente comentario, Maestro. Lo que ocurre es que hay unas palabras en el mismo que me “crujen” algo. Vgr. “La democracia es el sistema político que menos guerras ha declarado.”

    Si echo un vistazo al otro lado del charco, Estados Unidos, en nombre de no se sabe muy bien qué, las ha organizado de todo tipo, o sea que no estoy muy de acuerdo con tu afirmación.

    No obstante, como bien dices, es preferible una democracia defectuosa que una dictadura perfecta.

    Siempre a tu lado y ya sabes que no es por adularte.

  2. La Democracia, Jomer, es el sistema político que menos guerras ha declarado. Eso no quita que algunas democracias sean más imperialistas que otras y que prefieran arrasar Hirosima y Nagasaki antes que perder sus propios soldados desembarcando en Japón. Pero hasta los EE.UU. tienen que tentarse la ropa cuando declaran una guerra y comienzan a llegar ataúdes.
    En comparación con las dictaduras, son, en general, unos angelitos.
    Me alegro que te guste, y me alegro que discrepes. Así aprendemos los dos.

  3. En México tenemos una década discutiendo la democracia. Mucho camino nos queda por delante, pero nadie piensa ya (y eso es bueno) que la democracia sea mala cosa. Ahora pensamos en otros aspectos: cómo gastar menos en elecciones, como obligar a una efectiva rendición de cuentas, sopesar las bondades y perjuicios de la reelección, etc. Lamentablemente, este debate apenas se encuentra entre intelectuales y politólogos, algunos medios impresos, pero aún no llega esta conciencia a nuestra clase política.

    Saludos.

    P.D. Empecé la lectura de La Cena Secreta. Su estilo literario no me gusta del todo, pero me encantan estas novelas históricas. Seré paciente antes de emitir un juicio definitivo.

  4. Es eso exactamente lo que quiero decir. Debemos perfeccionar la democracia y ayudar a los países que no la tienen a conseguirla. En cuanto a “La cena secreta” no es la mejor novela histórica del mundo (las mejores son las de Mika Waltari y la insuperable “Bomarzo) pero se deja leer.

  5. La democracia es muy perfeccionable. Lo que pasa es que si se perfecciona los políticos que nos ¿gobiernan? no podrían seguir medrando y por tanto impedirán cualquier perfeccionamiento.
    Es muy triste ver, con la que está cayendo,(y la nube negra que se aproxima), a nuestra clase política, echarse porquería en el Parlamento (a costa de nuestros dineros), no por defender sus ideales, si no por querer gobernar… y medrar.
    Estoy de acuerdo, la democracia es una herramienta para bien gobernar los pueblos, pero a veces a fuerza de mal usar las herramientas, se desgastan, se vuelven inútiles. En un taller, se afilan o si no hay más remedio, se cambian por otra mejores,(todo evoluciona). Pero en la política no. Hemos convertido a la democracia casi en algo sacro, intocable. Practicamos una especie de fundamentalismo democrático. Adoramos en definitiva a la “llave inglesa”.
    Pero no es sólo eso, en los últimos tiempos da la sensación que los políticos que ¿elegimos? son la fachada de un poder financiero que es el que realidad gobierna.
    En el periódico el Norte de Castilla, salía hace unas semans un chiste en el que a la pregunata de su hijo , pequeñito, sobre ¿que es la democracia?, el padre le contestaba que era un sistema que nos permitía elegir libremente cada 4 años a los que obedecen a los que mandan…
    Aunque no esté muy de acuerdo en sus apreciaciones en este último post, le felicito por su blog. Es una dlicia leerle (¡Y hasta discrepar!)
    Un cordial saludo

  6. Evidentemente, la democracia es un medio, no un fin. Como relativista pienso que debemos usarla hasta que encontremos algo mejor porque es lo mejor que tenemos hoy. Un cordial saludo


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