Posteado por: fernando2008 | 12 febrero 2011

La revolución del Norte de África.

Así ha sido y así será siempre.

Mika Waltari. Sinuhé el egipcio.

Me he equivocado en mis predicciones, y no sabéis cuanto me alegra. Temía un baño de sangre en Heliópolis, pero al final todo se ha resuelto con una huida. Esperemos que, pese a todas las dificultades y las incógnitas, la cosa termine bien.

Esta bitácora tiene una sección de “Historia” y otra sección de “Actualidad”. La presente entrada está ubicada en la sección de “Actualidad”. El trabajo del historiador es lento y reposado, con la perspectiva que dan los años e incluso siglos transcurridos desde que ocurrieron los hechos que se estudian. Podemos estudiar, analizar y justificar la caída de Marco Antonio y Cleopatra, porque sabemos cómo terminó. No sabemos como terminará la historia de Mubarak. Sólo podemos especular sobre ésta. Permitidme que hoy especule.

Ante todo, quiero repetiros, por si alguno la ha olvidado, la frase de Henrry Kissinger: “La grandes potencias no tienen amigos, sino intereses”. Obama, personificación de la primera potencia mundial, abraza a Mubarak… hasta que deja de abrazarlo. Tan dictador era Mubarak ayer como hace un año. Pero, de repente, el “rais” amigo, garante de la estabilidad de la zona se ha convertido poco menos que en Hitler. Y nadie se extraña. Estados Unidos, la Unión Europea, cambian su actitud a su conveniencia, no en función de una defensa de los derechos humanos.

Aclarado el punto del interés de las grandes potencias por los derechos humanos, pasemos a aclarar el concepto de “revolución del Norte de África”. Muchos sesudos analistas se preguntan por las causas, se interrogan sobre el porqué de este momento, hacen paralelismos con todas las revoluciones y transiciones que se les ponen a tiro (eso sí, todas menos la española; ¡hasta ahí podíamos llegar!)y manifiestan sus temores de que todo el norte de África se convierta en un Irán, si no en un nuevo Afganistán.

En mi modesta opinión, una revolución tiene siempre muchas causas. Pero, entre todas esas causas, la más importante es la económica. Si estudiamos, por ejemplo, la Revolución Francesa, nos encontraremos con páginas y páginas de causas políticas, sociales, culturales. Pero si superponemos los gráficos del precio del trigo y los de estallidos de violencia en Francia, coinciden al milímetro. Cuando un pueblo no tiene pan, y recordemos que la comida es el sesenta por ciento de los gastos de una familia del norte de África, se rebela.

¿Qué ha hecho que el estallido se produzca ahora y no hace un año? La crisis europea. Europa ha sido el aliviadero de estos países. Los norteafricanos no podían luchar contra los autócratas que gobernaban sus países esquilmándolos en beneficio propio y de su familia; la corrupción de la que se beneficiaban estos tiranos les impedía vivir, por muchos recursos naturales que tuviese el país. Las dictaduras, los estados de excepción, la falta de derechos les impedía defenderse de la policía y de las torturas. No les quedaba más remedio que callar e irse a buscar en Europa un alivio a su situación. Volvían una vez al año, creando inenarrables embotellamientos en Algeciras, para traer dinero a sus familiares y contarles como era la libertad en Europa. Pasado el mes de vacaciones, volvían a Europa, a desempeñar los oficios más humildes, soñando con volver alguna vez a su país con el dinero que habían ahorrado. ¿A algún español le suena esta situación?

Bien, ahora Europa está en crisis. El paro la azota, y con el paro la xenofobia. No tienen donde ir. Y entre morir de hambre y morir luchando contra la odiada policía, eligen morir luchando. Y han luchado hasta que han vencido. Han descubierto que la frase de Sinuhé que encabeza esta entrada, es mentira. Nada es eterno. Todo cambia, todo fluye. Como el Nilo.

Como dato curioso trataré ahora las diferencias entre lo que ocurre en las monarquías y en las repúblicas. Parece ser que la furia popular se ceba más con los regímenes republicanos. Dentro de la sinrazón, esto tiene su lógica. Los beduinos jordanos pueden protestar, y de hecho han protestado, por los gastos de su reina. Sin embargo, estas protestas han sido menores. El motivo se debe a la magia que rodea a la monarquía. No se puede ser tacaño con la familia del profeta, con los hachemitas. Pero sí pueden indignarse con los gastos extravagantes de una peluquera. Además, Abdalá de Jordania tiene a su favor no solamente sus méritos, sino los de su padre Hussein, los de su dinastía, ventaja que no tiene, por ejemplo, Gamal Mubarak. La presidencia de una república, digan lo que digan los dictadores, nunca podrá ser un cargo hereditario.

¿Peligros de esa revolución? Todos. ¿Certezas? Ninguna. Dicen que el ejército egipcio va a dirigir la transición, pero ¿qué profesión tenían Gamal Abdel Nasser, Anuar el-Sadat y el mismo Hosni Mubarak? Militares. Todos militares. No parece un panorama demasiado claro.

Sin embargo, soy optimista. No porque piense que los egipcios sean distintos a los iraníes o a los afganos, que no lo son, ni porque estos mismos egipcios sean inmunes al contagio del islamismo radical, que tampoco lo son. Al fin y al cabo, el fundador de los “Hermanos Musulmanes” era egipcio. Soy optimista, ahora cuando el peligro del baño de sangre parece que ha pasado, porque pienso que gracias a los medios de comunicación cada día es más difícil una involución, un salto atrás en el devenir de la historia hacia la democracia.

Vivimos, para bien y para mal, en un mundo globalizado, en el que los medios de comunicación de masas unen todos los rincones del planeta, por muy remotos que sean. Los unen a una velocidad que crece cada día. La toma de la Bastilla tardó días en conocerse. El asalto al Palacio de Invierno, horas. La revuelta de la plaza de Tiananmen se supo en minutos. Lo que ocurría en la plaza Midan Tahrir (que así se escribe) lo sabíamos en directo, a pesar de los esfuerzos del gobierno y sus sicarios por ocultarlo. Hoy día no se podría ocultar a la opinión pública masacres como la de Katyn, o la de Auschwitz. Ningún régimen, por muy dictatorial que sea, puede ocultar mucho tiempo sus crímenes.

Pero, además, gracias a Internet, la televisión digital y los móviles, tampoco se puede ocultar como viven “los otros”. Unos medios de comunicación mucho más rudimentarios que los de ahora permitieron ver a los habitantes del “paraíso del proletariado” como vivían sus colegas occidentales subyugados por el capitalismo. Y el muro de Berlín cayó. Por eso los ayatolás y los talibán (así es el plural; en singular es “talib”) tiene obsesión por controlar la información. Pero, pese a sus esfuerzos, no podrán parar la información que fluye libremente por todo el mundo.

Un manifestante de la plaza Midan Thrir decía a la televisión española que ahora que eran libres “podrían vivir como europeos”. Es decir, usar sus ordenadores, sus móviles, Internet. El propio “mulá” Omar, cuando ejercía abiertamente como “Amir al-Mu’minin” en Afganistán tuvo problemas con los kabulíes que querían ver en su estadio partidos de fútbol, no ejecuciones. El progreso se abre paso.

¿Demasiado optimista? Quizás. Pero tengo mis razones. En mi niñez he vivido en un pueblo no muy distinto de los pueblos egipcios de ahora. En ese pueblo, la mayor parte de las mujeres llevaban la “cobija” una especie de pañuelo islámico, pero mucho más tétrico, pues todos eran negros. No permitían ver más que el rostro. Pues bien: ese pañuelo ha desaparecido completamente. No hicieron falta campañas, leyes, ni multas. Simplemente, cuando el primer aparato de televisión llegó al pueblo, las cobijas comenzaron a desaparecer. Hoy no he sido capaz de encontrar ni una sola foto para mostrárosla.

Hace tiempo, cuando comentaba estas cosas con un amigo, me replicaba enfadado que la transición española era algo único e irrepetible. Cuando le hacía ver las similitudes que tenía dicha transición con algunos fenómenos sociales actuales me contestó: “Pero nosotros íbamos a la emigración legalmente, no en pateras ni en cayucos”.

Pues no. Tampoco. Los hechos son muy tozudos. En los peores momentos de postguerra, los años del hambre, los españoles también practicábamos la emigración ilegal. Y no recorríamos en cayucos cientos de kilómetros, sino miles. Ahí tenéis la foto de “La Elvira”, un cayuco que, con 160 inmigrantes ilegales, salieron de Canarias y llegaron a Venezuela en 1949, sin importarles el tamaño del océano Atlántico. ¡Más cornadas da el hambre!.

Recordar primero, reflexionar después. Y luego, si procede, hablar.

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Responses

  1. Magnifico comentario pero no estoy muy seguro de que la sangre no vuelva a manar de los egipcios y lo digo porque como bien has comentado, todos los recientes presidentes de Egipto han sido militares.

    O se hace una transición ordenada y fiable al 100 % (bueno, lo puedo rebajar al 80 %); se cambia la Constitución de Egipto para acomodarla a estos tiempos eludiendo esos impulsos dictatoriales de antaño; se da paso a cualquier partido político y se intenta eliminar la corrupción que es una gangrena social en ese país o veremos como esos valientes ciudadanos, se vuelven a enfrentar a la situación a pecho descubierto.

    Otro asunto que me incomoda: Me gustaría conocer el motivo por el que a esos dictadores, cuando se van, se les permite que se lleven todo el dinero que han robado a sus ciudadanos y no se les exige que devuelvan todo lo amasado durante todos esos años de ignominia. Cuestión que, al parecer, se la trae al pairo a las naciones del mundo. 😦

  2. Yo tampoco estoy seguro de que la sangre no llegue al Nilo. En cuanto a lo de enfrentarse, algunos se niegan a abandonar la plaza hasta no tener más seguridades.
    Parece ser que las cuentas de Mubarak en Suiza están congeladas. No sé si ocurrirá lo mismo con las que tiene en otros paraísos fiscales. ¡Se habla de miles de millones de euros!

  3. Concretamente de 75 mil millones de euros. Cantidad asombrosa producto de un latrocinio de 30 años y que si hubiera revertido en la población egipcia, posiblemente en lugar de ser denostado, estaría aclamado.

    Por supuesto, no creo que lo tenga todo en el mismo saco (Suiza) y por eso, tampoco creo que se recupere ni la décima parte.

    Pregunta filosófica: ¿Cómo es posible que a esa edad (82 años) y enfermo de cáncer, se pueda ser tan codicioso? ¿Es que, como los antiguos faraones, cree que se lo va a llevar al otro mundo cuando muera? ¿O es que la codicia es como la sed ya que si bebes agua salada, siempre quieres beber más?

    ¡Qué miserable se puede llegar a ser!

  4. Porque no conozco, Jomer, a nadie que haya dicho: “Ya tengo bastante y no quiero más”. Nunca en todos los libros que he leído

  5. No sé dónde lo leí, pero una frase decía: “Ni todo el oro, ni todas las mujeres del mundo son suficientes para un solo hombre”.

  6. Pues sí.

  7. No sé cómo aparecí por aquí hace unos días. Desde mi aterrizaje he absorbido, más que leído casi todas las entradas. Es un raro placer encontrar personas que utilizan la cabeza para pensar. ¡Enhorabuena por el blog y muchas gracias por compartir su ciencia!.
    Respecto al tema concreto que nos ocupa, no tengo nada claro que la salida del sátrapa y la posibilidad de un nuevo régimen democrático vaya a dar más estabilidad a Egipto. Cuando la población espera mucho se corre el riesgo de que si no se ataca el problema, (la miseria), la frustración de las masas arrase con todo.
    La situación económica global, la subida de precios de los alimentos, la decadencia de sus yacimientos petrolíferos y la falta de turismo, creo que no pintan un panorama halagüeño. La corrupción, que es algo que en estos países esta ya casi incorporado al código genético tampoco, ayuda y no creo que porque la cúspide del sistema desparezca, desaparece la “filosofía”.
    Espero equivocarme. ¡¡Insallah!!

  8. Creo, Unsuio, que todas esas incógnitas las despejará el futuro. Recuerdo que en la transición española se decía que España no estaba preparada para la democracia. Bueno, pues lo estuvo. En este caso hay que poner confianza en el pueblo egipcio para que puedan afrontar los retos tan duros que tienen. Sobrevirán. Egipto lo ha hecho siempre desde la época de Menes.


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