Posteado por: fernando2008 | 11 febrero 2011

En la plaza Tahrir .

Llevo toda la noche pegado al televisor. Hace unas horas, con esperanza. Hasta el director de la CIA, al que supongo bien informado, pensaba que Mubarak se iba. Después del discurso del “rais” con temor. Mucho temor. Es inconcebible como ese hombre se aferra al poder. Esto debe ser lo que se llama “servir al pueblo”. Pero en este caso, Mubarak va a servir al pueblo bien asado y con abundante guarnición de escombros y sangre. Y es inconcebible como ese “padre” benévolo de la juventud egipcia por ostentar seis meses más el poder, está dispuesto a sumir a su “amado” país en un baño de sangre. Porque el baño posiblemente se dará. A menos que el ejército, un ejército que hasta el momento ha permanecido neutral y bastante cercano al pueblo, lo impida. Como dato esperanzador hay que considerar que el ejército egipcio es una filial del ejército norteamericano y ninguna filial quiere separarse demasiado de la casa central.

Decía hace poco que Egipto arde. Mubarak imprudentemente, o con un gesto bien meditado para provocar de una vez el estallido, ha echado gasolina al fuego. Y esta situación estallará en menos de veinticuatro horas. Tras el discurso, se oían los llantos en la plaza de Tahir. Pero poco a poco, los llantos eran sustituidos por la rabia. Dicen que en Heliópolis comenzó la historia de Egipto. No me gustaría estar en Heliópolis mañana. Sólo pido a Autum que el ave-fénix vuelva a renacer en Heliópolis de sus cenizas.

En época de César, la esfinge de Guiza tenía la cara completa y parecía que sonreía. Cuando Julio preguntó a un acompañante por qué sonreía la esfinge éste contestó que nadie lo sabía. César le contestó que se reía de los hombres, de sus pequeñeces, de sus nimiedades. Por la pequeñez de un hombre que lleva treinta años aferrado al poder y quiere seguir otros seis meses más, Egipto puede, una vez más, recibir la plaga de la guerra. Y no una guerra cualquiera, sino la más terrible de todas las guerras: la guerra civil.

Todas las cosas temen al tiempo, pero el tiempo sólo teme a las pirámides”. Esta vez el tiempo se ha acabado. Hasta para las pirámides.

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Responses

  1. A miles de kilómetros de distancia, muchos en México hemos seguido de cerca los acontecimientos. Es extraño que deba darle seguimeinto desde la transimisión en línea de Al-Jazeera, que en este momento muestra una Plaza pletórica y feliz. Mis mejores deseos para el pueblo egipcio.

    Como pregunta un presentador hace un instante: What happens next?

  2. Y no sabes cuanto me alegro de que al final me haya equivocado en mis pesimistas predicciones y no haya habido un baño de sangre. Ahora, el pueblo egipcio se ha convertido en mayor de edad y no necesita un “padre” como ese.


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