Posteado por: fernando2008 | 8 febrero 2011

Mircea Eliade. Historia de las creencias y de las ideas religiosas. Tomo I.

Todos mis lectores conocen mi interés por la religión. He estudiado, estudio y estudiaré el tema para formarme mi personalísima opinión porque pienso, como Plutarco, que quizás Dios prefiera a los ateos antes que a algunos creyentes que hablan de Él con demasiada familiaridad. Y uno de los autores que más me está ayudando es Mircea Eliade.

Eliade ha escrito, entre otras, una monumental obra sobre las religiones. Coincide con otro gran autor Walter Otto, reseñado en esta bitácora, que “hasta el último de los genios de la vegetación de cualquier religión, tiene un antecedente y una posterior proyección”. Se puede rastrear muchas de las ideas de las religiones actuales en las creencias antiguas. Yo lo he hecho, subrayando las ideas antiguas que coinciden con el cristianismo y, creedme, que cada vez encuentro menos cosas en las que esta religión sea original.

El meollo, a mi juicio, de la religión se podría expresar así: el hombre, todos los hombres, nacen con la idea de la verdad, de la belleza, de la música, de la poesía. Y sin embargo no le damos corporeidad, o mejor divinidad a esas ideas. No pensamos, como Platón, que la Belleza, la Verdad, la Poesía están “en un lugar del cielo”. Pensamos que están dentro de nosotros. Y eso, que funciona razonablemente para todas las ideas, no funciona para la idea de Dios. La idea de la Belleza está en nuestro interior; la idea de Dios, nos ha sido puesta en nosotros por el propio Dios.

En su primera página establece que “lo sagrado” es un elemento de la estructura de la conciencia, no un estadio de la historia de esa conciencia. Es decir, que en los niveles más arcaicos de la cultura, el vivir del ser humano es ya de por sí un acto religioso. En el primer capítulo nos habla Eliade que el hombre adquiere la postura erguida, postura que sólo se puede mantener en estado de vigilia, superando al primate, crea herramientas y domestica el fuego, gran productor de ensoñaciones. Las largas noches de la era glaciar al amor de la lumbre les harán fantasear. No podemos precisar el sentido de la religión prehistórica, pero podemos suponer que existe una relación mística cazador-presa. Es el nagualismo; el hombre puede transformarse en animal y viceversa. Las sepulturas nos hablan de la creencia en el Más-Allá. Eliade aventura una cosmogonía prehistórica de aguas primordiales de las que baja el Creador. También se producen ascensiones, siendo el arco iris el puente entre ambos mundos. La mujer se identifica con la luna y el agua, por lo que el astro y el elemento sean considerados símbolos de la fertilidad.

En el Neolítico se producen la domesticación de los animales, víctimas en las ofrendas a los dioses, y la agricultura. Las plantas son sagradas y su estudio dará como consecuencia el mito de la resurrección. La semilla debe morir para renacer.

La Edad de los Metales aportará a las ideas religiosas  la sacralidad celeste. El mejor metal, el hierro, cae del cielo. Pero también la tierra produce metales, al mismo tiempo que vegetales, apareciendo la sacralidad telúrica. La metalurgia tendrá un nexo muy fuerte con la magia.

En las religiones mesopotámicas aparecen las leyendas del Diluvio Universal, la bajada a los infiernos, la sacralidad de los soberanos, los cuerpos sacerdotales y la idea del “dios ocioso”. Un dios bueno no puede dejar que el mal campe por el mundo. Pero hay dioses, los más poderosos, que se desentienden del mundo, dejando la creación en manos de dioses de segunda categoría que pelean entre sí. Esto dará la idea de la futilidad del esfuerzo humano y la desesperación. En el segundo milenio antes de Cristo, una crisis espiritual se extiende por Egipto, Israel, India, Irán, Grecia y por supuesto por Mesopotamia, de donde procede esta idea. Egipto la salvará mediante la búsqueda de la inmortalidad, primero concedida a Osiris, luego al faraón y, por último a todos los hombres. Akhenatón creará una originalísima idea monoteísta que, aunque es sofocada rápidamente, tendrá mucha influencia en la religión hebrea. El mundo religioso cananeo influirá también en la religión de Israel, menos monolítica de lo que creemos y con múltiples aportaciones de sus vecinos. Yahvé tendrá muchos rasgos del dios cananeo El, y lo que le distingue de éste es que Yahvé, sin haber sido previamente invocado, se aparece a Abraham, le plantea una serie de exigencias y le hace unas promesas prodigiosas. Si bien Yahvé se define al principio en el Éxodo como “un dios de compasión y gracia” pronto se transformará y exigirá una obediencia absoluta, como un sátrapa oriental y una perfección y pureza también absoluta.

En la India, los dioses indoeuropeos están evolucionando. Dyaus, fijaos en el nombre, será un dios ocioso, que será identificado con el cielo. Posteriormente aparecerá Varuna como dios supremo, vencido por Indra. De Indra saldrán Mitra y Arimán. Entre los dioses védicos aparecerá Purusa, una reveladora divinidad que es al mismo tiempo víctima sacrificial y divinidad del sacrificio.

Pasamos a Grecia con sus generaciones de dioses. Se suceden los Uránidas y los Crónidas. Aparece Zeus, el Niño Divino, hijo y amante de la Gran Diosa, todopoderoso pero sometido al destino o Moira, y a la justicia o Diké. Se produce la contradicción Apolo-Dionisos, dos caras de la misma moneda y, de las divinidades telúricas, Perséfone y Deméter surgirán los misterios de Elipsis.

Mientras, en Irán, surge la figura de Zaratustra. En la religión irania aparecerá la lucha eterna del Bien contra el Mal, como en otras religiones, pero con unas características novedosas:

1ª La elaboración de una escatología optimista, en la que se proclama el triunfo del Bien y la salvación universal.

2ª La doctrina de la resurrección universal al final de los tiempos.

3ª El mito de el Salvador.

4ª La revelación de Ahura Mazda: el hombre es libre para elegir el bien o el mal.

5ª El fuego identificado con el Espíritu Santo (Spenta Mainyu).

Y entramos ya en el capítulo catorce, en el que se estudia la religión de Israel en la época de la monarquía davídica. Salomón erige el Templo al lado de su palacio, identificando religión y estado. El Arca de la Alianza deja de acompañar a los ejércitos y se asienta definitivamente en el Santo de los Santos. El rey es proclamado “sacerdote según el rito de Melquisedec”. Pero el Tempo se edifica según planos extranjeros y se produce un sincretismo entre los israelitas y los cananeos, sincretismo que será castigado con la división del reino.

En esta época se producirá un curiosísimo intento de explicar el mal en el mundo. Es el libro de Job. Para Job, todo depende de Dios, y es imposible juzgar sus actos. Todo lo malo es querido por Él, pero, a los hombres les es imposible desentrañar el misterio del mal. Y en este libro aparecerá la figura de Satán. Satán significa “el que se opone”, el fiscal que acusa, y por lo que podemos leer en esta su primera aparición, es uno de los siervos de Yahvé, que habla con Él, tiene muy buenas relaciones con Dios y se encuentra muy a gusto en el cielo. Después se desarrollaría la leyenda del “demonio”, que por cierto es una palabra griega.

Las sucesivas catástrofes de Judá e Israel serán vistas por los profetas no como el devenir lógico de un pequeño reino encajonado entre grandes imperios: el egipcio, el asirio, el babilónico, el persa, el griego, sino como la intervención de Yahvé en la historia. En realidad, los profetas no pretendían más que la transformación del hombre, y la pretendían con las únicas armas que tenían en su mano: la cólera divina que castigaba de manera inmisericorde a los pecadores. Los acontecimientos históricos tendrán valor en sí mismos, ya que vienen determinados por la voluntad de Yahvé. Los hechos históricos se convierten en situaciones del hombre ante Yahvé y adquieren un valor que antes no tenían. Los hebreos serán los primeros en ver la historia como epifanía (manifestación) de Dios, y esta concepción será asumida y ampliada por los cristianos.

El último capítulo del libro trata del dios Dioniso (sic). No se debe confundir el teónimo con el onomástico Dionisio. Todas las religiones apuntaban ya a la figura del Niño Divino, a la renovación espiritual, a la vida eterna. El dios “nacido dos veces” muere, baja  a los infiernos y resucita. Es un dios contradictorio, Lo que nos indica que también los griegos intentan, sin éxito, explicar la divinidad, terminando por creer que la explicación divina está más allá de la capacidad humana. Por eso los griegos negarán la inmortalidad, estableciendo una distancia infinita entre el dios y el hombre.

Debo terminar. Me gustaría a mí también colmar la distancia infinita que hay entre el libro de Mircea Eliade y esta pobre reseña, pero no puedo. Por eso os aconsejo ir a las fuentes, leer el libro. No os defraudará.

Yo, mientras tanto, comenzaré el tomo segundo.

 

 

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Responses

  1. Gracias Maestro. Otra referencia para añadir a la biblioteca. 😀

  2. De nada, Jomer. Pero recuerda que son cuatro tomos.

  3. Magnífica reseña, magífico tema.

    Mi primer acercamiento con todo esto fue, hace muchos años, con la “Fenomenología de la religión” de Van der Leeuw. Es apasionante y no dudo que el libro de Eliade sea magnífico.

    Saludos.

    P.D. Podrías ampliar un poco la referencia a la religión cananea? Me ha intrigado.

  4. Me temo Edgar que no estoy de acuerdo contigo. La reseña es mala porque he tenido que resumir en poco menos que tres páginas de Word cien folios manuscritos de las notas que he tomado. Es un libro magnífico y muy denso. Te haré una ampliación de la religión cananea, lo prometo.

  5. Pues ahora soy yo el que está en desacuerdo contigo, Fernando: me parece que consigues cabalmente que a uno de entren ganas de leer esta obra. Y te lo digo sinceramente, porque ya conseguí los primeros tres tomos en versión electrónica (escaneados, lamentablemente).

    Por otra parte, espero tengas la oportunidad de hablar de la religión cananea, entre tantas lecturas y escrituras que debes tener entre manos. He estado leyendo un poco sobre ello, desde ayer, para no llegar en blanco a la clase.

  6. Edgar ¿Estás haciendo un curso de religión cananea? Eres demasiado amable. No he podido plasmar en ese comentario los cien folios de apuntes que he tomado de ese libro.

  7. Como siempre me gusta tu comentario, pero creo que lo aparcaré por ahora y leere (lo compre y está pendiente) la Rama dorada de Frazer creo que sintetiza lo que comentas sobre el sincretismo religioso y no es un “tocho” que te repela como la obra de Mircea, ¿Que opinas de los mitos griegos de Graves, yo aprendi en el cosas como el concepto de el Pharmacos (victima propiciatoria) y tambien como tu comentas la interrelación entre magia y religión el poder del conocimiento y la tecnologia (a los herreros se les quebraba una pierna) para no transmitir sus “magia-tecnologia” a otras tribus.

  8. Me encanta Graves y te recomiendo una novela suya “Rey Jesús” donde estudia los mitos judíos. Y desde luego me fascina Eliade. La rama dorada la he comprado, pero de momento está aparcada. Con respecto a lo otro hay una frase que dice: “Una tecnología lo suficientemente avanzada puede confundirse con la magia”. Seguiremos en contacto.

  9. Me lo acabo de bajar (Rey Jesus) en Pdf. Tiene buena pinta, me gusta ahora al leerlo Gracias conocía el titulo pero no se me había ocurrido.

  10. Seguro que te gusta. Además, no tiene el problema de la veracidad, porque todo lo que hace referencia a Jesús es una novela


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