Posteado por: fernando2008 | 1 febrero 2011

Fred Vargas. La tercera virgen.

Siempre que comienzo a leer una novela de Fred Vargas, pienso lo mismo: no puede funcionar. Los personajes son inverosímiles, la trama al principio parece una sucesión de historias absurdas y los lazos de unión entre una historia y otra son dignos del folletín más delirante.

¡Y  sin embargo funciona! Fred Vargas es una autora con una imaginación tremenda, pero que sabe conducir su novela según las reglas más exigentes de la creación artística. Tienen presentación, nudo y su desenlace es impecable. Todos los cabos quedan atados.

Repasemos esta novela que es la mejor de todas las que he leído de esta autora. El comisario Adamsberg se encuentra metido en la siguiente vorágine: hay un fantasma en su casa, el fantasma de Clarisa, que asesinaba a quienes iban a su casa atraídos por la promesa que les hacía de asegurarles la entrada en el paraíso. Clarisa, a su vez, fue asesinada a puñetazos y su fantasma vaga por el desván de la casa del comisario. Además, una vieja enfermera, que ha asesinado a muchos de sus pacientes, anda matando a vírgenes, destrozando el corazón de ciervos y castrando a gatos. Además, profana las tumbas de las vírgenes que ha matado unos tres meses después de sus entierros. Pero, aunque abre las tumbas, aparentemente no toca nada. Se sabe que es ella, aparte de por su figura como una sombra, porque se da betún azul en la suela de sus zapatos. Hay además un policía recién llegado que sufrió una salvaje agresión cuando era niño, por parte uno chicos vecinos del mismo pueblo de Bearne del que es natural el comisario. Este policía, al que llaman “El Nuevo” se pasa el día recitando versos de Racine, y todos piensan que ha venido a la brigada de Adamsberg para vengarse. Hay en esa brigada una teniente, Violette Retrancourt, más que fuerte diremos que gorda, que desaparece y es encontrada en coma gracias a los buenos oficios del gato de la Policía. Y hay reliquias, huesos del hocico del cerdo,  hueso del corazón del ciervo y del pene del gato. Hay, por último, una receta para conseguir la vida eterna.

Increíble ¿verdad? Pues no. De todo este entramado de personajes y situaciones onírica, Adamsberg va sacando conclusiones, lleva la investigación con una agudeza que para sí la quisiera Sherlock Holmes y llega al final feliz. Ni un solo cabo queda por atar. Ni siquiera el de un médico forense que tenía “vapores”.

Como diría Joaquín Sabina, esta reseña “calla más que lo que dice, pero dice la verdad”. Por eso es  tan corta. No puedo contaros más cosas porque entonces os privaría del placer de las sorpresas que se van encontrando a lo largo de la lectura. Es un placer que yo he sentido en grado sumo.

Por eso, os recomiendo encarecidamente esta novela. No quedaréis defraudados. Palabra.

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Responses

  1. Muchas gracias por la recomendación, tiene buena pinta.

  2. Por cierto,¿ Lo de hueso del corazón del ciervo? Qué raro, ¿no?El corazón, ¿no quedamos que era un músculo? Explícate.

  3. Desde luego que sí. Te lo garantizo.

  4. Pues resulta que hay huesos en los sitios más raros. En el corazón del ciervo, en el hocico del cerdo y en el pene del gato. ¿Lo sabías? No sé si es verdad. Es lo que dice la novela


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