Posteado por: fernando2008 | 18 enero 2011

Morris West. Las sandalias del Pescador. Los bufones de Dios. Lázaro.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando todavía no hacía fichas a los libros que leía, me metí una noche en la cama con dos libros “Las sandalias del Pescador” y “El abogado del diablo”. Cuando las terminé, la luz del día entraba por la ventana. Siempre recordaré con emoción esa noche.

Morris West, era un magnífico escritor. Algunos dicen que fue el mejor escritor australiano. No lo sé. Desde luego, si lo comparamos con Colleen McCullough la cosa está muy reñida. Dejémoslo, pues, en un buen escritor.

Las sandalias del Pescador” me impresionó. Desde luego, la novela me gustó más que la película, como suele sucederme. Es lógico. Un escritor tiene mucha más facilidad para crear que un cineasta. Me impresionó la figura de Kiril Lacota, “el papa de las estepas”, aunque no comparta la idea de novela profética. Es cierto que Karol Wojtyla vino quince años después, pero la idea de la hambruna china y el peligro de la guerra es una fabulación tendenciosa: China emerge como economía y los que provocaron realmente la Guerra Fría eran los norteamericanos, no lo chinos. También me impresionó la figura del padre David Telemond, al que he identificado, con todas las salvedades de rigor, con Pierre Teilhard de Chardin.

Leí la novela, me gustó, y la cosa quedó así. Hoy, gracias a la maravilla del iPad, he podido completar la lectura de la trilogía. Ya tengo el panorama completo. Y a mi juicio, el panorama completo le salió a Morris West bastante menos inspirado que la primera novela.

Los bufones de Dios” narra la historia de Gregorio XVII, un papa “bueno” que, de repente, recibe una revelación particular sobre el inminente fin del mundo. Sus “hermanos en Cristo”, el colegio cardenalicio, le obligan a abdicar, cosa que él hace con resignación cristiana. “Si nuestro pontífice está loco, mejor librémonos de él. Si es un santo, de ninguna manera lo perderemos”. La explicación no puede estar más ceñida al contexto.  Ingresa en Montecassino, medita y decide dar a conocer la mala nueva al mundo. En realidad, el mundo ya la conoce, porque en la Unión Soviética llevan dos años de malas cosechas y, cuando pase el invierno, el ejército soviético se pondrá en marcha para apoderarse de la comida y las fuentes de energía que necesita y que el malvado Occidente se niega a venderle. Como veis, la idea de que Rusia o China cuando necesiten algo lo cogerán “manu militari” es una constante no sólo en las obras de West sino, por ejemplo y salvando las distancias, en la de Tom Clancy. Afortunadamente, esa idea se ha revelado como falsa.

El ex-papa continúa con su predicación. Todo el mundo sabe que lo que dice es cierto, pero nadie le hace caso. Ningún político querrá ser tachado de sembrador del pánico. Para complicar más las cosas, Gregorio XVII sufrirá un ataque cerebral cuando está hablando en un importante club inglés. Se convertirá en un “bufón de Dios” apelativo poco cristiano con el que un ministro francés llama a los niños con minusvalía psíquica. El pobre Jean Marie Barette, antes Gregorio XVII, se encuentra con que debe proclamar un mensaje que nadie cree y en unas condiciones de minusvalía. Dios parece burlarse de él. Sólo le queda un apoyo: un enfermero llamado Maran Atha, el cual lo ayuda y lo lleva a un refugio de los Alpes. Allí se dará cuenta de que Cristo no lo ha abandonado, ya que Atha es el mismísimo Cristo. También se da cuenta de “que la Ultima Venida y el Juicio Final mismo serán actos de amor. Si no lo fueran significaría que somos los habitantes de un mundo caótico creado por un espíritu demente, y en ese caso, mientras más pronto nos liberemos de él y regresemos a la nada, mejor. El holocausto nuclear nunca llega a producirse.

Lázaro” es tercera novela, con la que acaba la trilogía. El sucesor de Gregorio XVII es León XIV, un papa que ha aplastado con mano de hierro todos los conflictos surgidos en la Iglesia. Pero, un  momento de su vida, tiene que enfrentarse a una operación de corazón. La operación, realizada por un médico judío, es un éxito. El papa, como Lázaro, vuelve a la vida. Pero León siente que algo ha cambiado en su interior. “Ha intentado reformar la Iglesia. Pero sólo ha conseguido crear un desierto. No ve modo de devolver la fecundidad a la tierra. Tiene pocos confidentes, carece de apoyos emocionales, y su vida espiritual se basa por completo en la ortopraxis… la conducta recta, de acuerdo con sus limitadas luces. No se arriesgará más allá de ese límite, y tampoco la razón le ayudará a sobrepasarlo. De modo que se siente desesperadamente solo, y tiene miedo”. Para hacer caso a su conciencia, a su nueva visión tendrá primero que deshacerse de los colaboradores que él mismo ha nombrado y que piensan lo mismo que pensaba él antes de su enfermedad. Además, para complicar más las cosas, hay una organización extremista “La espada del Islam” que está intentando matarlo. León se niega a tomar precauciones, sigue adelante con su reforma y es abatido de un tiro bajo el baldaquino del altar mayor de San Pedro.

Aparte de la indudable calidad literaria, West, católico fervoroso (llegó a hacer votos por un año en un monasterio) pero clarividente, realiza una especie de diálogo entre la realidad y lo que le dicta su razón. Ve los problemas que ha tenido, tiene y tendrá la Iglesia católica, y apunta sus soluciones. Ni que decir tiene que las soluciones expuestas por West con la mejor intención, son ignoradas por el Vaticano.

Para terminar, voy a transcribiros una muestra de este diálogo. El primer párrafo es lo que nos dice la Historia; el segundo, lo que nos dice Morris West.

Pío V «Quien reina en los cielos, aquel que ejerce todo el poder en el cielo y sobre la tierra, entregó la única y sagrada Iglesia Católica y Apostólica, fuera de la cual no hay salvación, de modo que fuese gobernada, en la plenitud de la autoridad, a un solo hombre, es decir, a Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, y a su sucesor, el Pontífice Romano. Designó a este único gobernante como príncipe sobre todas las naciones y los reinos, con el fin de que arrancase, destruyese, dispersara, disipara, afirmase y construyese…».

“Pero hemos perdido a la gente, la hemos perdido, en un fútil intento de restablecer el concepto medieval de la monarquía papal, de apuntalar esa extraña autoridad global, el magisterium. Resuena la gran campana, pero la gente no oye. No quieren truenos. Desean oír la voz redentora que dice “Venid a mí, todos los que trabajáis y soportáis un pesado agobio, y yo os reanimaré”…»(…) «No habrá esperanza de reforma en la Iglesia Católica Romana, no habrá restablecimiento de la confianza entre los fieles y la jerarquía a menos y hasta que un Pontífice reinante esté dispuesto a reconocer y abjurar de los errores de sus predecesores…»

Que cada uno elija el párrafo que más le guste.

Anuncios

Responses

  1. Magnífico escritor y magnífica referencia, Maestro.

    Lo que ocurre es que esa Iglesia que describe no es la que Jesucristo predicó (si es que existió realmente) sino una creada a imagen y semejanza de los que han estado acogotando a las personas desde hace algunos siglos para mantenerse en el poder.

    Por eso les deseo para ellos ese infierno que ahora dicen que existe.

    😦

  2. Efectivamente, Jomer. Alguien escribió una vez que estaban esperando la llegada del reino de Dios, y en cambio llegó la Iglesia.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: