Posteado por: fernando2008 | 19 diciembre 2010

Eliette Abecassis: Qunram. El oro del templo. La última tribu.

Fijaos, por favor, en la foto que encabeza la entrada. Es impresionante. En un entorno así, al hombre no le queda más remedio que hacerse místico.

Todos conocéis el interés que tengo por la religión. Por eso, cuando cayó en mis manos esta trilogía, me puse inmediatamente a leerla. Desgraciadamente, el primer libro me gustó mucho, el segundo poco, y el tercero nada. Eliette Abecassis sabe crear buenas expectativas en su primer libro, expectativas que no se cumplen al final de la trilogía. Es decir, sabe como empezar, pero no como terminar. Igual que cierto autor español muy de moda.

Antes de seguir, debo aclarar algo que los lectores poco avispados suelen olvidar: es una novela. Ya he contado en otra entrada como “El código da Vinci” ha modificado las ideas que algunos tienen de la iconografía cristiana. Aviso pues que aquí no se hace un estudio de los manuscritos del Mar Muerto, ni siquiera de la conspiración para no publicarlos. Eliette Abécassis es judía, sefardí por cierto, y manifiesta en su trilogía el punto de vista judío. Sin embargo, como buena conocedora del tema, no deja de revelar datos que contradicen la versión canónica cristiana: Nazaret no fue conocida en el Antiguo Testamento, la cruz de Cristo tenía dos palos en vez de uno, y ciertos magos de Oriente fueron  a adorar a Nerón como hijo de la luz. También deja claro que los nazarenos son un grupo especial de fieles, no los habitantes de una ciudad. Por último, transcribe el evangelio de S. Juan de una forma que demuestra que Cristo es esenio.

Sobre estas cosas se han escrito cientos de páginas, entre otras las mías. La Biblia es el libro más vendido, pero al mismo tiempo más falsificado. Como botón de muestra quiero presentaros el mismo pasaje de Jeremías 7,18. El primer párrafo se puede leer en la Biblia actual y el segundo en los manuscritos del Mar Muerto:

18 “Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira”.

18 “Los hijos recogen leña, los padres prenden fuego, las mujeres amasan para hacer tortas al ejército y se liba en honor a otros dioses para exasperarme

Como veis, se cambia la connivencia con el ejército por la adoración a la “reina del cielo”. Evidentemente no se referían a María. Isis, Hera y Juno, recibían este título. Supongo que a los cristianos de después de Constantino, aquellos que llevaban la cruz en las insignias militares se les hacía cuesta arriba leer este pasaje. Y lo cambiaron tranquilamente.

Pero no quiero cansaros una vez más, con variaciones sobre el mismo tema. Hablemos de la trilogía.

En Qunram, el primer libro, relata la historia de Ary, un chico judío que estudia las escrituras, va a buscar los manuscritos del Mar Muerto, los encuentra y le pasan mil cosas hasta que llega a una revelación interior que le manifiesta algo a lo que teme sobre todas las cosas: él es el Mesías. Su amor por una chica extranjera, Jane, es imposible.

En El oro del templo Ary, el Mesías de los esenios, tiene que salir de su retiro debido a que un arqueólogo ha muerto sacrificado sobre un altar, como si fuera una víctima del Antiguo Testamento. Este arqueólogo estaba estudiando el Manuscrito de cobre, donde están las indicaciones para encontrar el tesoro del Templo de Jerusalén. Ary y Jane nuevamente se ponen a investigar y su investigación los lleva a París, donde encuentran a los templarios, a Siria, donde están los descendientes del Viejo de la Montaña y a Masada. El tesoro del Templo fue escondido en esos sitios que dice el Manuscrito de Cobre, pero luego fue entregado a los Asesinos del Viejo de la Montaña y luego a los templarios. Un templario, Gran Maestre Secreto lo escondió en un lugar ignorado. Al final Ary oficiando como Mesías llega a un subterráneo debajo de la explanada del Templo y encuentra allí el Tesoro y entra en el Santo de los Santos.

La última tribu. El último libro de esta trilogía comienza cuando se encuentra el cadáver de un hombre que ha sido asesinado hace dos mil años y cuyo cuerpo se ha conservado gracias a la nieve del Himalaya. Junto al cadáver se encuentra un pergamino igual a los de Qumrán. Sri marcha a Japón porque el jefe de la seguridad israelí le dice que Jane está allí cumpliendo una misión de la CIA. Aprecia que hay enormes coincidencias entre el shintoismo  y el judaísmo.  Tras correr muchas aventuras, salva la vida nada menos que al emperador de Japón y éste le permite entrar en el más sagrado de los templos japoneses. Allí encuentra un espejo que en una parte tiene escritas las letras de la palabra “Yahvé” y en la otra refleja su cara. Ari pues es Yahvé, y los japoneses son las diez tribus perdidas de Israel.

Como podéis apreciar, Eliette Abecassis no ha ahorrado tópicos sobre el tema del judaísmo. Los ha incluido todos. Y eso es lo que, al final, termina estropeando la obra. Demasiados condimentos estropean el guiso. Si se hubiese limitado a un solo tópico, y la idea de Qunram da para muchas novelas, le hubiese salido mejor. Comenzó una novela y terminó escribiendo una cosmogonía. Para manejar tantos tópicos en una sola obra y salir con vida del intento hay que ser verdaderamente un genio.

Vamos, que hay que ser Umberto Eco.

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Responses

  1. Estoy muy interesado en estos temas y busco un link para bajarme qumran.


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